Durante años el PP ha apelado al criterio de lista más votada para la conformación de gobiernos en el ámbito autonómico y local… hasta las elecciones del 21 de diciembre próximo. Desde la sede nacional de los populares defienden, por un lado, no sólo la legitimidad de intentar un ejecutivo alternativo al independentismo, aunque ERC resulte la triunfadora, sino, incluso, admiten que el juego de alianzas no dé necesariamente la presidencia de la Generalitat a la formación constitucional que coseche el mayor respaldo en las urnas.

“El concepto de lista más votada será irrelevante. Además, la más votada será ERC”, señalan desde el cuartel general de Génova. Eso significa que, a partir de ese momento, los populares entienden que serán los acuerdos, en función de la aritmética parlamentaria, los encargados de definir si hay más posibilidades de que gobierne Inés Arrimadas o Miquel Iceta -dando por hecho que su candidato, Xavier García Albiol, puede quedar lejos de ambos- en caso de que el bloque constitucionalista sume lo suficiente, cosa que cuestionan.

No tendría sentido respaldar a un candidato que carece de apoyos para salir investido”, afirman en relación a Arrimadas

Primero, el PP defiende que “no tendría sentido respaldar a un candidato que carece de apoyos para salir investido, y todo suponiendo que Ciudadanos, PSC y PP sumaran, que lo dudo mucho”, dice un miembro del “núcleo duro” de la dirección nacional. Esto significa que “la clave está en Podemos”, agrega en referencia a la candidatura encabezada por Xavier Domenech para la confluencia En Comú Podem. De hecho, la formación morada es subalterna en dicha alianza y carece de potestad para marcar la estrategia postelectoral, que corresponde a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

Y a nadie se le escapa en Génova que, obligados los “comunes” a respaldar a un presidente constitucionalista, antes darían su voto, o su abstención, al socialista Iceta que a la “naranja” Arrimadas. Y ante ese escenario, “Arrimadas lo tendrá difícil para no apoyar a Iceta”. En definitiva, no descartan una situación casi calcada a la que se produjo en el conjunto de España tras las elecciones generales del 20 de diciembre con el intento de investidura de Pedro Sánchez. Estamos  prácticamente ante los mismos actores, esto es, PSOE, Ciudadanos y Podemos, pero con algunos cambios de papel.

Para que el PP apoye a Arrimadas “primero tiene que tener el respaldo de Iceta”

El escenario ideal para Iceta sería gobernar con Domenech y Arrimadas, bien con una fórmula de coalición o con un acuerdo de legislatura. El socialista ya dijo que pactaría con quien le hiciera nuevo inquilino del despacho del palacio de la plaza Sant Jaume, incluso aunque Arrimadas fuera la más votada de los tres candidatos, tal y como apuntan prácticamente la totalidad de los sondeos sobre intención de voto.

¿Y qué haría el PP mientras tanto? Si su concurso no fuera necesario para sumar mayorías parlamentarias, quedaría liberado para ejercer de oposición al nuevo gobierno. No obstante, correría el riesgo de la irrelevancia política ante el papel que, en ese caso, jugarían los republicanos de ERC, principalmente, y el PDeCat.

En caso de que se necesitara de su concurso para llevar en volandas a Iceta a la Generalitat, parece que ésta sería la menos mala de sus opciones, dado que, tal y como ha publicado El Independiente, los populares prefieren hacer presidente al socialista, con el que no comparten clientela electoral aunque coincidan en la defensa de la Constitución, que a una candidata, Arrimadas, a partir de la cual Albert Rivera construya un peldaño más en su escalera ascendente.

Cs no cederá la presidencia si es la más votada

Y para que el PP apoye a la candidata de Ciudadanos, “primero tiene que tener el apoyo de Iceta”. Esto permite aventurar que los populares dejarán que sean Iceta y Arrimadas los que hagan los primeros movimientos si se abre al puerta a un gobierno no independentista en Cataluña. Desde la formación “naranja” dejan muy claro que no cederán la presidencia autonómica si la actual líder de la oposición en Cataluña es la más votada de los tres partidos constitucionales, en claro aviso a las pretensiones del socialista.

La semana que viene se conocerán sondeos del CIS y el CEO tras la ruptura de la alianza entre ERC y el PDeCat

El lunes o martes de la próxima semana se conocerán dos sondeos fundamentales coincidiendo con el arranque de la campaña en la noche del lunes al martes. Se trata del barómetro preelectoral del CIS y el del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat, CEO. El último estudio del CEO, conocido a finales de octubre, volvía a dar un triunfo en escaños, que no en votos, al independentismo en una horquilla que les permitía revalidar la mayoría absoluta. Bien es cierto que dicha encuesta valoraba las posibilidades electorales de la coalición Junts pel Sí, ahora rota, con un porcentaje de participación similar al de 2015, el 75 por ciento, que, siendo alto, parece que puede quedarse muy por debajo del previsto para el 21-D.

El constitucionalismo aspirar a movilizar a esa parte del electorado catalán que sólo acude a las urnas en elecciones generales y se desentiende de las autonómicas. Pero para que haya algo parecido a un vuelco, esta participación debe acercarse al 82 por ciento. Y, a partir de ahí, cabe preguntarse si lo que fue imposible tras el 20-D, al punto de llevar a una repetición de elecciones, podría materializarse en una versión “a la catalana” o los constitucionalistas pueden confiar en sus propias fuerzas para poner punto y final a cinco años de procés y alejar el fantasma de otros comicios que nadie se atreve a descartar del todo.