No prevé el Ejecutivo grandes despliegues informativos y/o políticos la noche del 21-D. El principio de perfil bajo con el que se está aplicando la intervención del Gobierno de la Generalitat se extenderá a la jornada electoral, donde no se dejarán ver ni ministros ni, siquiera, secretarios de Estado de los departamentos afectados como Interior, Economía o Secretaría de Estado para la Comunicación.

Mucho tienen que cambiar las cosas para que la tarea de informar sobre la marcha del día, esto es, los índices de participación, posibles incidentes, escrutinio y proclamación de resultados, no queden en manos del Delegado del Gobierno, Enric Millo, y del secretario general técnico del Ministerio del Interior, Juan Antonio Puigserver, que se hizo cargo de la consejería del todavía encarcelado Joaquim Forn.

El mallorquín Puigserver se ha convertido en una de las piezas más valiosas del 155

Fuentes de Moncloa resaltan que la noche electoral es tarea «de la Generalitat, monitorizada por la Administración General del Estado y el 155», y que el «perfil bajo» escogido «no permite» una gran presencia de miembros del Ejecutivo central. Incluso se considera contraproducente tras la estrategia independentista de extender una negra sombra de duda sobre la limpieza de la jornada, un riesgo de «pucherazo», que sirve de argumento preventivo en caso de que los votos no les den la suficiente mayoría como para volver al gobierno de la Generalitat, tal y como apunta el CIS o el último sondeo interno del PP, adelantado por El Independiente.

El mallorquín Puigserver se ha convertido en una de las piezas más valiosas de la aplicación del 155. Su aterrizaje en la Consejería de Interior ha servido a modo de bálsamo en el cuerpo de los Mossos, señalado por los acontecimientos del 1 de octubre. Desde Moncloa destacan también su condición de catalanoparlante para reforzar a Millo en la noche electoral, aunque curiosamente, las competencias electorales recaen en la consejería de Economía desde los tiempos de Oriol Junqueras, que se quedó para sí la organización de consultas y elecciones.

La presencia de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, se da por descartada por mucho que sea la «molt honorable» en funciones después de que Mariano Rajoy hiciera recaer en ella los cometidos de la presidencia autonómica. Lo impide, insisten las fuentes consultadas, «ese perfil bajo no, bajísimo, junto al guante de terciopelo que se está usando».

Una intervención en grupo pequeño y por el garaje

Ponen como ejemplo algunas de las situaciones que se vivieron en los primeros días tras la destitución del Gobierno autonómico. Apenas tres personas de la administración general del Estado aterrizaron en Barcelona. A Puigserver hay que sumar al secretario de Estado de Administraciones Territoriales, Roberto Bermúdez de Castro, y se optó por no nombrar un ministro especial para Cataluña tal y como se barajó en un principio en coversaciones con PSOE y Ciudadanos. En algunos casos se entró a la sede de las consejerías por el garaje «para no herir sensibilidades», tal y como el propio Bermúdez de Castro narró a los senadores en su comparecencia del pasado lunes en la Cámara Alta.

«Les hubiera gustado que fuéramos en 100 autobuses a ocupar las consejerías y fuimos tres personas; yo pisé una dependencia y entré por el garaje para que nadie pudiera sentirse turbado», explicó uno de los más estrechos colaboradores de Sáenz de Santamaría. Su comparecencia sirvió para apelar a la normalidad de la gestión ordinaria, donde no se han producido choques ni con los altos cargos nombrados por la administración independentista ni con los funcionarios. De hecho, espetó al portavoz de ERC que «la gestión del día a día acatando el 155 la están llevando ustedes, todos sus directores generales acatan el 155».

La vicepresidenta comparece en el Senado el 18, tres días antes de las elecciones

El lunes 18 le tocará dar cuenta ante los senadores a Sáenz de Santamaría,  cuya comparecencia ha sido criticada por producirse apenas tres días antes de la cita electoral como si pudiera tener algún impacto en el sentido del voto de los catalanes. Muy probablemente la vicepresidenta no cuente con el tono moderado que los portavoces del PdCat y ERC sí tuvieron con Bermúdez de Castro. De hecho, son habituales sus enfrentamientos con el ex convergente Josep Lluis Cleries en las sesiones de control al Gobierno en la Cámara Alta y todo apunta a que, esta vez también, el catalán elevará el tono.