Por primera vez en la V República los partidos tradicionales en Francia, el Partido Socialista y los Republicanos, quedan fuera de la segunda vuelta de las presidenciales. Los franceses elegirán el 7 de mayo a su próximo presidente entre Emmanuel Macron (23,75%), fundador de En Marche!, un movimiento centrista creado hace apenas un año, y la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen (21,53%). Macron, europeísta, centrista y liberal, con 8,5 millones de votos, se erige en el freno a la populista eurófoba Le Pen, que supera los 7,6 millones, en su carrera al Elíseo.

El conservador François Fillon y el socialista, Benoît Hamon, han pedido el voto en segunda vuelta por Macron para impedir que la ultraderechista Le Pen sea presidenta. Fillon recordó que la ultraderecha quería dividir a Francia y Hamon recordó sus diferencias con Macron, pero fue el primero en reclamar el voto para el ex ministro de Economía.

Macron lograría un 62% de los votos el 7 de mayo, frente al 38% de Le Pen, según el primer sondeo de France 2. Le Pen, sin embargo, registra este domingo un resultado histórico al superar los 7,6 millones de votos, casi un millón más que el récord del Frente Nacional de las regionales de 2015. También resulta insólito que un movimiento de apenas un año de vida, En Marche!, consiga 8,5 millones de apoyos en las urnas.

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El duelo entre globalización y proteccionismo se encarna en los dos finalistas de este trepidante sprint. El ex ministro de Economía Emmanuel Macron cuenta con el apoyo del 23,86%  del electorado y la eurodiputada euroescéptica Marine Le Pen obtiene un 21,43%, con el 97% escrutado. En tercera posición estaría el conservador François Fillon con un 19,94% seguido por el izquierdista Jean-Luc Mélenchon con un 19,6%. Muy distanciado se queda el socialista Benoît Hamon con un 6,35%.

Europa respira con cierto alivio tras el voto de los franceses en la primera vuelta de las presidenciales. A los postulados antieuropeos de Le Pen se opondrá Macron, quien defiende una UE fuerte y apuesta por el eje franco-alemán frente a los guiños de la líder del Frente Nacional al líder ruso, Vladimir Putin.

Macron apeló «a la renovación de la vida política» y abogó «por la reconstrucción europea»

Macron se presenta como el líder que puede «llevar a Francia al siglo XXI». Ante sus fieles, habló de «la Francia de patriotas que hacen frente a la amenaza del nacionalismo». Dijo que «el reto no es votar contra nadie, sino romper hasta el final con un sistema incapaz de resolver nuestros problemas desde hace 30 años». Aseguró que «el desafío es abrir una nueva página en la Historia de Francia».

Macron pidió el voto y la confianza para ser «un presidente que protege, transforma y construya». Apeló a «la renovación de la vida política» y abogó por «la reconstrucción europea».  Agradeció a los que han apoyado este último año el movimiento En Marche por haber ayudado a «cambiar el rostro político de Francia».

En el polo opuesto, Le Pen defiende su “Francia primero”, lema de un repliegue que en EEUU postula Donald Trump y que llevó al triunfo del Brexit en el Reino Unido. Le Pen reconoció, en su cuartel general, que «el resultado es histórico» (7,6  millones de votos) y apeló «a todos los franceses» a unirse a su candidatura. Afirmó que Francia tiene «la oportunidad histórica de frenar la globalización salvaje». Le Pen se presentó como «la candidata del pueblo» frente a las élites y propuso la «gran alternancia y la renovación fundamental». Terminó su alocución cantando La Marsellesa.

Francia tiene «la oportunidad histórica de frenar la globalización salvaje», afirma Marine Le Pen

Son dos outsiders a la manera francesa. Le Pen lleva en política desde hace casi dos décadas. Macron ha sido ministro de Economía en el gobierno del presidente saliente, el socialista François Hollande, pero se presenta como un recién llegado a la política. Defiende una postura integradora, que pretende sumar  “lo mejor de la izquierda, de la derecha y del centro”.

Macron puede convertirse en el próximo presidente de Francia sin haber sido antes elegido para cargo alguno. A sus 39 años, sería el más joven de la Historia. El llamado «frente republicano» se ha puesto ya en marcha para impedir que Marine Le Pen llegue al Elíseo. Los otros candidatos, como ya lo hizo el socialista Benoît Hamon, al reconocer su derrota, y el conservador François Fillon apelarán a votar a Macron. «Es un hombre con suerte», preveía el intelectual Jacques Attali, que le conoce bien.

