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Urbán advierte a Podemos de que el reto es "no convertirse en un partido relámpago"

El fundador de Podemos analiza el desarrollo del partido en su cuarto aniversario y urge a recuperar la autonomía territorial, frente al reglamento que desmantela la estructura municipal morada

El eurodiputado de Podemos Miguel Urbán, que ha encabezado la marcha por la capital.

El eurodiputado de Podemos Miguel Urbán, que ha encabezado la marcha por la capital. EFE

Podemos está de aniversario. Este miércoles el partido cumple cuatro años desde que Pablo Iglesias presentó su candidatura para las elecciones europeas en el Teatro El Barrio del barrio madrileño de Lavapiés. En el acto también participó uno de sus fundadores, Miguel Urbán, líder de la corriente Anticapitalista de la formación que ahora hace un análisis de su existencia y que advierte de que uno de los retos de Podemos es «no convertirse ni en un partido “relámpago” ni en un partido más que caiga en la tentación de la auto-moderación que nuestros adversarios nos quieren imponer».

En un análisis en el diario Público, Urbán da cuenta de la «transformación» que ha sufrido Podemos en su corta vida, desde que en 2014 plantara la primera batalla electoral a la que siguieron las municipales y las dos elecciones generales. El eurodiputado, que en Vistalegre II apostó por la movilización frente a las instituciones, recuerda las dudas que le planteó la estrategia en los inicios: «Algunos criticamos entonces que poner todos las energías en un asalto institucional fulgurante, renunciando a una complementaria construcción interior y periférica en paralelo más pausada y sólida, corría el riesgo de debilitar los pilares de ese “cambio político” en marcha. Hoy ya nadie duda en Podemos de que la “máquina de guerra electoral” por sí sola no bastaba.

En este punto, el líder de Anticapitalistas, que en los últimos meses ha experimentado importantes tensiones con la dirección estatal del partido, reconoce el «agotamiento casi natural de todo efecto novedad», y advierte de «dos peligros más endógenos que deberían preocuparnos: parecernos al resto de partidos y dejar de ser una herramienta de ruptura». «Pero la impugnación ya no basta. Aquel “que se vayan todos” sigue siendo hoy una condición necesaria, sí, pero no suficiente».

Urbán lanza también un mensaje en clave interna y llama a Podemos a volver a ser un movimiento, después de que su estructura haya virado hacia el esquema tradicional. «No ser “un partido más” implica, entre otras cosas, no compartir programa con quienes quieren cambiarlo todo para no que no cambie nada», advierte. «Pero la mejor forma de no parecernos a “la casta” es parecernos por dentro y por fuera al cambio que queremos ver y para el que queremos ser una palanca más dentro de una amplia caja de herramientas», opina el dirigente, tras los cambios realizados por el secretario de Organización, Pablo Echenique, y el nuevo reglamento que ha desmantelado la estructura municipal de Podemos. «La ilusión se recupera echando raíces en el territorio, anclándonos en las luchas sociales respetando su autonomía», advierte. «Y ahí no valen atajos».

Urbán reconoce la pérdida de épica de Podemos. Algo que ya advirtió Carolina Bescansa, otra de las fundadoras del partido hoy purgada. «El cambio político y social, cuando es transformador, tiene más de profano que de épico». En este punto, Urbán llama a un «Podemos tan impugnador como propositivo, con los pies en el barro y la mirada en los cielos. Trabajando con otros actores para generar instituciones de clase autónomas, auto-organización popular y recuperar el desborde ciudadano. Este puede que sea uno de los principales retos de que tiene Podemos en el próximo periodo para no convertirse ni en un partido “relámpago” ni en un partido más que caiga en la tentación de la auto-moderación que nuestros adversarios nos quieren imponer».

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