Eso lo lleva la vicepresidenta». Indefectiblemente es la respuesta cuando uno se interesa por la marcha de las negociaciones de los Presupuestos Generales del Estado, los trabajos previos para la discusión en torno al nuevo modelo de financiación autonómica, la cita en el Senado de la Conferencia de Presidentes, el perfil de los nuevos delegados del Gobierno -aunque dependan directamente de Presidencia del Gobierno- o la interlocución con la Generalitat. La vicepresidenta y ministra de la Presidencia y para las Administraciones Públicas, así, en plural, sostiene el andamiaje político del Ejecutivo en un más difícil todavía, aunque por el camino se haya dejado la portavocía gubernamental.

Alérgica a que se hable de ella como la «todopoderosa vicepresidenta», la «presidenta en la sombra» o la líder del potentísimo sector de los sorayos, a los que da nombre, la formación del nuevo Gobierno no ha hecho otra cosa que incrementar su ascendente interno y su capacidad de influencia. No cabe duda de que, además, es la gran vencedora del pulso que, durante casi cinco años, le echó el llamado G-8, con el ex ministro de Exteriores José Manuel García Margallo a la cabeza, quien en los últimos tiempos no dudaba en apuntar a ella como causante de su más que anunciada defenestración.

Los sorayos han recuperado y fortalecido su presencia en el Consejo de Ministros

Con la designación de Roberto Bermúdez de Castro como secretario de Administraciones Territoriales y de Enric Millo para la Delegación del Gobierno en Cataluña, culmina en muy buena medida la conformación de su guardia de corps.

Los sorayos han recuperado y fortalecido su presencia en el Consejo de Ministros, que sufrió una baja dolorosa con la salida de Alfonso Alonso, de vuelta a la política vasca, al menos, por el momento. Sus aliados en el organigrama gubernamental son la titular de Empleo, Fátima Báñez, con la que mantiene una relación de amistad personal; el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y el nuevo ministro de Industria, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal. En los segundos niveles de la Administración, no sólo aparecen los nombres de sus dos secretarios de Estado, José Luis Ayllón, en Relaciones con las Cortes, y el recién nombrado Bermúdez de Castro en Administraciones Territoriales, además de su directora de gabinete, María González Pico, sino que su sombra se extiende a otros departamentos.

Eva Valle, nueva responsable de la Oficina Económica del Gobierno y cuñada de Álvaro Nadal, también pertenece a su órbita, así como el esposo de Valle, Alberto Nadal, secretario de Estado de Presupuestos. José María Lasalle, rescatado por Álvaro Nadal tras su salida de Educación y Cultura, es otro destacado sorayo. Saénz de Santamaría, Ayllón, Nadal, Báñez , Lasalle y Alonso compartieron fatigas en Génova, primero, y en el Grupo Parlamentario Popular, después, durante la travesía del desierto entre 2004 y 2011, creando lazos de amistad entre ellos que incluyen a sus respectivos cónyuges.

La comisión  de secretarios y subsecretarios se ha convertido en otro de los epicentros de poder de Sáenz de Santamaría

La comisión  de secretarios y subsecretarios, que se reúne todos los miércoles para preparar los contenidos del Consejo de Ministros de los viernes, se ha convertido en otro de los epicentros de poder de Sáenz de Santamaría, que preside la cita.  Ahí ha conseguido tejer vínculos con muchos miembros del segundo escalón ministerial, sin adscripciones personales concretas, «con los que ha simpatizado y trabajado estrechamente», dicen en Moncloa. Son, por ejemplo, la secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela, que generacionalmente está más próxima a Montoro que a Sáenz de Santamaría; Miguel Temboury, que ha causado baja como subsecretario de Economía por decisión personal, o el ya ex secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, a la espera de destino. También tiene afinidad con el director de gabinete de Mariano Rajoy, Jorge Moragas. Vicepresidencia y gabinete de la Presidencia trabajan en buena sintonía.

Falta, sin embargo, evaluar hasta qué punto la vicepresidenta ha perdido su interlocución con los responsables de las grandes empresas periodísticas, que ha atendido y cultivado durante cinco años. El actual portavoz gubernamental y ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, desea reclamar para sí esa responsabilidad, aunque le han salido contrincantes potentes. La nueva secretaría de Lasalle sobre Sociedad de la Información y Agenda Digital podría quitarle a Méndez de Vigo gran parte del pastel de las relaciones mediáticas,con lo que todo queda bajo la égida de la vicepresidenta.

Cuenta con el respaldo territorial del PP andaluz de Juan Manuel Moreno y del vasco de Alfonso Alonso

Con el respaldo territorial del PP andaluz de Juan Manuel Moreno y del vasco de Alfonso Alonso, el eslabón débil de la vicepresidenta es Génova. El cuartel general popular, controlado por la secretaria general y ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, es de los pocos reductos donde no ha conseguido extender su ámbito de influencia. Los nuevos vicesecretarios aterrizaron en la sede bien de la mano de Rajoy, como Fernando Martínez-Maillo, o de Jorge Moragas, en el caso de Javier Maroto y Andrea Levy. Pablo Casado, que llegó el primero, lo hizo desde el Grupo Parlamentario. El sorayismo parece tropezar en el quicio del número 13 de Génova, donde reina su compañera castellanomanchega.

Pero fue Mariano Rajoy el que decidió este reparto de papeles entre las dos mujeres más poderosas del imaginario popular. En todo caso, a diferencia de Cospedal, la también ministra de la Presidencia ha conseguido salir indemne de los grandes casos de corrupción que han asolado a los populares en estos años, mientras la secretaria popular ha puesto todas las caras para llevarse todas las tortas.

Sus detractores del G-8 han acusado a Sáenz de Santamaría de «no haber salido en defensa de los ministros cuando era necesario», aunque las ruedas de prensa de los viernes, tras la reunión del gabinete ministerial, han sido muchas veces pequeños potros de tortura. Poner cara ante la crisis económica tampoco ha sido el mejor de los mundos. Ahora se evita ese trago, aunque le toca otros no menores, que diría Rajoy.