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Iñigo Errejón carga contra la izquierda tradicional y su “fábrica de mediocridad”

El dirigente reivindica sus tesis un año después de Vistalegre 2 en el prólogo del libro 'La superioridad moral de la izquierda"

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Iñigo Errejón carga contra la izquierda tradicional y su “fábrica de mediocridad”
Iglesias y Errejón, en el Congreso.

Iglesias y Errejón,durante un pleno en el Congreso. EFE

Resumen:

El secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político alza la voz un año después del congreso en el que fue relegado y lo hace para cargar contra la izquierda tradicional y retomar el eje en que centró su campaña: el concepto de “transversalidad”, el pragmatismo político para convertir ideales en realidades sociales. Lo hace en el prólogo del libro recién publicado de Ignacio Sánchez-Cuenca, La superioridad moral de la izquierda (Lengua de trapo, 2018), donde deja entrever sus diferencias con la actual línea del partido.

Errejón apela “la primera temporada de Podemos”, que nació con “la voluntad expresa de ir más allá de las etiquetas ‘izquierda’ y ‘derecha'”. Esta primera etapa concluyó precisamente hace un año, en el congreso estatal. Desde entonces el partido ha experimentado un viraje hacia la izquierda y ha emprendido campañas para remarcar su perfil de oposición. Este refuerzo identitario de la izquierda es una de las características de la izquierda más criticadas por Errejón.

“Seguramente el rasgo más distintivo de quienes se reivindican de izquierdas es la cantidad de tiempo, energías y salud que gastan en definirse, reivindicarse y batallar con otros por el título”. “La izquierda podría así definirse como aquel colectivo que fundamentalmente discute sobre la izquierda”.

“Las izquierdas generalmente han preferido regañar y repartir las culpas antes que plantearse estas preguntas”, critica Errejón, que pasa a describir algunas conductas que en los últimos tiempos han sido reproducidas por Podemos: “Han tachado de falsa conciencia a identidades políticas duraderas (…), se quejan de los medios de comunicación, de traiciones de sus vecinos y de su propio pueblo por no parecerse a los pueblos que salen en los manuales”.

“Si la verdad preexiste a la política, esta tiene dificultades para encajar el pluralismo o el disenso”, sostiene el candidato madrileño, que apunta a que “la primera víctima del estrechamiento del pluralismo, el disenso o el pensamiento libre es el talento”. Para Iñigo Errejón, en estos casos “la competencia entre las mejores ideas se sustituye por la lealtad y el terrible oficio de posicionarse siempre del lado que sopla el viento. Esto convierte a los actores o regímenes políticos en fábricas de mediocridad y, a la postre, de derrota”.

 

Un año después de la Asamblea de Podemos, Iñigo Errejón vuelve a reivindicar su perfil propio dentro del partido. La victoria de las tesis duras de Pablo Iglesias frente al posibilismo del ex número dos llevó a Errejón a un silencio forzado que sólo se ha roto en los últimos meses, con acciones puntuales en la Comunidad de Madrid, donde será el candidato en las autonómicas de 2019. El secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político alza la voz de nuevo para cargar contra la izquierda tradicional y volver a uno de los ejes que centró su campaña: el concepto de “transversalidad”, la capacidad para convertir ideales políticos en realidades sociales. Lo hace en el prólogo del libro recién publicado de Ignacio Sánchez-Cuenca, La superioridad moral de la izquierda (Lengua de trapo, 2018), donde también deja entrever sus diferencias con la actual línea del partido.

