Pablo Iglesias y Ada Colau durante la campaña de las autonómicas de 2017. EFE

Política

Iglesias pasa de defender a Puigdemont y los presos políticos a repudiar a la derecha del procés

Podemos trata de digerir su caída al vacío en Cataluña. De aspirar a ser decisivos a la irrelevancia. De ser el partido más votado en las últimas elecciones generales a convertirse en la quinta fuerza política del Parlament. De presumir del «ayuntamiento del cambio» de Ada Colau a lograr sólo un 9,33% de los votos en Barcelona, quedando también en quinto lugar, frente al 23,94% registrado por Inés Arrimadas.

La victoria arrolladora de Ciudadanos -partido al que Iglesias desprecia intelectual e ideológicamente- ha tenido varios efectos en la formación. En su dirigencia causa incomprensión que su propuesta de gobierno de izquierdas (ERC, PSC y Catalunya en Comú-Podem) siga resultando tan poco seductora. En los cuadros territoriales genera alivio que Podemos no se vea en la tesitura de dar el gobierno a un independentista o provocar una repetición de elecciones, como ocurrió con las generales y como amenazaba Iglesias. En las menguantes bases del partido el desaclabro produce cierta indiferencia.

A ese conglomerado contribuye el último bandazo de Pablo Iglesias, el único líder nacional que no ha valorado públicamente los resultados de las catalanas más allá de un mensaje en la red social Twitter que cambia todo su discurso sobre Cataluña hasta ahora. Después de haber mantenido una gran simpatía con la causa independentista, defendiendo la negociación bilateral entre Carles Puigdemont y el Estado cuando la Generalitat había declarado la independencia, Iglesias tacha ahora a JxCat de «derechas» y lo equipara con Ciudadanos.

«Liderazgo de derechas en el procesismo y liderazgo de la derecha reaccionaria en los monárquicos», asegura el secretario general en su único análisis público sobre su apuesta en Cataluña. «Somos oposición y futuro», concluye Pablo Iglesias, que hasta el 21-D anunciaba la entrada de los comunes en el Govern como el inicio del desalojo de Mariano Rajoy de la Moncloa.

Después de la consulta ilegal del 1 de octubre, y mientras la Generalitat se saltaba las resoluciones del Tribunal Constitucional para dar pasos hacia la declaración de independencia, Iglesias siempre responsabilizó del conflicto al Gobierno del PP, exculpando al ex president catalán, Carles Puigdemont, y su Govern del choque institucional.

El 10 de octubre, cuando Puigdemont declaró la independencia para suspenderla acto seguido, el PSOE renunció a mantener su oferta de diálogo con la Generalitat al sentirse engañado por el president. PP, PSOE y Ciudadanos allanaban el camino a la intervención frente al «chantaje» y el «desafío» independentista, que Iglesias todavía negaba.

«El president de la Generalitat no ha declarado hoy la independencia, no ha habido DUI», aseguró el líder de Podemos en el Congreso ese día. Iglesias advertía que una declaración de independencia no satisfaría las «justas y legítimas aspiraciones» del pueblo catalán a decidir su futuro. «Creo que corresponde agradecer al president Puigdemont haber actuado con sensatez, a pesar de que su decisión provocará decepción en algunos de sus partidarios. Nunca hemos estado de acuerdo con Puigdemont ni  con su partido, pero hoy corresponde agradecer la sensatez que ha demostrado», aseguraba Iglesias. Acto seguido, reiteraba su exigencia a Rajoy para que dialogara con el Govern y le pedía que no atendiera a los “exaltados” de Ciudadanos que pedían el 155. Después de que Puigdemont no necesite a los comunes para gobernar, Iglesias lo equipara a esos «exaltados» de Ciudadanos.

Después de que Puigdemont culminara su desafío negándose a convocar unas elecciones que detuvieran la aplicación del 155, el propio Iglesias ha presentado un recurso ante el Tribunal Constitucional contra esa intervención reclamando que el Govern destituido fuera respuesto. En ese proceso, Iglesias y Ada Colau se han posicionado siempre en defensa de los ex consellers encarcelados, a los que han considerado «presos políticos», incluidos Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, y defendiendo el discurso victimista del independentismo que acusaba al Estado de represor.

El 2 de noviembre, después de que la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela accediera a la petición de la Fiscalía y decretara prisión provisional incondicional para los ex consellers acusados de delitos de rebelión, sedición y malversación, Iglesias los defendía.

“Me avergüenza que en mi país se encarcele e opositores», aseguró en Twitter, a pesar de que los encarcelados no estaban en la oposición catalana sino que formaban parte del Govern. Se trataba de buena parte del gabinete cesado de Carles Puigdemont, con su vicepresidente Oriol Junqueras, que sigue en prisión, y los ex consejeros Jordi Turull, Raül Romeva, Joaquim Forn (también encarcelado aún), Meritxell Borràs, Carles Mundó, Josep Rull y Dolors Bassa. “No queremos la independencia de Cataluña pero hoy decimos: libertad presos políticos”, aseguraba el líder de Podemos.

Pablo Echenique, secretario de Organización del partido, se ha mostrado aún más contundente y ha relacionado las detenciones con el nazismo. “Mira, justo lo que pedían los neonazis a las puertas de la Audiencia Nacional. Más gaoslina, más irresponsabilidad, más odio”, criticaba el dirigente de Podemos acompañado por la noticia de las detenciones. “Día negro para Cataluña. El govern escogido democráticamente en las urnas, a prisión. Frente común para conseguir liberar a los presos políticos”, instaba Ada Colau.

Habrá que esperar hasta el CIS electoral de enero para comprobar el desgaste sufrido por Podemos en el resto de España durante la crisis catalana. La principal analista sociológica de la formación, Carolina Bescansa, ha advertido en numerosas ocasiones sobre ese perjuicio. Pero Iglesias confiaba en que un gobierno con Domènech le daría la razón frente a los agoreros internos.

Hasta Izquierda Unida, consciente de ese daño, se ha desmarcado de la estrategia de Iglesias y se ha postulado contra el independentismo negando la existencia de presos políticos en España. Su secretario general, Alberto Garzón, ha realizado la misma lectura que Iglesias, lamentando  la derrota de la izquierda y el auge de la derecha en Cataluña.

La única valoración oficial del partido hasta ahora, ofrecido por la diputada y portavoz Noelia Vera, insiste en los términos del mensaje de Iglesias, que elude cualquier autocrítica y culpa a la polarización. Tanto la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) como la aplicación del artículo 155 de la Constitución son los culpables de la radicalización en el voto, según la dirección de Podemos. Ni la complicidad con el soberanismo ni la ambigüedad sobre la defensa de la legalidad ni la apuesta por el referéndum pactado ha pesado en el fracaso de la coalición con los comunes de Ada Colau, según Podemos.

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