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Los dardos del libro de Cayetana al PP de Teodoro García Egea: de los "barones blandos" a los 'espías' de Génova

Cayetana Álvarez de Toledo posa en la calle tras una entrevista sobre la manifestación de los indultos

Cayetana Álvarez de Toledo posa en la calle tras una entrevista sobre la manifestación de los indultos Ignacio Encabo

«No recuerdo la última vez que me puse de rodillas». Según su autora, Políticamente indeseable es un «alegato contra la resignación» de más de 500 páginas, un repaso desordenado y, al mismo tiempo, escrupulosamente estructurado sobre los convulsos acontecimientos de los que Cayetana Álvarez de Toledo ha sido protagonista directa o indirectamente en sus últimos años en política. El libro, que sale a la venta este 18 de noviembre, es un compendio de reflexiones, anécdotas, confesiones y secretos sobre parte de la vida interna del Partido Popular de la que ha sido testigo. La pluma de la ‘indómita’ ex portavoz señala a muchos nombres, cuyas luces y sombras exhibe sin cortapisas en sus páginas. Pero dos son los dirigentes que dan forma al relato-denuncia de Cayetana Álvarez de Toledo: Pablo Casado y, con más nitidez, Teodoro García Egea.

La diputada por Barcelona se reconoce a sí misma como una persona «arrogante»; «antipática» e, incluso, «insoportable», pero eleva en todo momento el concepto de la libertad individual, también en política, a su máximo exponente. Relata, por ejemplo, que fue el ya ex alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, uno de los primeros dirigentes en advertir a la dirección del partido que Cayetana Álvarez de Toledo iba «por libre», «una de las imputaciones que me clavarían una y otra vez, primero los enemigos internos de Pablo; luego el entorno de Pablo y luego el propio Pablo». A lo largo de cientos de páginas, la diputada retuerce la daga que hace meses clavó en el costado de Génova, y lo hace en un momento especialmente complicado para el PP, que comienza a desangrarse por la crisis interna que enfrenta a la dirección nacional con Isabel Díaz Ayuso.

La todavía dirigente popular carga contra los demonios de Pablo Casado que vincula al «miedo» la «inseguridad» o la facilidad para dejarse influir por su entorno a la hora de tomar decisiones -como fue el caso de su propio nombramiento, primero como número 1 por Barcelona y después como portavoz parlamentaria-; pero sobre todo contra el mando «déspota» que a su juicio ejerce el número dos del partido y su «obsesión» por reducir su papel, dice, al de «un bonito florero» dentro del PP. «Ansían el poder. Buscan el poder. Y a menudo acaban ejerciendo el poder».

Pero pese a su ácida crítica hacia el régimen «teodocrático» que, a su juicio, ha ‘envenenado’ al PP, Cayetana advierte que no se irá. A no ser, claro, que el partido tome cartas en el asunto sobre una insubordinación que supone un disparo a bocajarro a los estatutos populares, en los que se prevé incluso la suspensión de la afiliación por supuestos como una «manifiesta deslealtad al partido» o por «inducir corrientes de opinión contrarias a los intereses» del PP. El Grupo Popular en el Congreso ya estudia la apertura de expediente, pero sólo por la ruptura de la disciplina de voto. La dirección de Génova descarta acciones, al menos de momento. ¿El motivo? No ayudar a la dirigente a engordar sus «mentiras» y, por ende, a «vender libros».

Pero Cayetana Álvarez de Toledo no sólo dirige sus dardos al partido en el que aún milita. En Políticamente indeseable la dirigente no deja títere con cabeza, desde Donald Trump hasta Antonio Garamendi, pasando por José Luis Rodríguez Zapatero o Alfredo Pérez Rubalcaba, al que acusa de ser «protagonista» de la «utilización partidista de una masacre terrorista», así como «el más eficaz intérprete de la estrategia de demonización del PP». Tampoco escatima en críticas hacia los medios de comunicación, a los que señala sin pudor en su obra, con especial membrete a las «filtraciones» a la prensa o a cadenas a las que acusa de «sectarismo», entre las que nombra a La Sexta. «¿Equidistante? Sin duda. Entre el nacionalismo y el populismo», lanza. En suma, a continuación se desmenuzan algunas de las otras muchas confesiones lapidarias de Cayetana Álvarez de Toledo.

1.- Pablo Casado, un «camaleón sentimental»

En las primeras páginas del libro, Álvarez de Toledo desgrana cómo confió en un Pablo Casado reconvertido, bajo su prisma, en «la esperanza de los que habíamos abandonado el PP hartos de la pasividad de Mariano Rajoy ante el desafío separatista de Cataluña», y cómo éste le ofreció ser candidata por Barcelona «incluso aunque me critiques, abiertamente, si lo consideras necesario», como remarca la diputada que le dijo Pablo Casado durante un café a principios de 2019, cerca de la Puerta de Alcalá. Pero, como reconocerá más adelante, «había algo de Casado que no terminaba de convencerme». «Quería que me sumara a la campaña todavía soterrada para convertirle en el próximo líder del PP. Le dije que siempre había trabajado para gente más inteligente y valiente que yo, y no me sumé«. Aunque, a la luz de los hechos y a pesar de esta consideración, sí lo hizo tiempo después.

El dardo más singular a Pablo Casado es el apelativo de «camaleón sentimental», que exagera con otros dos más contundentes: «bienqueda» y «veleta». Y se reafirma en que la pasión que mueve al dirigente popular no es otra que el «miedo» y la pleitesía. «Por agradar, muere», ahonda.

