Opinión

EL GOLPE

Feijóo se calienta

Feijóo se calienta
El presidente del PP, Alberto Nuñez Feijóo, comparece en la Comisión de investigación de la Dana, en el Congreso de los Diputados | Alejandro Martínez Vélez / Europa Press

A Feijóo lo han querido hacer responsable de la dana, de la sobremesa luisina de Mazón, con gansos, cortinas y moza, y del propio Mazón, que, como cualquier presidente autonómico,  apenas gestiona el folclore y la cosecha en el día a día, menos va a gestionar un diluvio y en mitad de un asado. En realidad, Feijóo no gobierna ni en su partido, ese PP que es un tenso equilibrio de baronías, sensibilidades, personalidades, ocurrencias, experimentos y complejos, pero había que hacerlo responsable, que para eso están estas comisiones. Ahora resulta que los que tienen competencias y responsabilidades de gobierno no tienen en realidad ninguna competencia ni responsabilidad en las catástrofes, salvo eso que dicen de “dar la cara”, que es dar la cabezada blanda y la mano blanda y quizá también sangrienta. Así que las competencias y responsabilidades políticas, técnicas y morales pueden acabar en un señor sosón que estaba en la calle Génova mirando Madrid como una cascada y su partido como un crucigrama. Ya es difícil encontrar a alguien sin responsabilidad en toda la cadena de empleados, peritos, protocolos, carguitos, autoridades, organismos y administraciones que iba de los barrancos a la Moncloa, pero Feijóo, precisamente, ya me dirán qué pintaba. Lo suyo debe de ser una culpa atávica y simbólica, como la de la suegra.

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A Feijóo le hacían el juicio de la suegra o de la bruja, que es lo que se suele hacer en estas comisiones, y yo creo que eso lo animó a ser un poco malote, o al menos todo lo malote que puede ser Feijóo, como un coleccionista de sellos malote. Las comisiones de investigación no son inútiles ni son circos, como se suele decir. Son interesantes y nos descubren datos, detalles y personajes esclarecedores, pero, eso sí, son siempre sillas de tortura políticas y huelen a mazmorra y matadero. Esto, claro, invita a que el acusado, sentado en esa silla de pinchos o en esa lenta barbacoa, se vea con el derecho a devolver un poco de fuego y de hierro. Esto es lo que suele hacer entretenidas estas comparecencias, donde hasta Aznar puede parecer un pistolero de los de sombrero negro. Feijóo estuvo cañero, y es divertido ver a Feijóo cañero, como a una abuela cañera. Las acusaciones suelen ser tan forzadas y peregrinas que, ya lejos de los ujieres salomónicos y de las alegorías con vajilla del Hemiciclo, el cuerpo pide un poco de marcha, o al menos la marcha que pueda tener Feijóo, como una monja con marcha.

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Ahí estaba Feijóo, pues, aún entre indignado y estupefacto, que en realidad hay que darle muchas vueltas a lo de la dana para acabar en Feijóo, como si un comando hubiera ido desde el barranco del Poyo a la desembocadura de Colón para raptarlo y acusarlo de todo aquello. Yo lo primero que noté fue ese enfoque en una especie de culpa que no era ni técnica ni competencial ni política, sino algo así como una culpa del progenitor. Sí, parecía que acusaban a Feijóo de haber sido tibio o, al contrario, frío con Mazón, en esa tarde o durante toda la vida, de manera que Mazón terminó en aquel mesón o terminó siendo un político de mesón (la mayoría de nuestros políticos son políticos de mesón) como el hijo que termina descarriado por abandono del padre. Incluso aquella tarde, un mensaje con más autoridad o con más comprensión, una sugerencia para la “emergencia nacional” como una sugerencia para dejar los porros, hubiera ayudado, parecían decirle. Feijóo lo que argumentaba, claro, es que los que no ejercieron sus responsabilidades fueron otros.

Ahí estaba, pues, aún entre indignado y estupefacto, que en realidad hay que darle muchas vueltas a lo de la dana para acabar en Feijóo

Yo creo que hasta Feijóo se puede volver macarrilla, o al menos todo lo macarrilla que puede ser Feijóo, como un don Pimpón macarrilla, rodeado de este absurdo. Y es que a mí todo lo de Mazón me parece absurdo, además de burdo: esa culpa como del pecador (gula, lujuria, pereza) que le ha caído como perfecto chivo expiatorio para puritanos. Fíjense que si Mazón hubiera llegado del Ventorro apenas un rato antes, lo justo para ponerse el chaleco de gruista y “dar la cara” (el protocolo de emergencias de Óscar Puente), ya no habría culpas ni asesinatos, sólo gestión perfecta de la tragedia. En realidad sabemos que no es así, claro, que las culpas no se merecen sino que se endilgan al de enfrente, que Mazón no fue el más culpable sino el más torpe, que dimitido o no dimitido les sirve igual, y que los mensajitos que pudo poner Feijóo nunca podrán ser tan importantes como los que pudo poner Sánchez, que no estaba en un mesón pero sí viendo elefantes con tutú o algo así por la India.

Feijóo ha dado un poco de caña, tampoco demasiado, que enseguida se nos descoyuntaría como un jubilado persiguiendo a un skater. Pero se ha defendido atacando, que a lo mejor es lo único que se puede hacer cuando la lógica no vale, cuando la cara arde y cuando te están metiendo por el gañote el embudo de la ley del embudo. A Rufián, con su cara y su pose de rematar de cabeza siempre a puerta vacía, le dijo, con toda la razón: “si yo hubiera tenido responsabilidades de gobierno, usted ya me habría llamado asesino y hubiese traído un trozo de carril”. Según Rufián, no se puede comparar a Mazón, que estaba de copas, con Puente, que tenía las vías de España hechas de mierda y caña, como los palos de un gallinero, pero “da la cara”. En realidad, eso sólo significa que esa cara que da la tiene bastante más dura que los carriles por los que bailan nuestros trenes, que ya son trenes con bailoteo, tendedero y precipicio, trenes tercermundistas. Eso de sacarle ETA a Bildu también es de calentón, pero no sólo se trataba de devolverles en la boca, como una palada de arena, los muertos de los que le acusaba, sino de recordar que no se puede ser demócrata teniendo en los altares a los terroristas y en agujeros a las víctimas, ni teniendo de socios a los que consienten esto.

A Feijóo lo han querido hacer responsable de la dana, o de todo, y se ha calentado un poco, al menos lo que puede calentarse Feijóo, como un bebedor de Fanta que se calienta. Pero es para calentarse, no ya porque hoy lo acusen a él o mañana acusen a otro, sino porque cualquiera es responsable menos el que tiene, precisamente, la responsabilidad, que a ver qué creen que significa “responsabilidad de gobierno”. Pero los Gobiernos ya sólo gestionan las tragedias, recuerden. En vez de carteras y competencias, a los ministros les repartirán pañuelitos de encaje. La culpa ya no será de los que no gestionaron las infraestructuras, los recursos, los servicios, sino de los que estaban pelando la pava o comiéndose un pavo en vez de llevar puesto el chalequito y el lagrimón como un chal y un lunar de viuda. O los que estaban en Génova montando un barco de botella. Y eso empieza a quemarles la sangre a muchos, incluso a Feijóo. O lo que le pueda quemar la sangre a Feijóo, como a un mimo al que le quema la sangre.

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