Mariano Rajoy afronta hoy la votación de investidura definitiva que le convertirá en presidente del Gobierno con plenos poderes tras más de 300 días de interinidad. Por delante  tiene un apretado calendario que arranca con la formación de su nuevo Gobierno, de marcado perfil político, con el objeto de hacer frente a una legislatura en la que tendrá que “construir” la gobernabilidad día a día, como él mismo admitió en su discurso parlamentario del pasado miércoles.

Pero no sólo. El líder del PP elaborará la lista de sus ministros con un ojo puesto en el número 13 de la madrileña calle Génova, donde se encuentra la sede nacional popular. El hecho de que en pocos meses tenga que abordar la celebración de su XXVIII congreso del PP, -que debiera haber tenido lugar en febrero de 2015 pero al que las sucesivas consultas electorales han ido retrasando-, le obliga a hacer encaje de bolillos entre Gobierno y partido para situar sus “piezas” en las dos estructuras de poder que sustentan a los populares y que, esta vez sí, están condenadas a entenderse.

Moncloa y PP están condenadas a entenderse tras años de incomunicación

Se da por hecho, a pesar del mutismo del inquilino de la Moncloa, que la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, entrará en el Gobierno. Incluso de forma pública lo han dicho dirigentes populares como Esperanza Aguirre o Jesús Posada. Se habla de la cartera de Interior, en primer lugar, pero también de las de Fomento o Justicia. Rajoy escuchará las preferencias de su “número dos” en el partido, hasta el punto de que hay quien dice que “María Dolores será lo que ella quiera ser”. La pregunta que surge de inmediato es si con ello deja la secretaría general del PP. Francisco Álvarez-Cascos simultaneó la vicepresidencia del Gobierno con el puesto de mando del partido, recuerdan en Génova a sabiendas de que no han faltado las críticas a Cospedal por ocuparse al tiempo de Génova y de la presidencia de Castilla-La Mancha.

Fernando Martínez Maíllo, actual vicesecretario de Organización, parece el “sucesor” natural de Cospedal en el partido. Alfonso Alonso, obligado a reconstruir el PP en el País Vasco, es otro perfil que bien pudiera hacer un buen papel en ese puesto, pero en ningún sitio está escrito que Rajoy releve a Cospedal en febrero o marzo, que son los meses que se manejan para la celebración del congreso nacional. Hasta la abrupta salida de José Manuel Soria del Consejo de Ministros, se apuntaba a él como nuevo “peso pesado” de Génova. No cabe duda de que la secretaría general permite controlar un resorte de poder orgánico enorme con más peso que muchos ministerios.

Rajoy debe acometer la confección de su nuevo gobierno y la renovación del equipo de Génova

Asimismo, el responsable de Sectorial del PP, el alavés Javier Maroto, es otro nombre que suena con fuerza para el Consejo de Ministros. Se le ve al frente de una cartera de corte social, como Sanidad o Empleo, aunque en esta última “reina” Fátima Báñez. De producirse, su marcha dejaría una vacante en Génova a ocupar en el cónclave congresual lo que obligaría a otro baile de nombres.

Rajoy deberá tener en cuenta estas y otras circunstancias para diseñar su equipo con el que afrontar una nueva legislatura de 137 diputados, con un socio preferente, Ciudadanos, que le aporta 32 escaños, pero con el que sigue sin sumar mayoría absoluta. Abocado a una geometría variable, necesita apoyarse en su partido para que actúe a modo de amplificador de la actuación del Gobierno, pero para ello debe solventar el que ha sido, posiblemente, la principal laguna en su estrategia política de los últimos cinco años: la ausencia de comunicación entre Moncloa y Génova.

Y es que al margen de la relación francamente mejorable entre la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y Cospedal, apenas ha habido sinergias entre ambas terminales de poder, lo que ha dificultado notablemente la actuación de los cuadros dirigentes del partido así como el mensaje que se transmitía a los medios de comunicación.

El XXVIII congreso del PP, a celebrar entre febrero y marzo, lleva casi dos años de retraso

Si hay una palabra que repiten con insistencia los populares de cara a la nueva etapa política que se abre a partir de esta tarde, es “comunicación”. “Comunicación” para transmitir bien los mensajes a la opinión pública frente a las resistencias del propio Rajoy , “comunicación” para abrir cauces de diálogo con los partidos de la oposición; “comunicación” para engrasar la maquinaria gobierno- partido, partido-gobierno; “comunicación” para llegar hasta el último afiliado, en definitiva, “vender” política “frente a los funcionarios de manguitos”, dicen fuentes del PP. Otros prefieren hablar de “hacer política con mayúsculas” y eso implica “a Gobierno y partido” , lo que exige de Rajoy “una visión de conjunto” como jefe del Ejecutivo y líder de los populares llamado a revalidar su cargo en la cita congresual del año que viene.