El mismo escenario por los mismos motivos por tercera vez en un año. El PSOE afronta otra ruptura de su grupo parlamentario la semana próxima con su propuesta de reprobación de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Al igual que en la investidura de Rajoy en octubre del año pasado y en la moción de Ciudadanos del pasado 19 de septiembre, el apoyo del PSOE al Gobierno sigue dividiendo al partido. Como ocurrió en esas dos ocasiones, esa iniciativa puede acabar con desobediencias y diputados votando contra las órdenes de Ferraz, como ya hizo Susana Díaz en el Parlamento andaluz la semana pasada.

Diputados críticos con Pedro Sánchez, no sólo de Andalucía, así lo advierten. No entienden la propuesta de Ferraz para reprobar a la vicepresidenta por el “fracaso” del Gobierno en Cataluña en un momento en el que creen que hay que comprometerse y mantener la unidad frente a los separatistas. “¿Sales de reunirte con Rajoy en la Moncloa y anuncias esto?”, se preguntan. Acusan a Ferraz de navegar en una “equidistancia” incomprensible para el conjunto de la ciudadanía y de sobreactuar con iniciativas como la reprobación de la vicepresidenta para intentar desmarcarse del Gobierno.

“Va a ser muy difícil que yo vote eso”, explican diputados que participaron en el conato de motín que se produjo en el patio del Congreso el mes pasado, cuando Sánchez ordenó por teléfono desde Ferraz a su portavoz parlamentaria, Margarita Robles, que el PSOE votara contra la moción de Ciudadanos que ofrecía apoyo al Gobierno frente al desafío independentista. “Nadie lo entiende, ni siquiera Margarita, que la pobre está en medio”, aseguran.

En este punto, resucitan todos los argumentos que se utilizaron contra Sánchez para justificar su derribo en el PSOE hace un año: gestión cesarista y presidencialista muy similar a la de Pablo Iglesias en Podemos; cortoplacismo y tacticismo trufado de golpes de efecto y ausencia de un proyecto concreto y estrategia a largo plazo que muestre una coherencia en las iniciativas.

A estos reproches se suman dos debilidades del flamante secretario general. La primera es su ausencia del Congreso de los Diputados, que le hace dirigir el grupo parlamentario a golpe de teléfono. El hecho de usar intermediarios para trasladar sus argumentos y las claves que maneja Ferraz dificultan la comunicación entre el líder del partido y los representantes de los ciudadanos elegidos en las listas del PSOE.

En segundo lugar, la laxitud de Sánchez a la hora de tolerar insubordinaciones hace que los diputados críticos se envalentonen. Tras la ruptura de la disciplina de voto en la moción de Ciudadanos para apoyar al Gobierno, tres de los cuatro díscolos aseguraron que se trataba de un error, a pesar de sus dilatadas trayectorias parlamentarias. Ferraz dio por buena esa explicación aunque nunca la creyó.

Algo parecido ocurrió la semana pasada, cuando Ferraz decidió dar por buena la explicación del PSOE andaluz de que había alcanzado un acuerdo con Ciudadanos para modificar la moción de apoyo al Gobierno que no se pudo materializar por el rechazo de Podemos en el Parlamento andaluz. Sin ganas de pelear contra Susana Díaz, el secretario general admitió esa justificación de la insubordinación consumada por la federación andaluza, que se mantiene en rebeldía de Ferraz desde que Pedro Sánchez ganó las primarias.