Pedro Sánchez va encajando todas las piezas del complicado puzzle que supone confeccionar la nueva Ejecutiva del PSOE, su dirección parlamentaria y órganos como el Comité Federal. El secretario general está escuchando a los miembros de su equipo pero guarda un mutismo absoluto sobre sus intenciones. Este encaje, la integración de miembros de las candidaturas de Patxi López y Susana Díaz y la recuperación de todos los referentes del partido para que se sumen a su proyecto está generando las primeras tensiones en el sanchismo, que poco a poco se adapta a su vuelta a la oficialidad.

El primer foco de conflicto aparece en la portavocía parlamentaria. Inicialmente, Sánchez había confiado esa tarea a la diputada asturiana Adriana Lastra, aunque de forma provisional había recaído en José Luis Ábalos por pertenecer a la dirección del grupo. El diputado valenciano -que no permitió que Sánchez tirara la toalla y le organizó su primer acto en Xirivella- estaba llamado a ser secretario de Organización, pero ese destino se le complica día a día.

Las reticencias de Lastra a ocupar la portavocía, dado su perfil marcadamente orgánico, ponen en riesgo ese plan y obligan al secretario general a buscar un «encaje alternativo» para la dirección parlamentaria. El propio Ábalos así lo ha asumido el martes por la mañana en Los Desayunos de TVE, cuando ha admitido que será el portavoz parlamentario si Sánchez se lo encarga, aunque tiene «otras preferencias». «Estoy entregado», ha reconocido. Su prueba de fuego como portavoz tendrá lugar el próximo martes, cuando defienda la abstención socialista en la moción de censura al presidente del Gobierno presentada por Unidos Podemos en el Congreso.

Los diputados del ‘no a Rajoy’ estarían inhabilitados para asumir la portavocía

La disyuntiva entre Ábalos y Lastra viene de la dificultad de Pedro Sánchez por encontrar a otro portavoz de su entera confianza en el grupo parlamentario. El resto de diputados sanchistas votaron ‘no’ en la investidura de Mariano Rajoy, contraviniendo el mandato del Comité Federal del partido. Tras esa indisciplina su autoridad sería cuestionado por el resto del grupo ante las decisiones comprometidas. Así se lo hizo saber Ciprià Císcar a Ábalos durante la primera reunión del grupo socialista tras las primarias, cuando recordó que los sanchistas defendían que no existía un mandato imperativo del PSOE sobre los diputados, como entonces defendieron los quince rebeldes del ‘no’.

Por este motivo, los parlamentarios más sanchistas, como Odón Elorza, Susana Sumelzo o Margarita Robles tienen dificultades para asumir la portavocía y se perfilan más para otros puestos, como la secretaría general del grupo. En ese perfil podría encajar la magistrada, que recibió los insultos de Miguel Ángel Heredia, hombre de Susana Díaz en el Congreso, que ocupa ese cargo.

Puente se autoproclama portavoz de una Ejecutiva «coral»

Precisamente la portavocía ha abierto otro conflicto, esta vez en el ámbito orgánico. El alcalde de Valladolid, Óscar Puente, llamado a ser otro hombre fuerte de la Ejecutiva, ha anunciado que será el portavoz de la dirección del partido. El propio José Ábalos confirmó esta información, aunque haciendo hincapié en el carácter «coral» y “de equipo plural” que Puente ya había anunciado, y que se asemeja a la candidatura en las primarias.

Estas tensiones se completan con la elección del nuevo presidente del partido, cuyo nombre sigue en el aire tras haberse barajado algunos como el del alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano, el de Cristina Narbona y el del ex ministro Josep Borrell. Sánchez podría utilizar este puesto para demostrar la reconciliación con referentes del PSOE alineados con Susana Díaz como Felipe González.

Esa incógnita podría empezar a despejarse en la inauguración del congreso federal el sábado 17, cuando se designe al presidente de la mesa del cónclave, que hará las labores de anfitrión e inauguración, tras la renuncia a intervenir del presidente de la Gestora, Javier Fernández. La negativa de la dirección provisional a concluir su mandato estos últimos diez días ha llevado a Sánchez a cambiar, incluso, el lema del congreso federal.