2.- La presión de ‘los barones blandos’

En Políticamente indeseable, la ex portavoz parlamentaria pone nombres y apellidos a aquellos a quienes acusa de desplegar una campaña interna y «mediática» contra ella misma y contra Pablo Casado para evitar que accediese a la dirección del grupo parlamentario. Son los presidentes autonómicos y dirigentes territoriales a los que tilda como «barones blandos», y en cuyo grupo encuadra a Alberto Núñez Feijóo; Alfonso Fernández Mañueco; Juanma Moreno Bonilla y el defenestrado Alfonso Alonso. Y lo hicieron no sólo por «discrepancias objetivas», sino para echarle un pulso a un Casado «tierno, dubitativo y débil». Según relata, el presidente del partido cambió de opinión sobre su nombramiento incluso varias veces en el mismo día, pero finalmente decidió acallar la contestación interna sobre su decisión. «Tanto le dijeron a Pablo ‘no la nombres, no la nombres, no la nombres’ que se vio obligado a nombrarme para reafirmar su autoridad», opina.

3.- Teodoro, «el ‘bulldozer'»

A lo largo de las páginas de su extenso libro, la diputada relata cómo Teodoro García Egea convirtió su figura en los fueros internos del partido en «un sujeto bajo sospecha», avanzando en la estrategia de «limitar al máximo mi autonomía, influencia y margen de maniobra» en el partido en general y en el grupo parlamentario en particular. En el Congreso, el control que ejercía Egea era «absoluto», hasta el punto, según denuncia la protagonista en su libro, de que los diputados no podían «comprar una bolsa de patatas fritas sin su consentimiento». Por este motivo, Álvarez de Toledo acuña en su libro el término de «bulldozer» para referirse a la estrategia del secretario general.

Según relata, el devenir de los acontecimientos unió a Cayetana Álvarez de Toledo y Teodoro García Egea en una reunión informal en el hotel Wellington, a dónde ambos acudieron con la orden de Pablo Casado de enterrar el hacha de guerra en enero de 2020. No surtió efecto. Sin la versión del número dos del PP, la de Cayetana no le deja en buen lugar. «Llegué a la cita con buen ánimo, y, sobre todo, con unas ganas infinitas de que remitiese el fuego amigo (…). Como Teodoro sonreía, pensé que él también. Pero en dos minutos comprobé que el Profident y el puñal son compatibles«, zanja.

4.- «Un secretario general sólo una preguntica y largarse»

Entre las múltiples anécdotas que relata en su libro, Cayetana se despacha con algunas reuniones del Comité de Dirección en las que estuvo presente junto a Teodoro García Egea. Una de ellas, previa a la polémica intervención en el Congreso en que la diputada acusó a Pablo Iglesias de ser «hijo de un terrorista» -unas declaraciones por las que muchos, también en el PP, pidieron la cabeza de la diputada y cuya cuestión acabó en los tribunales- Cayetana desgrana que pidió al secretario general que fuese él y no ella quien interpelase a Pablo Iglesias aquel día, desmontando según su versión una nueva «jugarreta» del número dos contra su persona. Asegura que «le cambió la cara» y respondió lo siguiente: «Hazla tú. Un secretario general, mejor sólo una preguntica y largarse».

Llegué a la cita con buen ánimo. Teodoro sonreía, pensé que él también. Pero comprobé que el Profident y el puñal son compatibles

CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO

5.- Críticas a los diputados y a los ‘espías’ de Teo

Tampoco escatima la dirigente en críticas a sus compañeros de bancada parlamentaria, a los que acusa de actuar sin criterio propio «como una claque servil y sectaria» que rinden su función a halagar constantemente al mando del partido. «Hombres y mujeres adultos, inteligentes, formados, algunos con sólidas profesiones, acaban comportándose como una pandilla (…). Sus excelentísimas señorías, reducidos a palmeros y, en el chat de diputados, a emoticonos con palmas (…). Nada deja más en evidencia la mediocridad de un discurso que un aplauso inmerecido», censura.

En este punto, Álvarez de Toledo se detiene en el nombre de una diputada en particular, el de la diputada por Murcia Isabel Borrego, a la que encuadra dentro del equipo de ‘espías’ que, según su versión, tenía Teodoro García Egea en el Congreso en el marco de su afán por controlar el grupo parlamentario. «Durante el tiempo que fui portavoz, Borrego actuó como un submarino, auténtico espía de la Stasi (…). La habían sorprendido con la oreja pegada a la puerta de mi despacho, chivándose al instante a Teodoro: «¡Oh, ah: están haciendo los nombramientos de portavoces!», escribe Cayetana, rememorando los momentos previos a que el secretario general, según denuncia, terminase «imponiendo a sus peones» también en el grupo parlamentario.

6.- Ayuso, de «temeridad» a la «esperanza» del PP

Respecto a la opinión que le merece Isabel Díaz Ayuso, Cayetana Álvarez de Toledo pasa de los recelos a los halagos. «Su designación como candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid me había parecido una temeridad (…). No tenía experiencia de gestión, y sus principales méritos se circunscribían a las redes sociales y a una entrevista combativa en La Sexta«, analiza la diputada. Pero, con el paso del tiempo, Ayuso demostró «actitud» para convertirse en la «esperanza» del PP. Álvarez de Toledo ve las manos de Teodoro García Egea en la estrategia que Génova despliega ahora contra la presidenta madrileña igual que con ella en su día. «Génova ahora contra Ayuso, por celos, miedo y afán de control», sentencia.

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