Reunión sí, reunión no. No hay unanimidad sobre la conveniencia de que Mariano Rajoy reciba en Moncloa a Carles Puigdemont. Parece que la balanza se inclina del lado de los que quieren que ese encuentro se produzca para dar base a la llamada «Operación diálogo», aunque hay quien alerta sobre el riesgo de «instrumentalización» por parte del presidente de la Generalitat.

Para los primeros, «la estrategia está clara, hay que llenarse de razón moral» y para ello, aducen, es necesario trasladar la imagen de la plena disponibilidad del Gobierno central para hablar sobre cuestiones de interés para los ciudadanos catalanes, lo que excluye en todo caso, aseveran, el referéndum de autodeterminación.

La nueva estrategia de «puertas abiertas» en Cataluña, con una vicepresidenta del Gobierno que rara es la semana que no pasa por Barcelona, casa a la perfección con una entrevista al más alto nivel «de mano tendida», que no se va a dejar de tender «aunque Puigdemont dé el portazo». La voluntad de dar contestación a los 45 puntos que le presentó el presidente de la Generalitat en su reunión de abril de 2016 se mantendrá como una oferta a Cataluña. De hecho, ya están comenzado a avanzar en reivindicaciones reiteradas como el problema de la red de Cercanías de Barcelona, un auténtico quebradero de cabeza para la Ciudad Condal.

Se teme que Puigdemont instrumentalice la entrevista «como hizo Artur Mas en septiembre de 2012»

La secretaría de Estado de Administraciones Territoriales, al frente de la cual se encuentra Roberto Bermúdez de Castro, maneja un documento pormenorizado con la réplica a esas reivindicaciones, algunas ya satisfechas. Falta por decidir cómo se escenifica dicha respuesta: si en una reunión en Moncloa, si le corresponde a la vicepresidenta o al delegado del Gobierno en Barcelona, Enric Millo. Éste sería el sector más favorable al encuentro entre Rajoy y Puigdemont, pero en el entorno de la secretaría de Estado para la Comunicación y algunos dirigentes del PP catalán dudan sobre la conveniencia del mismo, según fuentes gubernamentales.

En la retina de éstos últimos aún está reciente, a pesar del tiempo transcurrido, el portazo que dio Artur Mas a Rajoy tras la reunión que mantuvieron en el año 2012. Con el pretexto de la negativa de Rajoy a aceptar el pacto fiscal que reclamaba el gobierno catalán, Mas salió de allí ya envuelto en la estelada tras ponerse al frente de la manifestación de la Diada de ese año. A partir de ese momento inició una carrera imparable hacia el independentismo inversamente proporcional a la representación de su partido en el Parlament, la ya extinta Convergencia. Lo último que se quiere es dar pie a Puigdemont para que use ese posible encuentro como un argumento para marcar aún más diferencias con Madrid y aumente el tono de su discurso independentista, aunque en su cita de abril del año pasado el gerundense demostró ser mucho más comedido que su antecesor.

Puigdemont reclama día y hora para ver a Rajoy

Mientras, desde el Gobierno de la Generalitat insisten en reclamar esa cita, comprometida desde que Mariano Rajoy volvió a la Moncloa. La portavoz del Govern, Neus Munté, ha asegurado hoy tras la reunión del ejecutivo catalán que Puigdemont sigue esperando «día y hora» para acudir a la Moncloa y ha recordado que la cita se pospuso oficialmente por el congreso del PP, «pero ese congreso hace días que concluyó». Munté ha negado que se esté produciendo tampoco ningún tipo de trabajo previo para preparar un eventual encuentro entre ambos presidentes en base al listado de 45 puntos planteado por Puigdemont: «estamos hablando del cumplimiento de sentencias firmes, leyes y acuerdos ya cerrados, ¿que hay que negociar sobre eso?» se ha preguntado.

La portavoz catalana ha atribuido las contradicciones entre miembros del PP y del Gobierno a que «la operación diálogo ha fracasado» y ha cuestionado la voluntad del Gobierno de cumplir un compromiso, el de la entrevista Rajoy-Puigdemont, en la que la Generalitat ha encontrado el nuevo asidero para demostrar que la falta de voluntad de diálogo está de la parte del Gobierno.

La Operación diálogo también ha enfrentado a la delegación del Gobierno con el PP catalán

No es una decisión fácil, sobre todo habida cuenta las discrepancias internas, las mismas, por cierto, que se pusieron de manifiesto este fin de semana cuando Enric Millo, en unas declaraciones radiofónicas, habló de negociaciones secretas con la Generalitat, mientras el líder de los populares catalanes, Xavier García Albiol, le desmentía ayer. Millo dijo que «las conversaciones, los encuentros, se producen, y a veces son públicas pero no siempre. De hecho, para que las cosas se puedan hablar con la serenidad que requieren, hacerlas públicas lo dificulta», a lo que agregó que estos contactos se han producido en las cuatro capitales catalanas. «El diálogo existe y estamos trabajando para encontrar un camino de salida, que no es el referéndum», reiteró el nuevo delegado.

Estas palabras han sido desmentidas por Albiol bajo el argumento de que «el Gobierno no mantiene ni ha mantenido reuniones secretas. Nuestras propuestas y oferta a los catalanes y a la Generalitat no son secretas, son públicas. Y la oferta es trabajar para mejorar la sanidad, infraestructuras y servicios sociales», afirmó en rueda de prensa en la sede del partido.

Maratón de Santamaría

Por su parte, Sáenz de Santamaría prosigue con su agenda catalana, que incluye contactos con representantes de la sociedad civil, empresarios, intelectuales y otras instituciones de la comunidad como alcaldes o presidentes de Diputación, lo que ha generado un malestar indisimulado en la Generalitat, que pretende erigirse como la única interlocutora política con el Ejecutivo central. Ayer se reunió en Barcelona con el llamado G-16, grupo que reúne a representantes de una serie de destacadas instituciones catalanas como el FCB Barcelona y el Español, el Círculo del Liceo, el Ateneo, el Círculo Ecuestre o el RACC.

Allí insistió sobre la disponibilidad a hablar sobre la propuesta de 45 puntos del presidente de la Generalitat, salvo el referéndum. Después acompañó a la Reina emérita, Doña Sofía, a la entrega de la Medalla de Oro del Liceo, para acabar presidiendo junto a Oriol Junqueras, vicepresidente de la Generalitat y líder de ERC, la entrega de los Premios Empresa del Año que organiza El Periódico de Cataluña. Todo un maratón.