Marine Le Pen emula a su padre, Jean-Marie Le Pen, que también logró pasar a la segunda vuelta hace 15 años. Contra el conservador Jacques Chirac, perdió la carrera al Elíseo abrumadoramente, por 82,21% frente a 17,79%.

También chocará con el muro republicano Marine Le Pen, dado que Macron es el candidato que menos rechazo produce pues es liberal en economía, del gusto de los conservadores, progresista en lo social, lo que agrada a la izquierda, y europeísta, lo que tranquiliza a los mercados.

Como suele decir Marine Le Pen, se libra en la segunda vuelta una lucha entre «mundialistas y proteccionistas», más allá de la diferencia entre izquierda y derecha.  El éxito del Frente Nacional tiene que ver con la corriente populista que viene de EEUU con Donald Trump y que en el Reino Unido condujo al triunfo del Brexit, y a su vez con la transformación que ha experimentado la formación que creó Jean-Marie Le Pen en 1972.

Marine Le Pen, en el proceso, se desembarazó de la sombra de su padre, con quien mantiene una relación ambivalente. Ahora parece que han superado la rivalidad que creció al echar a su padre del partido en 2015. En esta campaña, Jean-Marie ha donado seis millones de euros a su hija. El progenitor se quejaba el domingo en Twitter de que no hubiera carteles de la líder del FN en los colegios electorales en el extranjero. “Es una metedura de pata absolutamente lamentable”, dijo el ex líder del FN.

El candidato socialista, Benoît Hamon, y el conservador, François Fillon, piden el voto por Emmanuel Macron

Los grandes perdedores de la primera ronda de las elecciones presidenciales en Francia son los partidos tradicionales, socialistas y conservadores. El candidato socialista, Benoît Hamon, ex ministro de Educación en el gabinete de Hollande, se ha quedado muy lejos de tener opciones de llegar al Elíseo. Ni siquiera contaba con el apoyo de sus correligionarios como el ex primer ministro, Manuel Valls, que hizo público su respaldo a Emmanuel Macron.

Hamon comparte postulados con Jean-Luc Mélenchon, si bien el líder del movimiento Francia Insumisa, es antieuropeísta, prorruso y populista. Mélenchon ha logrado un gran éxito en esta campaña electoral, ya que ha rozado el paso a segunda vuelta con un 19,6% y más de siete millones de votos. Mélenchon lamentó una segunda vuelta «entre dos candidatos que representan las instituciones tradicionales». El líder de Francia Insumisa no se sumó al frente anti Le Pen.

Un tercer puesto para el candidato de los Republicanos, François Fillon, 19,91%, es una derrota en toda regla. Fillon era el favorito para suceder a Hollande hasta que emergió el escándalo de los empleos ficticios de su esposa Penelope, el llamado Penelopegate. Muchos conservadores saltaron del barco y finalmente su desgaste se ha notado en las urnas.

Durante la jornada la atención estuvo centrada en la participación, que llegó al 78,69%, pese a que la creciente desafección con los políticos había hecho temer que los franceses se abstuvieran en mayor medida. “Francia es históricamente el país político por excelencia, un país que cree en la  política. Ahora se siente frustrada e incómoda. Sin duda, será uno de los países de Europa occidental más osados a la hora de intentar cambiar de paradigma”, afirma Guillermo Graíño, profesor de Teoría Política en la Universidad Francisco de Vitoria.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales se ha celebrado por primera vez con el país en estado de emergencia, decretado tras los atentados de París de noviembre de 2015. A sólo tres días de las elecciones un policía resultó abatido en plenos Campos Elíseos en un ataque reivindicado por el autoproclamado Estado Islámico.  Más de 50.000 policías y gendarmes se movilizaron el domingo para asegurar que las votaciones en los 67.000 colegios en todo el país se desarrollaran con normalidad.

El sistema electoral a dos vueltas, instaurado por el general Charles de Gaulle en 1962 para evitar que los extremistas accedan al poder, ha funcionado hasta ahora y parece que seguirá haciendo de muro de contención del populismo.

De hecho, son cuatro vueltas las que se celebran en Francia, donde hay elecciones legislativas en junio. Un presidente sin apoyo de la Asamblea Nacional verá su capacidad de acción muy limitada. Será el punto débil de Macron, que no cuenta todavía con suficientes dirigentes para cubrir las 577 circunscripciones.

Los franceses suelen votar en primera vuelta con el corazón y en la segunda con la cabeza. En esta ocasión se han dividido entre un candidato que representa el  sueño de la razón y una madre de la patria aferrada a los miedos.