La cena secreta entre Pablo Iglesias y Oriol Junqueras, adelantada por El Confidencial, ha hecho saltar por los aires la posibilidad de emprender una negociación tranquila para un pacto electoral en Cataluña en las elecciones posteriores al referéndum del 1 de octubre. La reunión entre los líderes de ERC y de Podemos tenía por objetivo asegurar los apoyos para una moción de censura contra Mariano Rajoy y explorar una alianza electoral en Cataluña que incluya a Podemos, ERC y la CUP. El alza de Esquerra Republicana en las encuestas y la proximidad de la consulta del 1-O ha hecho que los republicanos pongan coto a la especulación y pongan condiciones a un posible acuerdo.

Es lo que expresaba Joan Tardá, portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados: “Conozco el alma de Esquerra Republicana de Cataluña y afirmo que nunca investirá gobierno que no autorice referéndum ni gobernará con quien no llame a participar el 1-O”, señalaba el diputado en su cuenta de Twitter. Tardá establecía así dos principales requisitos para un acercamiento con el partido de Iglesias, que hasta ahora ha evitado posicionarse a favor del referéndum convocado por Carles Puigdemont.

La postura de Podemos hacia el referéndum ha tenido sus vaivenes y ha sido objeto de polémicas entre el partido a nivel estatal y Podem, su federación catalana. La base política es compartida: todos piden convocar una consulta pactada con el Estado y defienden que poner urnas nunca puede ser delito. El problema llega cuando esta tesis abstracta se pone sobre el terreno. Es lo que ha ocurrido con el referéndum ilegal del 1-O.

La dirección de Podem, liderada por Albano Dante Fachin, se ha mostrado abiertamente a favor de asumir esta fecha clave en el calendario catalán como una forma de movilización, y no ha dudado en pedir a los militantes de Podemos que acudan a votar como una forma de contestación al Gobierno del PP. La corriente Anticapitalista de Podemos, liderada por Miguel Urbán y Teresa Rodríguez, también se posicionaron a favor del referéndum de Puigdemont y señalaron que se trataba de un “derecho democrático fundamental”.

El líder de Podemos dio un toque de atención a los considerados ‘anticapis’ tras su manifiesto y desautorizó a la dirección catalana en este punto, mostrándose expresamente en contra de la participación en el 1-O: “Si yo fuera catalán, no iría a votar el 1-O”, dijo. Tras estas divergencias, Dante Fachin afirmó públicamente que Iglesias le había pedido su dimisión.

Ahora, unos meses después de estos desencuentros, puede que sea Iglesias el que tenga que volver a las tesis de la dirección catalana si quiere contar con el respaldo de ERC en futuros comicios y en una hipotética moción de censura emprendida por el PSOE. Es lo que sugería el portavz adjunto de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, en sus redes sociales. El diputado catalán compartía una noticia por la que los socialistas abogaba por retirar las urnas en caso de delito, y añadía un comentario en el que mencionaba directamente a la formación de Pablo Iglesias: “Será divertido cuando vengan con P’s (Podemos) a pedirnos apoyo”.

Las opciones de acuerdo entre ERC y Podemos se plantean después de que la coalición al frente de la Generalitat, Junts pel Sí -formada por ERC y PdeCat-, haya quedado completamente rota tras las diferencias entre republicanos y convergentes, más evidente conforme se ponía en marcha la hoja de ruta del procés-. A esta ruptura se suma la mejora en las encuestas de ERC, que ha fagocitado al votante de PdeCat. El partido de Puigdemont, según el último CIS de julio, es una quinta parte de lo que supone en intención de voto la formación de Oriol Junqueras. En un escenario tan favorable, los republicanos quieren hacer uso de su poder de negociación para alcanzar un acuerdo con Podemos, al que quieren arrancar su apoyo al referéndum del 1-O.