Hasta bien entrado septiembre, cuando afloraron descarnadamente las discrepancias con Díaz Ayuso por el Congreso de Madrid, Pablo Casado vivió unos meses plácidos.

Tras el triunfo en la Comunidad madrileña las encuestas comenzaron a girar de forma nítida a favor del PP. Se atisbaba un cambio de ciclo: el PSOE había alcanzado su techo, Unidas Podemos caía sin parar, Ciudadanos no se recuperaba de su desplome y tan sólo Vox parecía aguantar la ascensión de los populares.

Ese ascenso progresivo a nivel nacional se producía en paralelo a la consolidación de la tendencia al alza del PP en Andalucía y con una subida notable en la Comunidad de Valencia. En Génova se olía a victoria.

Pero en el otoño las cosas se torcieron. El acuerdo para la renovación del Tribunal Constitucional y el Tribunal de Cuentas quebró el discurso de Casado sobre la independencia judicial, principal argumento esgrimido para no renovar el CGPJ. Mientras tanto, la tensión subía de tono en Madrid. Isabel Díaz Ayuso reclamaba su derecho a presidir el partido en la Comunidad (ahora en manos de una gestora) y, al mismo tiempo, solicitaba a la dirección que el Congreso se celebrase cuanto antes, como una forma de relajar un ambiente muy enrarecido, sobre todo, tras la torpeza de Génova de meter en la pugna al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida.

La dirección del partido se mantuvo en sus trece: «El Congreso será cuando toque».

Pero, en lugar de bajar, la crispación fue en aumento. El éxito de Ayuso en El Hormiguero -doblando en audiencia a Casado- fue valorado por la dirección del partido como un gesto hostil. Pidieron silencio y, en lugar de eso, la presidenta de Madrid casi sale a hombros de Pablo Motos.

Las desgracias nunca vienen solas. Con el ambiente caldeado, Cayetana Álvarez de Toledo lanza un libro que es toda una enmienda a la totalidad a la manera de gestionar el partido. Con un protagonista de excepción: Teodoro García Egea. El malo de la película.

En estos momentos, la ex portavoz del Grupo Parlamentario tiene un expediente sobre su cabeza por haberse abstenido en el Congreso en la votación sobre los candidatos del TC. En el cuartel general de los populares unos piden no hacer sangre porque sería contraproducente («si se expulsa a Cayetana se le haría un favor»); otros piden que sobre ella recaiga todo el peso de los estatutos («no se la puede tratar de forma distinta que a cualquier militante», argumentan los duros).

Las dos mujeres, cada una a su manera, tienen fuerza y mucha repercusión mediática. Son, para el gran público, víctimas del aparato. El asunto ha pasado de ser una conversación entre iniciados a ser motivo de charla en la barra de los bares. La gente normal no entiende bien lo que pasa.

El líder del PP ha manifestado a la dirección del partido que no se va a mover respecto al Congreso de Madrid ni que tampoco hará ningún gesto de apoyo a Díaz Ayuso

En la última reunión de la junta directiva del PP alguien planteó que tal vez no sería mala idea dar un paso para pacificar la situación de Madrid. En fin, si Casado le daba su aval a Ayuso, el debate se desinflaría. Eso dijo algún dirigente, invitando al presidente del PP a pronunciarse. Casado tenía en la cabeza lo que había sucedido en la historia reciente del partido. Lo que ocurrió con Esperanza Aguirre, lo que le pasó a Cifuentes cuando aspiraba a ser una opción a Rajoy; las guerras fratricidas entre Cospedal y Santamaría… El presidente del PP dejó sentado que no iba a dar su brazo a torcer. El Congreso de Madrid, les dijo a los miembros de la dirección, será el último en celebrarse. Respecto a Ayuso advirtió: hay que dejar que los militantes decidan, porque puede haber otros candidatos.

Alguien mencionó el daño que estaban haciendo la bronca de Madrid en las encuestas. Claramente, el PP está sufriendo un desgaste innecesario, que se ha comprobado en los últimos sondeos (y no sólo en el del CIS). También se puso sobre la mesa el hecho de que algunos opinadores de peso en el electorado de centro derecha comenzaban a ser muy críticos con la gestión. Nada. Casado se mantuvo inamovible. Son tiempos de cerrar filas, cosa a la que se está dedicando con esmero García Egea, que bien se cuida de que en cada Congreso provincial sólo haya listas únicas: por cierto, las que tienen su visto bueno.

Hay quien opina en la planta noble de Génova que los periodistas son como veletas. Van para donde sopla el viento. Y ante ese panorama, nada halagüeño, lo que toca, según Casado, es aguantar: «Ya escampará».

Cuando todavía resonaban esas palabras en los oídos de los dirigentes populares, una grabación hecha subrepticiamente al vicepresidente del Gobierno de Andalucía, Juan Marín, añadió un nuevo motivo de preocupación. La operación dinamitó el posible respaldo del PSOE a los presupuestos andaluces y reafirmó la decisión de Vox de votar en contra. Marín, en conversación con Carlos Alsina, no se anduvo por las ramas y acusó a Fran Hervías (antiguo fontanero jefe de Ciudadanos, ahora brazo derecho de García Egea en el PP) de estar detrás de una jugarreta que tiene como fin provocar el adelanto electoral que quiere Génova y al que se resiste Moreno Bonilla.

Atacar a Hervías es atacar a García Egea, sentencian en Génova. Por tanto, el presidente de la Junta debería haber salido en defensa del partido. Pues no. No contento con eludir el debate sobre el autor intelectual de la filtración, Moreno Bonilla ha invitado a Marín al Congreso del PP de Andalucía, que se celebra este fin de semana en Granada. «¡Humillación!», claman en el aparato.

En fin, Díaz Ayuso acudirá al Congreso del PP de Andalucía este viernes, tras intervenir en un acto (con el que suscribe) en la Fundación Caja Sol en Sevilla. Esperemos que a su llegada al cónclave no le griten «presidenta, presidenta», porque si no a alguien le va a dar algo.