Hacen bien los socialistas al dar por hecho que Pablo Iglesias no va a restar ni un voto a su candidato Ángel Gabilondo, pero para eso no hacía falta esperar al reparto de escaños que nos ha ofrecido el señor Tezanos.

El líder de Podemos no ha dejado la vicepresidencia segunda del Gobierno para presentarse como cabeza de lista de Podemos por Madrid porque tuviera algún interés en medirse electoralmente en esta Comunidad, sino porque su partido, que lleva una trayectoria descendente continua, incluida Cataluña, donde En Comú Podem perdió nada menos que 140.000 votos, corría el riesgo de desaparecer en Madrid, el lugar en el que había nacido.

Y esa derrota habría significado el certificado de defunción de la formación morada. Por eso, para impedir la muerte de Podemos, es para lo que se presenta Pablo Iglesias. Y parece que lo va a conseguir, pero en unos términos tan modestos que le van a dejar personalmente ante la humillación de constatar en público su particular capacidad de influencia política entre lo que él creyó que serían sus entusiastas bases.

La batalla que Iglesias se propone dar en estas elecciones es, primero que nada, contra Íñigo Errejón y su representante en Más Madrid, Mónica García. Es ahí donde se van a medir las fuerzas de aquella ultraizquierda que se disponía a asaltar los cielos. Y, por los datos que publican los distintos institutos de opinión, no parece que el líder de Podemos vaya a salir bien parado de esa contienda particular dentro de la contienda general que son las elecciones.

Si ahora es dudoso que Ayuso consiga gobernar apoyada en sus solas fuerzas, no digamos lo lejos que estaría Gabilondo de conseguir algo así»

Gabilondo no pinta nada en esa batalla interna porque ni los votantes de Podemos ni tampoco los de Más Madrid van a dar el salto de apoyar a un señor que defiende un modo de hacer campaña y de gobernar que está a años luz de los modos políticos de Iglesias y algo más cerca, pero no suficientemente, de los objetivos de Errejón.

El problema de Gabilondo no es, pues, el del riesgo de perder votos por su izquierda porque ésos ya están perdidos hace mucho tiempo. El problema del candidato socialista es que, si tuviera alguna posibilidad de formar gobierno, eso pasaría por incorporar, le guste o no le guste, prometa ahora lo que prometa, a Pablo Iglesias como socio de la coalición.

Lo que desde luego no existe es la posibilidad de un gobierno del PSOE en solitario. Si ahora mismo es dudoso que Isabel Díaz Ayuso, que está previsto que llegue a duplicar sus escaños, pueda conseguir lo que se propone, que es justamente gobernar apoyada en sus solas fuerzas, no digamos lo lejos que estaría Ángel Gabilondo de conseguir algo así con unas previsiones que le sitúan nada menos que 14 puntos por debajo de la líder del PP. 

Por lo tanto, las promesas del socialista no se sostienen de ninguna de las maneras. Todo votante del PSOE debe tener muy presente que el candidato de ese partido solo podría gobernar si incluyera a Más Madrid y a Podemos en la coalición de ese hipotético gobierno.

En cuyo caso, asistiríamos a la segunda edición de las exigencias de carteras a cargo del líder de los morados, como ya hizo en aquella memorable presentación pública en el Congreso en 2016, cuando reclamó a un Pedro Sánchez -que estaba siendo recibido en esos momentos en audiencia por el Rey dentro de la ronda de consultas para la investidura- una vicepresidencia más los ministerios de Economía, Defensa, Educación, Justicia, Interior y el control de RTVE.

Un error tan descomunal y tan ridículo no volvería a repetirlo ahora. Pero no les quepa ninguna duda de que, si estuviera en condiciones de hacerlo, exigiría a Gabilondo la vicepresidencia y un puñado de consejerías con auténtico contenido, no como la mayor parte de las que les repartió a los morados Pedro Sánchez en el Gobierno de España.

Estuvo socarrón Íñigo Errejón cuando advirtió ayer que le parecía «un poco pronto» hablar de reparto de consejerías porque «primero hay que ganar las elecciones y en esto el orden es importante».

El sondeo del CIS ha llenado de entusiasmo a las bases de los partidos a la izquierda del PSOE y ha sido recibido por los propios socialistas sin la más mínima prevención. Pero lo que dice el señor Tezanos entre otras cosas es que Más Madrid mantendría los apoyos de las últimas elecciones y sus 20 escaños doblando en diputados a Podemos al que el ‘efecto Pablo Iglesias’ no le aportaría más que tres puntos, lo cual lo alejaría efectivamente de la desaparición, pero no le proporcionaría más que 10 magros asientos en la Asamblea.

De confirmarse esos datos, cosa que está por ver, las elecciones dejarían a Pablo Iglesias de segundón de Mónica García en el hipotético caso de que el PSOE tuviera opción a formar gobierno. Demasiado para ese cuerpo.

De todos modos hay que decir que se detecta excesiva alegría en ambos lados, izquierda y derecha, de esta contienda electoral. Para uno de los dos es inexorable pronosticar que más dura será su caída.