“¿Por qué los buenos no ganan (casi) nunca?”, se pregunta el candidato de Podemos en la Comunidad de Madrid

El diputado de Podemos, que presentará el libro este jueves en la Universidad Carlos III, analiza las razones que explican la difícil relación entre la izquierda española y la victoria electoral. A lo largo de unas pocas páginas -algo más de una veintena-, Errejón pone el dedo en los errores históricos de las fuerzas de izquierda, incapaces a su juicio de aterrizar sus ideales y transformarlos en cambios efectivos. Esta fue una de las tesis que ya abanderó en Vistalegre II, donde primó la interacción con otros partidos como el PSOE para aprobar iniciativas al purismo ideológico de Iglesias. Estas diferencias se hicieron patentes tras las elecciones de 2015, cuando el entonces número dos se mostró partidario de favorecer la investidura de Pedro Sánchez para desbancar a Mariano Rajoy del Gobierno. Iglesias se impuso entonces en su ‘no’ a la investidura, con la consiguiente repetición de elecciones y la pérdida de un millón de votos de Unidos Podemos.

El candidato de Podemos en la Comunidad de Madrid comienza su exposición apelando al origen de Podemos, que nació con “la voluntad expresa de ir más allá de las etiquetas ‘izquierda’ y ‘derecha'”. Una concepción que pertenece a “la primera temporada de Podemos”, admite el dirigente, que apuntilla: “Tal vez lo recuerden”. Esta primera etapa de Podemos concluyó precisamente hace un año, en el congreso estatal. Desde entonces el partido ha experimentado un viraje hacia la izquierda y ha emprendido campañas polémicas -como la del tramabús– para remarcar su perfil de oposición. Este refuerzo identitario de la izquierda es una de las características de la izquierda más criticadas por Errejón.

La izquierda podría definirse como aquel colectivo que discute sobre la izquierda”, ironiza Errejón

“Seguramente el rasgo más distintivo de quienes se reivindican de izquierdas es la cantidad de tiempo, energías y salud que gastan en definirse, reivindicarse y batallar con otros por el título”, señala Errejón, en una referencia que bien podría aplicarse a la batalla Podemos-PSOE por enarbolar esta bandera. “La izquierda podría así definirse como aquel colectivo que fundamentalmente discute sobre la izquierda”, ironiza el dirigente morado. En un momento dado de la reflexión reconoce también que los adversarios de Podemos están “hoy más relajados ante un cierto regreso de las palabras de siempre”, en una referencia velada al nuevo Podemos y a la vuelta de Iglesias a los símbolos tradicionales de izquierda.

“¿Por qué los buenos no ganan (casi) nunca? ¿Cómo consiguen los privilegiados, que son minoría social, ganar para sus ideas una mayoría política?”, reflexiona el dirigente. “Las izquierdas generalmente han preferido regañar y repartir las culpas antes que plantearse estas preguntas”, critica Errejón, que pasa a describir algunas conductas típicas de las fuerzas de izquierdas que en los últimos tiempos han sido también adoptadas por Podemos: “Han tachado de falsa conciencia a identidades políticas duraderas (…), se quejan de los medios de comunicación, de traiciones de sus vecinos y de su propio pueblo por no parecerse a los pueblos que salen en los manuales”.

Uno puede caminar y hablar como Napoleón sin que sea necesario haber ganado una sola batalla”

“La izquierda, precisamente por sentirse portadora de ideales universales y moralmente superiores, a menudo da la verdad por constituida, de manera que la tarea de la política revolucionaria sería proclamarla o revelarla”. En este punto, Errejón se refiere a la “grandilocuencia y a veces soberbia” de las fuerzas de izquierda en sus posicionamientos públicos y advierte de la falta de conexión entre esta firmeza en los planteamientos y su traducción real. “Así que uno puede caminar y hablar con Napoleón sin que para ello sea necesario haber ganado una sola batalla ni tan siquiera disponer de un ejército”, valora. En este punto, se refiere a la izquierda tradicional como “una cultura política en la que el peso de los argumentos no depende directamente de su capacidad probada para incidir en la realidad”, continúa, “una cultura política con una relación cuando menos conflictiva con la victoria”.

