Opinión

Yolanda Díaz gana peso mientras Calviño pierde credibilidad

Yolanda Díaz interviene en el Congreso junto a Calviño y Ribera.

Yolanda Díaz interviene en el Congreso junto a Calviño y Ribera. EP

Yolanda Díaz fue la protagonista del último Consejo de Ministros, en el que se aprobó la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) y la prolongación de los ERTE hasta el próximo mes de marzo. La vicepresidenta, ministra de Trabajo y candidata a liderar una marca electoral, todavía por definir, a la izquierda del PSOE, ha asumido con desenvoltura su papel como alter ego de Pablo Iglesias en el gobierno de coalición.

En la rueda de prensa tras el Consejo, Díaz adoptó un tono trascendente. Repitió el mantra de la «recuperación justa» y sentenció: «Al contrario de lo que hizo el gobierno del PP, nosotros salimos de la crisis ganando derechos y subiendo salarios». Este alegato, recordemos, se refiere a una subida del SMI de ¡¡15 euros al mes!! Cuantía que el líder de la UGT, Pepe Álvarez, calificó como «una mierda».

No habían pasado ni veinticuatro horas de esa comparecencia cuando el INE hizo públicos los datos adelantados del IPC de septiembre, que muestran una subida del 4%, la mayor registrada desde 2008. Sólo ese bofetón de los precios se lleva por delante la subida del SMI. Lo que el gobierno da con una mano, la realidad económica se los lleva con la otra sin que los pobres asalariados hayan tenido tiempo de disfrutar su magro premio.

Ya la semana pasada el INE le amargó el cuadro macroeconómico a la ministra de Economía, al rebajar del 2,8% al 1,1% el crecimiento del segundo trimestre de este año. Calviño prevé que 2021 cierre con un crecimiento del 6,5%. Pero, a día de hoy, con ese resbalón del segundo trimestre, lo más probable es que la economía crezca como máximo un 5,5%.

La subida del IPC en septiembre, que tiene su origen fundamentalmente en los precios de la energía, también tiene su efecto negativo en el crecimiento y, por supuesto, afectará a las cuentas públicas, en la medida en que el gobierno va a tener que revisar al alza la revalorización de las pensiones y el sueldo de los funcionarios.

Calviño, que durante más de un año tuvo que hacer frente a las andanadas demagógicas de Pablo Iglesias, ahora no sólo se enfrenta a una enemiga mucho más sutil y trabajadora, sino a la inclemencia de los datos, que ponen en un brete su credibilidad como ministra de Economía.

El dato de inflación es una mala noticia para la ministra de Economía, cuyo cuadro macro es ya papel mojado. La ministra de Trabajo usa los presupuestos como palanca para ganarle todos los pulsos que le echa públicamente

Díaz ya ganó la batalla del SMI, cuya subida, aunque ridícula, será retroactiva; tiene muchas posibilidades de ganar la batalla de los alquileres y es más que probable que se salga con la suya en la implantación de un mínimo del 15% en el impuesto de sociedades.

Es verdad que la madre de todas las batallas en el terreno económico se producirá con la reforma laboral, en la que las posiciones de la titular de Trabajo y la de Economía se encuentran abiertamente enfrentadas. Pero para eso falta todavía algo de tiempo.

El poder de Díaz se demuestra en el hecho de que el gobierno no podrá cumplir su promesa de tener listos los presupuestos para la última semana de septiembre o la primera de octubre. En Moncloa se daba por hecho que la líder del bloque de UP en el consejo de ministros se conformaría con hacer algo de ruido para luego tragar con los números que ya tenía cocinados la titular de Hacienda María Jesús Montero. Pero no ha sido así.

La dirigente del PCE, que aprovechó la fiesta del centenario de su partido para anunciar su disposición a poner en marcha un «nuevo proyecto», sabe que la única forma de hacerlo factible es marcar un perfil propio, necesariamente diferenciado del que representa Pedro Sánchez y su equipo económico, encabezado por Calviño.

«Los presupuestos se cocinarán a fuego lento», advirtió Díaz cuando los periodistas le preguntaron si estaba próximo el acuerdo interno en el seno del gobierno.

A diferencia de Iglesias, Díaz no provoca un fuerte rechazo entre los electores que no comulgan con Podemos, y ha hecho del diálogo social su bandera. De ahí que aparezca como la política mejor valorada (es verdad que la fuente, el CIS de Tezanos, no es muy fiable), por encima incluso del presidente del Gobierno.

En Moncloa preocupa ese protagonismo de la ministra de Trabajo, aunque las fuentes descartan que UP se atreva a boicotear las cuentas públicas. Pero, también a diferencia de Iglesias, Díaz tiene una larga experiencia como líder sindical y sabe sacar el máximo de una negociación. Dará luz verde, pero antes se apuntará varios tantos.

Calviño, que ha sido el bastión de la credibilidad económica de Sánchez, pasa por horas bajas. Las salidas en su equipo evidencian un clima de tensión, ahora agudizado por el hecho de que los números le están dando la espalda de manera reiterada.

Los pulsos femeninos suelen ser descarnados y sin cuartel. El que enfrenta a Díaz y Calviño promete ofrecernos jugosos episodios. Por ahora, gana Díaz.

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