El Independiente

Así se fraguó el acuerdo Rajoy-Sánchez: Tres meses de diálogo y trabajo “codo con codo”

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez.

Día 29 de mayo de 2017. Hace una semana que Pedro Sánchez ganó las primarias del PSOE y todavía no ha recibido la felicitación del presidente del Gobierno. Tras un mensaje perdido -que uno dijo mandar y el otro aseguró no haber recibido- finalmente Sánchez llama por teléfono a Rajoy. Se trata de una conversación “fluida y normal” con un tema principal: Cataluña. El referéndum independentista va cogiendo forma y los líderes de los principales partidos se emplazan para hacer frente común a la amenaza.

9 de junio. Carles Puigdemont anuncia con gran solemnidad desde el Pati dels Tarongers del Palau de la Generalitat en Barcelona, sede del Gobierno autonómico, la fecha y la pregunta del referéndum, que incluye las palabras Estado y república. ¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?, planteará a los catalanes el 1 de octubre.

6 de julio. Mariano Rajoy recibe a Pedro Sánchez en la Moncloa. A pesar de sus desencuentros previos y su mala relación desde que el líder socialista llamó “indecente” al presidente del Gobierno en un debate electoral, la reunión transcurre cordialmente. Tanto que dura dos horas y media, un tiempo impensable después de los escasos 20 minutos que se soportaron la penúltima vez que se vieron, en febrero, cuando se negociaba la investidura.

“Hasta el 1 octubre hay tiempo para encauzar la situación entre los gobiernos e iniciar una iniciativa legislativa para que no haya un choque de trenes. España y Cataluña no pueden esperar más”, asegura Sánchez tras el encuentro, poniendo las bases de una negociación que aún no ha terminado, y que incluye las medidas del artículo 155 que se podrían activar si Puigdemont culmina su desafío al Estado.

El miércoles, tras una larga reunión con Rajoy que comenzó a medianoche, Sánchez anunció los términos de un acuerdo fraguado en tres meses de negociación y “trabajo codo con codo”, según fuentes cercanas al secretario general. La interlocución se producía entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición; entre Patxi López, responsable de Política Federal del PSOE, y la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría; y entre la portavoz parlamentaria, Margarita Robles, y el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido.

“Hemos hablado muchísimo estas semanas y hemos creado un espacio de diálogo, de conversación franca, en la que hemos sido muy conscientes de la situación de crisis que atraviesa nuestro país, y en esas conversaciones se ha normalizado mucho la relación entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición”, confesó en Onda Cero el miércoles, admitiendo que la sintonía entre ambos ha mejorado tanto que el presidente del Gobierno incluso le ha enseñado la Moncloa durante sus encuentros secretos. A Sánchez le interesó especialmente la sala donde celebraba Felipe González su Consejo de Ministros.

En su declaración institucional de ese día, Sánchez anunció que el PSOE “acompañará” a Mariano Rajoy en la activación del artículo 155 de la Constitución que podría suspender competencias en Cataluña y que en seis meses comenzará la comisión parlamentaria que reformará la Constitución “para que Cataluña se quede en España”. Advirtió además de que será Puigdemont quien apretará “el botón” del 155. “El presidente del Gobierno se ha comprometido a pactar conmigo las medidas”, aclara luego en una entrevista.

“Pedro no estaba de parranda ni de perfil. Estaba trabajando con discreción y prudencia, como hay que hacer en estos casos”, señalan desde su equipo. “Se le ha criticado desde la ignorancia, llevamos tres meses trabajando codo con codo con el Gobierno”, asegura un alto responsable del PSOE, una labor especialmente intensa “desde agosto”, según fuentes cercanas al secretario general.

La vieja guardia socialista criticó la reprobación a la vicepresidenta mientras el PP callaba

En todo ese tiempo, han arreciado las críticas internas a Pedro Sánchez, especialmente de veteranos dirigentes, desde Alfonso Guerra hasta un grupo de históricos que le escribió una carta pública, mientras el PP guardaba silencio sobre sus movimientos. Ni una sola crítica a la votación del grupo socialista en contra de la moción de Ciudadanos para expresar el apoyo al Gobierno frente al desafío independentista. Ni una palabra sobre la propuesta de reprobación a la vicepresidenta del Gobierno por el fracaso a la hora de evitar el referéndum.

El PP ha callado sobre las maniobras de Sánchez para desmarcarse del Ejecutivo mientras ambos negociaban cada respuesta a cada escenario posible, siempre con la reforma de la Constitución como apuesta socialista para dar cabida al diálogo. Especialmente sorprendente ha sido ese silencio cuando Margarita Robles anunció el 3 de octubre una iniciativa para reprobar a Soraya Sáenz de Santamaría. Un día antes, Sánchez y Rajoy habían estado reunidos en la Moncloa y nada hacía presagiar un golpe de mano tan duro.

Ese anuncio volvió a dividir al PSOE y al grupo parlamentario, que anunciaba una nueva rebelión. Mientras los socialistas lo censuraban, el PP guardaba silencio. ¿Por qué? “La única responsable de que el 1 de octubre hubiera un millón de personas que depositaran algo parecido a una papeleta en algo parecido a una urna es Soraya Sáenz de Santamaría, y el Gobierno lo sabe”. Así de contundente lo explican en el entorno del secretario general, que excluyen de esa responsabilidad al presidente del Gobierno y al ministro del Interior. “Su operación diálogo en Cataluña y el trabajo del CNI ha sido un fracaso. El presidente nos decía que no iba a haber urnas porque ella se lo decía a él”, justifican en el PSOE. El martes, antes de que Sánchez compareciera anunciando sus acuerdos con Rajoy y la reforma de la Constitución, el grupo socialista retiró esa reprobación.

La modificación de la Carta Magna ha sido un importante espaldarazo interno a la gestión de la crisis catalana por parte de Pedro Sánchez, ya que la reforma constitucional era la base de la Declaración de Granada presentada en 2013 por Alfredo Pérez Rubalcaba y José Antonio Griñán -entonces secretario general y presidente del PSOE, respectivamente- para afrontar el aumento del soberanismo catalán.

Lo que no consiguió poner en marcha Rubalcaba, a pesar de su gran sintonía con Rajoy, lo ha logrado Sánchez en apenas tres meses de segundo mandato en el PSOE. Todos los sectores críticos del partido, incluido el belicoso PSOE andaluz, así se lo han reconocido.

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