Italia e India han cerrado un acuerdo histórico entre ambos países, definido como decisivo por el primer ministro indio Narendra Modi. Más de 20.000 millones de euros en inversiones cruzadas que refuerzan el papel de la India como un socio estratégico de la Unión Europea. A pesar de ser un acuerdo bilateral, un encuentro entre el primer ministro de la India y la primera ministra de Italia Giorgia Meloni tiene repercusión sobre el resto de la unión. La India jugará un papel crucial en los próximos años como socio estratégico, pues es el único país que pueden ayudar a reducir la dependencia económica del continente respecto a China. India se convierte, a través de la visita de Modi en Roma, en un actor indispensable para el sur de Europa; recordemos la reciente visita de Pedro Sánchez para captar inversiones.
Las actuales relaciones entre Italia e India se han ido definiendo en los últimos cuatro años, cuando empezó la segunda fase de la invasión rusa de Ucrania en 2022. La creciente influencia de China en Italia dentro del marco de la pandemia de la COVID-19 tuvo un antes y un después con la subida de Meloni al poder. Su idea de separarse de las áreas de influencia china provocó ciertas reticencias económicas, pero ha servido para potenciar el papel de Italia en diferentes regiones del mundo.
La posición neutral de Roma respecto a la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán ha conllevado cierto distanciamiento respecto a Estados Unidos y Trump, y provocó que Meloni fuera increpada por su aliado estratégico. Posteriormente, el eje italiano ha virado en sintonía con las políticas diplomáticas de la Unión Europea. La caída de Orbán en Hungría, con quien mantenía una alianza estratégica en algunos asuntos domésticos, también ha condicionado el reposicionamiento diplomático de Italia.
Las alianzas específicas de los países de la Unión no son bilaterales, sino una rama más de la política europea de acción exterior
Mientras, Meloni persevera en el establecimiento de áreas de influencia relevantes. A través de la alianza estratégica con Albania, el peso regional de Italia en los Balcanes es cada vez mayor. Las buenas relaciones con Erdogan refuerzan un vínculo privilegiado con Turquía y, de paso, con el nuevo régimen sirio. Roma tiene a Libia, Túnez y Egipto como estrechos socios estratégicos. Más allá están Somalia, Etiopía, la excelente relación con Japón y ahora la India. La diplomacia impulsada por Antonio Tajani, ministro de Asuntos de Exteriores, es discreta, pero efectiva. Prueba de ello es que poco a poco están consiguiendo contrarrestar el papel de China en el Mediterráneo –recordemos la compra de parte del puerto del Pireo, en Grecia, o la creciente infraestructura china en España–.
Ahora estamos en una nueva Unión Europea, donde lo fundamental es la diversificación de alianzas y socios comerciales para no depender de uno en concreto que pueda hacer peligrar la estabilidad nacional. Es por ello que no debemos ver las alianzas específicas de los países de la Unión como bilaterales, sino como una rama más de la política europea de acción exterior. Cualquier acuerdo cerrado comercial debe aplicar la normativa comunitaria, e implica un cálculo estratégico de los tiempos.
Del mismo modo que los acuerdos entre Hungría y Rusia minaban la independencia estratégica de toda la Unión Europea, los acuerdos de Italia con la India o Turquía nos ayudan a ganar posición estratégica.
En conclusión, a pesar de que ha pasado bastante inadvertida, la visita de Modi a Roma, y sus reuniones con Meloni y el presidente Matarella, suponen una nueva etapa estratégica no solamente para Italia, sino para todo el Mediterráneo. Es importante recordar que en la cumbre del G20 de Delhi se valoró positivamente el establecimiento de una ruta comercial terrestre y marítima entre la India y la Unión Europea a través de Irak. Y también otra que cruzara entre Arabia Saudí y Egipto. El horizonte es claro: una relación creciente entre la Unión Europea y el subcontinente indio que también repercutirá en Bangladesh y Pakistán. A pesar de que Pekín intenta situarse como un punto de encuentro para todos –para Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea, como también la Liga Africana y países de América Latina–, la política europea empieza a desconfiar y a considerar un riesgo tanta dependencia. Será interesante ver el papel de la ASEAN, de Japón e Indonesia, como también de Canadá y México los próximos años.
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