Manuel Escudero, José Félix Tezanos, Carlos Sanjuan, Ángel Díaz Sol, Nono Amate, Rafael Román, Enrique Linde… Los antiguos guerristas se alinean con Pedro Sánchez, que también concita los apoyos del antiguo borrellismo, con Cristina Narbona a la cabeza. Mientras los restos del zapaterismo y el rubalcabismo respaldan a Susana Díaz, el ala tradicionalmente más izquierdista del PSOE ha encontrado en Pedro Sánchez un heredero discursivo.

«No todo el guerrismo está con Pedro ni él es el representante del guerrismo. Pero sí es cierto que muchas personas que antes estábamos en esa opción política ahora hemos coincidido de forma personal en el apoyo a Pedro», explica Enrique Linde, veterano socialista malagueño. Precisamente, Andalucía fue el último reducto del guerrismo, donde resistió hasta 1996, tras haber perdido la batalla nacional frente al felipismo en 1994.

Los barones no se han dado cuenta del cambio social», aseguran

Según los antiguos guerristas, tampoco se puede comparar el enfrentamiento entre Alfonso Guerra y Felipe González con la crisis actual del PSOE. Su discrepancia era de discursos, mientras que el partido vive en la actualidad un divorcio entre las bases y la dirigencia. «Los barones no se han dado cuenta del cambio social que se ha producido en la militancia», explica otro guerrista que prefiere guardar el anonimato, y que señala el origen del problema en la crisis de identidad que sufrió el PSOE tras el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Los guerristas se alinean con Pedro Sánchez por dos motivos. El primero es la discrepancia con el sesgo que estaba tomando el partido, con el Comité Federal del día 1 de octubre que derribó al secretario general como emblema. Esa deriva se hace más patente en Andalucía, con el PSOE de Susana Díaz, que se consolida bajo un liderazgo incontestable. «Hay una perviviencia de direcciones provinciales sin autonomía que ha despertado el espíritu crítico de la vieja guardia», explican.

En segundo lugar, los guerristas consideran que el ex secretario general «encarna» elementos de su antigua doctrina. «No de forma exhaustiva, pero sí que tiene elementos en su discurso de nuestra estrategia política y partidista», reconoce Linde. Entre ellos, destaca la posición del PSOE como un partido claramente de izquierdas, con firmeza en sus planteamientos socialistas y socialdemócratas. A nivel interno, Sánchez recupera la concepción de un partido autónomo, menos dependiente de las instituciones, más participado por la sociedad y más enraizado en la militancia.

Sánchez conecta con el ‘guerrismo’ en su discurso externo e interno

El guerrismo surgió como corriente interna en el PSOE a partir de 1990/1992 por una discrepancia sobre el camino que debía tomar el partido. Felipe González abogaba por unas posturas socialistas más suaves, rayanas en el socioliberalismo, frente a su número 2, Alfonso Guerra, que defendía posiciones socialistas más puras y radicales. Orgánicamente, propugnaba una mayor implantación social del partido frente a la dependencia de los liderazgos y las instituciones.

A pesar de la coincidencia de los antiguos guerristas en el apoyo a Sánchez, el propio Alfonso Guerra se ha alejado del ex secretario general. En un artículo en la revista Tiempo del mes de octubre, el ex vicepresidente del Gobierno ha criticado el abuso de las consultas a la militancia y ha defendido la abstención socialista en la investidura de Mariano Rajoy. «El socialismo español debe construir su senda histórica defendiendo un proyecto autónomo, lo que no significa la imposibilidad de acuerdos con otras organizaciones cuando los intereses del país lo requieran», argumentó.

«Los que se sienten incómodos con la formación de un Gobierno del partido que ganó las elecciones tienen razones para sostener la idea contraria, […] pero tener razones no siempre significa tener razón. No se puede actuar solo en función de la dignidad ultrajada de cada persona, hay que considerar lo que afecta a la colectividad», explicó.

Bajo el título ‘Las consecuencias de nuestros actos’, Guerra señaló que «las primarias eliminan de facto la estructura partidaria […] No es muy compatible aspirar a dirigir un colectivo y preferir que las decisiones las tomen otros».

Díaz ‘rescató’ a Guerra para la campaña de las municipales en 2011

Precisamente Alfonso Guerra ha sido uno de los políticos recuperados y ciudados por Susana Díaz. La ahora presidenta de la Junta de Andalucía fue ‘castigada’ por el PSOE de Sevilla en marzo de 2004, cuando dejó de ser concejala para formar parte de la lista provincial al Congreso de los Diputados. Ocupaba el séptimo puesto en una lista encabezada por Alfonso Guerra. Como es habitual en ella, convirtió el castigo en oportunidad y se hizo con la confianza de Guerra durante la primera legislatura de Zapatero. Como fruto de esa colaboración, y una vez que Díaz se conviritó en la número 2 del PSOE-A, el histórico dirigente sevillano cerró la lista de las municipales de Sevilla en 2011, ocupando un inusual protagonismo durante la campaña. Entonces, Díaz no ocultaba su predilección por Guerra por encima de Felipe González.