Opinión

La guerra del agua

Carmen Vivas

En política el tiempo es muy importante. Saber elegir el momento en el que se toma o se anuncia una decisión, a veces, es tan esencial como la medida que se quiere llevar a cabo.

El político es un oportunista por naturaleza. En 2002 el socialdemócrata Gerhard Schröder ganó las elecciones en Alemania tras un tormentoso verano que provocó devastadoras inundaciones en Sajonia. Schröder no sólo aprobó ayudas para los damnificados, sino que apareció en el lugar de los hechos hundiéndose en el barro. Aunque las encuestas previas daban al candidato del CDU, Edmund Stoiber, seis puntos de ventaja, las inundaciones salvaron a Schröder, que pudo formar gobierno en coalición con los Verdes.

Tras los atentados del 11-S, George Bush, cuya reacción en los primeros momentos fue dubitativa y confusa, apareció en la zona cero junto a policías y bomberos, prometió castigar a los responsables y apeló a la fortaleza de la nación: su popularidad se elevó a cotas históricas.

Las circunstancias en muchas ocasiones no se eligen, como ponen de manifiesto los dos ejemplos a los que me he referido, pero en otras, es el político el que opta por dar el paso que puede ser determinante para sus aspiraciones o las de su partido. Este es el caso de Juanma Moreno Bonilla y la ley de reordenación del territorio que acaba de aprobar el Parlamento de Andalucía para convertir en zona de regadío 750 hectáreas con explotaciones que llevan años viviendo de la extracción irregular de agua que, pese a estar a 30 kilómetros del parque, pertenece al acuífero del Parque de Doñana.

Moreno Bonilla, que ganó las elecciones autonómicas casi por mayoría absoluta, no es un negacionista. Es consciente de los riesgos del cambio climático y por ello llama más la atención que haya adoptado ahora una medida tan polémica, que venía arrastrada de la anterior legislatura y que, por tanto, no corría ninguna prisa.

Es cierto que él no se juega nada e incluso es posible que su partido pueda salir beneficiado en las alcaldías de la zona afectada, pero, probablemente sin quererlo, le ha dado al Gobierno y al PSOE una baza inesperada y muy fácil de utilizar demagógicamente.

Una fuente del núcleo duro de Moncloa lo resume así: "Ha sido una gran metedura de pata de un hombre que no suele meter la pata". Los asesores del presidente del Gobierno lo tuvieron claro desde el minuto uno. Sánchez aprovechó la ocasión para atacar: "Doñana no se toca". La vicepresidenta y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, que calificó de "señorito" al presidente de la Junta de Andalucía, se trasladó el fin de semana al parque, donde citó a El País para dar una entrevista que se publicó el pasado domingo. El propio Sánchez se ausentó -tal vez para evitar el escarnio- del Pleno del Congreso que aprobó la reforma de la ley del sólo sí es sí para marcharse a Doñana y hacerse una foto el pasado jueves. Los europarlamentarios socialistas César Luena y Javi López han preguntado al Comisario de Medio Ambiente europeo, Virginijus Sinkevicius, sobre el supuesto ataque a Doñana de la Junta y el Gobierno ha vendido su respuesta como una carta advirtiendo de las terribles consecuencias si no da marcha atrás en la decisión...

El debate sobre Doñana sirve para tapar otros asuntos incómodos para el Gobierno. Los asesores del presidente lo tienen claro: "Ha sido una metedura de pata de un hombre (Moreno Bonilla) que no suele meter la pata"

Está claro que el Gobierno ha olido sangre y está dispuesto a emplear toda la artillería que esté en su mano para que en la campaña de las municipales y autonómicas se hable más de Doñana y el medio ambiente que de las "consecuencias no deseadas" (más de 1.000 reducciones de condenas a violadores) de la mencionada ley del sólo sí es sí.

El debate sobre el agua -en un país tan seco como el nuestro- trasciende lo racional o incluso el color político para convertirse en una guerra de supervivencia. Es el caso del trasvase Tajo/Segura, cuya cuantía el Gobierno quiere reducir y que cuenta con la frontal oposición de la Comunidad Valenciana -gobernada por el socialista Ximo Puig- y la Comunidad de Murcia -gobernada por el popular López Miras-. Es un debate que trasciende fronteras, porque España, no lo olvidemos, está considerada como la 'huerta de Europa'. El 70% de todos los frutos rojos que se consumen en Centroeuropa se producen en Huelva. La mayoría de frutas y verduras, en Alicante, Murcia y Almería. El diario digital norteamericano Politico, en su edición europea, abría su portada del jueves precisamente con este tema: "España: La guerra del agua se convierte en política".

Las previsiones meteorológicas para este año son alarmantes. Tanto en Cataluña como en Andalucía no es descartable que se produzcan restricciones este verano incluso para el consumo humano. La Generalitat ya ha prohibido el uso de agua para piscinas privadas. La Unión Europea ha manifestado reiteradamente su preocupación por la situación de Doñana e incluso hay una sentencia de 2021 del TJUE condenando a España por el abuso para fines agrícolas de los recursos de esta reserva natural sin parangón. Y, además, hay elecciones el 28 de mayo.

El escenario predispone a la brocha gorda, los datos o los matices quedan para los iniciados. Los asesores del presidente del Gobierno creen que el mensaje "Doñana no se toca" coloca al PP a la defensiva y le obliga a bajar al detalle, con lo que, en principio, tiene mucho más difícil ganar el debate.

En el PP, sin embargo, insisten en que la reordenación aprobada por el parlamento de Andalucía no afecta al parque y que el regadío que se aprueba para las 750 hectáreas en situación irregular tiene que llegar de agua de superficie, no del acuífero. Un miembro de la dirección, muy cercano a Feijóo y a Juanma Moreno, acusa al PSOE de "falta de seriedad" por haber incumplido los planes de transferencia de agua durante años y ahora poner el grito en el cielo cuando la Junta cumple una promesa electoral que llevaba el PP en su programa y que beneficia a centenares de familias.

En el PSOE se malician que la decisión de Moreno Bonilla podría ser fruto de la presión de Vox, que tiene entre los agricultores a sus votantes más fieles.

Sea esa u otra la razón de la medida adoptada, Doñana está ya presente en la discusión política a nivel nacional y el PSOE y la izquierda van a hacer bandera de ella como una muestra de que en la derecha (PP y Vox) priman los intereses privados sobre la defensa de la naturaleza. Es el mismo mensaje que usa el Gobierno para defender la reducción del trasvase Tajo/Segura.

Aunque se han exagerado los efectos de la reordenación, Doñana puede hacer daño electoral al PP el próximo 28-M. El propio presidente de la Junta de Andalucía reconoció el pasado miércoles en el programa de Carlos Alsina en Onda Cero: "Reconozco que no he pensado mucho sobre si la medida es buena o mala electoralmente. Quizá tendría que haberle dado una pensada". Dentro de cinco semanas sabremos cuál ha sido su efecto.

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