Reconciliación con Antonio Hernando -el mayor de sus traidores, el que más le dolió; apoyo explícito a los presidentes autonómicos socialistas -a pesar de su derrocamiento y de sus ataques; candidaturas de unidad en las listas de delegados al congreso federal; traspaso de poderes cordial con Mario Jiménez; reunión institucional con Javier Fernández, colaboración con la Gestora en Ferraz hasta el congreso federal, mensajes de concordia en los medios de comunicación…

Pedro Sánchez quiere dejar de ser Pedro El Cruel, apodo que le endosó Felipe González en abril para reprocharle sus críticas a las puertas giratorias tras la política. El nuevo secretario general quiere ser Pedro El Magnánimo, el que se distingue de sus oponentes precisamente por el trato que ofrece al discrepante.

Este viernes, Sánchez volvió al Congreso de los Diputados para lanzar un mensaje de tranquilidad al grupo socialista, al que ha animado a seguir trabajando y a pasar página del enfrentamiento vivido en su seno desde el 1 de octubre y, especialmente, con motivo de la abstención socialista en la investidura de Mariano Rajoy.

«No nos comportamos como ellos, es un claro elemento diferenciador», señalan en su equipo, que ha hecho bandera de esta actitud hacia sus adversarios en las primarias. Ese espíritu conciliador busca terminar con cualquier acusación de revanchismo o purga hasta el congreso federal del 17 y 18 de junio. Entonces, cuando Sánchez cuente con una dirección del partido leal, comenzará realmente la nueva etapa del PSOE.

Hasta entonces, su equipo ve necesario acabar con cualquier suspicacia. Lejos de la actitud de la Gestora, que purgó a los diputados sanchistas de los órganos parlamentarios, el secretario general mantiene a la dirección del grupo socialista y conserva a Antonio Hernando en ella, a pesar de haber tenido que nombrar a un portavoz provisional, José Luis Ábalos, precisamente por la dimisión preventiva de Hernando, que optó por marcharse el mismo domingo de las primarias antes de que lo echaran.

Erró en sus previsiones. Pedro Sánchez no tiene previsto echar a nadie, sino renovar profundamente el PSOE  con un proyecto innovador que aspira a disputar a Podemos el liderazgo de la izquierda y el apoyo de los movimientos sociales. Para lograrlo, Sánchez necesita que el congreso federal le salga bien, sin disidencias internas. Y en ese objetivo está completamente centrado su equipo.

Para restituir esa «unidad», Sánchez ha garantizado su apoyo a todos los presidentes autonómicos socialistas, a pesar de que ninguno de ellos le apoyó en las primarias. El futuro de todos ellos como secretarios generales dependerá en buena medida en su capacidad de colaboración con la nueva dirección federal.

De momento, todos ellos han entendido el mensaje y se han puesto a disposición del secretario general con listas de integración de delegados salvo Andalucía, donde Susana Díaz sigue digiriendo su derrota. El primero ha sido el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, que el miércoles mantuvo una conversación telefónica «bastante agradable» con Sánchez, a cuya disposición se ha puesto «para construir un proyecto ganador, alternativo y capaz de dirigir los destinos de este país en el futuro».

Fernández Vara se integra, Javier Fernández se marcha y Susana Díaz se enroca

En una entrevista en La Sexta, Fernández Vara ha respaldado la idea de Sánchez de dejar a los barones territoriales fuera de la Ejecutiva porque eso le permitirá «dedicarte plenamente a tu tierra, que es lo que yo creo que se nos debe exigir a quienes estamos al frente de instituciones, y porque eso facilita también en el Comité Federal poder tener voz propia, y a mí me gusta poder tenerla».

Por su parte, Javier Fernández, presidente de Asturias y de la Gestora del PSOE, ha anunciado que no optará a la reelección como secretario general de la Federación Socialista Asturiana, que ha dirigido durante 17 años. Presidente del Principado de Asturias por segunda legislatura consecutiva, había descartado también volver a ser candidato a la reelección como jefe del Ejecutivo autonómico. Desde la derrota de Susana Díaz, no ha hecho declaraciones sobre las primarias.

Espadas en alto en Sevilla

Por su parte, la presidenta andaluza sigue asimilando su nueva situación. De cara al público, la presidenta escenifica que se está adaptando rápidamente a su nueva situación y se centra en Andalucía, pero mantiene las espadas en alto. De hecho, mientras Díaz asegura a los periodistas que ha enterrado el susanismo y promete lealtad al secretario general, sus lugartenientes se revuelven contra los ganadores de las primarias.

Su número 2, Juan Cornejo, secretario de Organización, se niega a reunirse con los sanchistas como ocurre en el resto de territorios, y el propio padrino político de Susana Díaz, Fernando Rodríguez Villalobos, presidente del PSOE de Sevilla, ataca públicamente a los representantes del secretario general en Andalucía. Esa actitud es prácticamente un reto hacia Pedro Sánchez, que puede encontrar en esta comunidad la única resistencia a su proyecto de pacificación y unificación del PSOE.

La cuestión no es baladí. De los 1.035 delegados que debatirán el rumbo del PSOE durante el congreso federal, 255 son andaluces. Una actitud de rebelión frente al proyecto de Sánchez dificultaría notablemente la puesta en marcha de su nuevo modelo de partido y socavaría la expresión de unidad que Pedro El Magnánimo pretende trasladar en este cónclave.