El congreso de entronización de Pedro Sánchez arranca sin emoción. La rendición del sector susanista y la contención de la euforia por parte del sanchismo aquietan un cónclave en el que no se va a decidir nada: la Ejecutiva ya está elaborada y el Comité Federal se distribuirá por cuotas territoriales en unas negociaciones que se desarrollan a lo largo de la tarde. Sólo una posible reunión entre Susana Díaz y Pedro Sánchez para negociar esas cuotas podrían animar un congreso frío en plena ola de calor.

Ni siquiera la felicidad de los sanchistas, con las manos libres para poner en marcha “el nuevo PSOE”, animan una reunión lánguida. El equipo de Pedro Sánchez evita provocaciones y reduce sus expresiones públicas de alegría. Las caras de los dirigentes susanistas y la frialdad de referentes como Felipe González o José Luis Rodríguez Zapatero, visiblemente incómodo en su encuentro con Sánchez, son suficientes para rebajar la euforia sanchista. Les cuesta mirarse a los ojos.

Tras renunciar a participar en el cónclave, el ex presidente González ha enviado un frío mensaje desde Colombia -donde participa en la verificación de los acuerdos de paz- en el que ni siquiera nombra a Pedro Sánchez. Le desea aciertos para que el PSOE remonte en una brevísima intervención. “Que tenga la mayor capacidad de acierto y de estrategia que nos devuelva el carácter de primera fuerza política española, porque España lo necesita y también la socialdemocracia europea”, ha destacado. “Para enviar eso mejor no hacer nada”, repetían los delegados en el congreso.

Por su parte, Zapatero instaba a “pactar con la gente” cuando los periodistas le preguntaban por la estrategia con Podemos y disimular su falta de conexión con Sánchez. Mientras, Susana Díaz cerraba cualquier puerta a una colaboración con Pablo Iglesias.

Tras presidir el último congreso federal y proclamar a Pedro Sánchez como secretario general en 2014, Susana Díaz ha ocupado una discreta posición en la fila 12 del auditorio, donde no ha dejado de reírse junto a su secretario de Organización, Juan Cornejo, especialmente durante la apasionada intervención del presidente del grupo socialista europeo, Gianni Pitella.

Su desinterés por el cónclave es tal que ni siquiera asistirá a su clausura. Fuentes cercanas a la presidenta han informado a Europa Press de que este domingo, después de las votaciones, Díaz se marchará a París para asistir a la Paris Air Show que comienza el lunes. Se saltará así un mitin de Pedro Sánchez tras la proclamación de la nueva Ejecutiva que se celebrará en Ifema, en las mismas instalaciones donde la baronesa presentó su candidatura a las primarias respaldada por todo el establishment del partido.

“Me va a parecer bien el equipo que elija porque se querrá rodear de los mejores para que el PSOE vuelva a ser la alternativa de gobierno en España”, ha declarado la presidenta andaluza a los periodistas.  “Ahora lo que toca es que el PSOE salga con ganas, con fuerza, para volver a ganar y ser la alternativa de gobierno que este país merece”, ha reiterado.

En cuanto a si el Partido Socialista debe explorar la posibilidad de una moción de censura contra Mariano Rajoy, ha señalado que a este cónclave “no se ha venido a hablar ni de Rajoy, ni de Podemos, sino del PSOE y de cómo sale fortalecido”. En ese sentido, suscribe “íntegramente” la intervención del portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, José Luis Ábalos, en la que dijo “con claridad” que no había “una mayoría alternativa”. Ignora así el artículo posterior del propio Pedro Sánchez en el que apunta esa posibilidad. “Dijo lo que vengo meses repitiendo y, como comparto lo que dijo porque es lo mismo que he dicho todos estos meses, yo estoy en esa posición”, ha insistido.

En esa línea, el susanismo vive este cónclave como algo ajeno. Muchos de sus dirigentes ya han abandonado el Palacio de Congresos de Madrid y no volverán hasta el domingo para la votación de la Ejecutiva. Consideran que el sanchismo no les da el espacio que merecen y prefieren no participara ni en la nueva dirección federal ni en el congreso que la elige. Así se sentirán libres de cualquier responsabilidad en la nueva deriva del partido y podrán ofrecerse como salvadores en caso de una nueva debacle electoral.

Ésa es la nueva hoja de ruta de la presidenta, deliberadamente al margen de la Ejecutiva de Sánchez, una actitud muy diferente de la que mantuvo tras la primera proclamación del secretario general, cuando intentó tutelarlo. Al comprobar que Sánchez reclamaba su autonomía, inició un pulso interno que duró dos años y culminó con su derribo de la Secretaría General en el Comité Federal del 1 de octubre. Ahora, tras una derrota sin paliativos en las primarias, Díaz no tiene otra opción que apartarse y confiar en que el destino le brinde una tercera oportunidad de llegar a Ferraz. “Todavía tiene que encajar el golpe. Y esperar a que a éstos se les baje un poco la euforia para poder hablar con ellos”, explica una persona muy cercana.

Mientras tanto, los miembros de la Gestora, que tenían previsto protagonizar junto a Díaz este congreso, también se mantienen al margen. Declinan hacer declaraciones y han abandonado la sala a toda velocidad tras la inauguración. Javier Fernández y Mario Jiménez han estado en primera fila, pero apartados de la nueva dirección socialista y los ex secretarios generales, incluidos Alfredo Pérez Rubalcaba y Joaquín Almunia. El economista José Carlos Díez ha acudido un rato como invitado y Eduardo Madina -si ha asistido- no se ha dejado ver.