La reunión entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición concluyó con un único acuerdo: reanudar las conversaciones para la renovación del CGPJ. Este es un tema fundamental para Pedro Sánchez, pero un asunto «no prioritario» para Núñez Feijóo. Ante la propuesta de cambiar el sistema de elección del órgano de gobierno de los jueces, algo que para Pablo Casado era condición sine qua non para pactar, y que el líder del PP tan sólo esbozó en la reunión de ayer, el presidente fue rotundo: «Cuando gobernéis vosotros, lo cambiáis».

El todavía presidente gallego no ve qué ventajas tiene convertir el sistema de elección de los jueces en una una cuestión de principios, así que habrá negociación y, seguramente, acuerdo. Si el pacto se hace sobre las bases que ya estaban acordadas antes de que Casado condicionara el pacto a que los miembros del CGPJ fueran elegidos por y sólo por los jueces, no hay mucho más de qué hablar. El resultado final es que PP y el bloque liderado por el PSOE se repartirán los puestos al 50% con un presidente de consenso. Seguir dándole vueltas a la noria no tiene sentido. Feijóo es un político pragmático y no tiene por qué asumir los vetos de su antecesor. Por otro lado, antes de que Teodoro García Egea tomara las riendas de la negociación, Enrique López ya tenía cerrado un acuerdo con el ex ministro Juan Carlos Campo. Lo más probable es que la composición del CGPJ se cierre antes del mes de junio, para que se pueda llevar a cabo la renovación en tiempo y forma de cuatro magistrados del Tribunal Constitucional.

En lo demás, no hubo acuerdo. Como es natural. Ni Sánchez está dispuesto a modificar el decreto de medidas de respuesta contra la guerra, ni Núñez Feijóo puede renunciar al discurso económico del PP, que se centra en una bajada de impuestos (sobre todo, la deflactación del IRPF) para hacer frente a la pérdida de poder adquisitivo por la subida de los precios.

El campo de batalla de aquí a las próximas elecciones va a ser la economía. Feijóo no puede ser la muleta de Sánchez, sino una alternativa a su política de gasto y elevados impuestos

La batalla política que va a plantear Feijóo a Sánchez de aquí a las elecciones se va a centrar en la economía. La elevada inflación, la pérdida de competitividad de las empresas españolas, la descomunal deuda y el desbocado gasto público son bazas a las que no puede y no debe renunciar. Sánchez pensaba que las próximas elecciones las podía ganar sobre la base de una fuerte recuperación y una sólida creación de empleo, pero eso ya no será posible. Al líder gallego le podría ocurrir como a su paisano Rajoy, que ganó en 2011 por mayoría absoluta por el desastre económico al que llevó España Rodríguez Zapatero.

El PP tiene que aparecer ante los ciudadanos como la alternativa solvente a otro batacazo económico. Apoyar el decreto del Gobierno, cosa que a Sánchez le vendría muy bien, sería tanto como renunciar al instrumento más eficaz que tiene Feijóo para ganarle en las próximas elecciones.

En todo caso, el consenso en un plan económico sólo se puede hacer con las perspectiva de una gran coalición, cosa, hoy por hoy, muy improbable.

A lo más que podemos aspirar es a que se recuperen las formas. No es normal que el presidente y el líder de la oposición no se hayan reunido en el último año y medio, con todas las cosas que han ocurrido en estos meses. Ni tampoco es natural que la relación entre ambos se circunscriba a los insultos y descalificaciones que se lanzan el uno al otro en las tediosas sesiones de control semanales en el Congreso.

Esto es a lo que se puede aspirar, pero no a mucho más. Feijóo tiene que ser la alternativa al Gobierno, no la muleta del Gobierno.