Este empeño de la izquierda por mostrar una verdad preexistente, considera el diputado, desprende otra consecuencia: “Una considerable rigidez a la hora de llegar a acuerdos y compromisos o adaptarse a situaciones cambiantes”. “Con la verdad no es lícito transaccionar ni ser flexible: la verdad se realiza”, ironiza Errejón, que pasa a advertir uno de los males que él mismo ha sufrido dentro de la organización, detallando que “este moralismo ha dado lugar a que la historia de la izquieda, por bellas que sean sus ideas, sea también un largo camino de sectarismo y purgas”.

“Si la verdad preexiste a la política, esta tiene dificultades para encajar el pluralismo o el disenso”, sostiene el candidato madrileño de Podemos, que apunta a que “la primera víctima del estrechamiento del pluralismo, el disenso o el pensamiento libre es el talento”. Para Iñigo Errejón, en estos casos “la competencia entre las mejores ideas se sustituye por la lealtad y el terrible oficio de posicionarse siempre del lado que sopla el viento. Esto convierte a los actores o regímenes políticos en fábricas de mediocridad y, a la postre, de derrota”.

El dirigente critica también la tendencia de la izquierda que consiste en “investigar y desvelar esos ‘auténticos intereses’, romper todos los velos que lo ocultan, que engañan a las masas, y les producen ‘falsa conciencia'”; todo ello en detrimento de la posibilidad de “articular la voluntad general de la sociedad” para conseguir una distribución más equitativa del poder. Estas alusiones a los “intereses” ocultos y al carácter profético de la izquierda en su interés por desvelar las verdades absolutas podría evocar a las últimas estrategias del nuevo Podemos, que ha pivotado sobre el concepto de Trama, del que la formación ha hecho miniseries, autobuses, pines y movilizaciones para explicar cómo se tejen estos hilos.

Las corrientes más burdas de la izquierda entroncan con un cierto milenarismo”

Uno de los objetivos de esta izquierda tradicional, continúa, consiste en “al menos ser coherentes y resistentes hasta que el paso del tiempo, la crisis terminal del capitalismo o la vileza de los adversarios acaben por hacer caer todas las máscaras”. “En eso las corrientes más burdas de la izquierda entroncan con un cierto milenarismo y confianza del advenimiento del gran día”. “Si uno entiende la política como la realización de una verdad ya constituida, puede contentarse con proclamarla”.

Frente a esta visión, Errejón defiende la política “como la construcción de verdades compartidas en condiciones dadas que no se eligen” y que debe dar una “batalla cultural, estética e intelectual” para construir una “voluntad colectiva”, advirtiendo que “es una pugna cotidiana, nunca definitiva y cambiante”. En este sentido, se refiere a la derecha, con “una flexibilidad más cínica” que le ha permitido ahorrarse algunas batallas y centrarse en la “disputa del sentido común”. “El interés general no existe en ningún sitio esperando ser revelado: es una victoria política”. A su juicio, el reto de la izquierda es convertir estas “verdades morales” en “verdades de su tiempo”. “Un actor que renuncia a dar la lucha por construir la voluntad general es un actor siempre subalterno”, critica Errejón, que advierte que estas fuerzas irán “a remolque y en el margen que le dejen quienes sí construyen la visión del mundo que su sociedad tiene”.

En este sentido, otorga cierto reconocimiento al PSOE y a su origen en un movimiento obrero que “supo levantar una comunidad de afectos y esperanzas, de adversarios compartidos, de ideas complejas sintetizadas en imágenes extremadamente sencillas”. “En definitiva -continúa- se convirtió en un actor de construcción del pueblo en torno a sí”. “De manera reveladora, todas las experiencias revolucionarias exitosas de la familia socialista se han dado donde el sujeto popular era más heterogéneo, con menos peso relativo a la clase obrera”. En este sentido, el dirigente reafirma las tesis defendidas en Vistalegre II y acude para ello a una de sus figuras de referencia: “Gramsci señalaba que una idea era ‘históricamente verdadera’ en la medida en que se ‘convierta concretamente, es decir, histórica y socialmente, en universales'”.