Las voces discrepantes dentro de Podemos han hablado de un referéndum «innecesario», de una consulta «peligrosa» y de un movimiento para cargar sobre los hombros del partido el peso de una decisión personal: abandonar los barrios populares para trasladarse a un chalet con jardín y piscina en la sierra de Madrid. Pablo Iglesias e Irene Montero han querido aplacar las críticas internas por la incoherencia política de su acción activando de inmediato a su núcleo duro, con mensajes perfectamente coordinados en redes sociales para desvirtuar la consulta interna que ellos mismos han convocado.

Desde este martes hasta el domingo los inscritos de Podemos deciden, sobre el papel, si el secretario general y su número dos son dignos de sus cargos y mantienen la coherencia para ejercerlos. En realidad, la consulta se ha planteado en términos maximalistas para articular un falso dilema: Pablo Iglesias o Eduardo Inda. El objetivo de la guardia pretoriana de Iglesias es que no se hable sobre el tema de fondo, que no se recuerde la hemeroteca en la que el dirigente morado abogaba por no abandonar nunca Vallecas, ni encastillarse lejos de la gente en búnkeres sociales. Que no se escuchen las posturas reivindicativas de Kichi o Alberto Garzón, y que el debate se centre sólo en las supuestas «cloacas mediáticas» que han destapado la compra del chalet.

En un primer momento, la estrategia de comunicación fue errática. A destacar el tweet en el que Juan Carlos Monedero tiraba de calculadora para acabar deduciendo que Iglesias y Montero pagarían una letra de 500 euros por su chalet de 600.000. Para mayor sorpresa de parte de las bases del partido, el fundador de Podemos no sólo retorcía los números -después tuvo que rectificar-, sino que lanzaba un alegato contra el alquiler y a favor de la hipoteca ciertamente alejado del que el partido ha defendido de la mano de asociaciones como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).

Ante el colapso numérico, el argumentario giró rápidamente hacia un concepto base: se puede ser de izquierdas y tener una buena casa, con jardín y piscina en una urbanización acomodada de la sierra de Madrid. Una argumentación lógica pero a la que los críticos podían contraatacar fácilmente.

Bastaba con tirar de hemeroteca para subrayar las numerosas veces en las que el propio Pablo Iglesias había insinuado que no. En las redes sociales, pero también mientras hacía footing con Ana Rosa Quintana o departía en El Hormiguero con Pablo Motos. Fue el secretario de Organización del partido, Pablo Echenique, uno de los encargados de poner voz a esta línea de argumentación en los medios.

Todavía inefectiva, la estrategia dio un cambio radical. Siendo débil el discurso por el peso de la hemeroteca, por las ventajosas condiciones en las que se concedió la hipoteca por parte de la Caja de Ingenieros y por la contestación interna desde los sectores más afines a Anticapitalistas e Izquierda Unida, principal socio electoral del partido morado, fue el momento de dejar de hablar del chalet. Ya sólo tocaba hablar de la noticia misma, de la que han dado cuenta todos los medios de comunicación, pero que fue en un principio adelantada por el digital de Eduardo Inda, OkDiario. 

Se empezó a subrayar, de forma paralela a la convocatoria de la consulta interna sobre el futuro político de Iglesias y Montero, la «campaña de acoso» contra ambos, se recuperó del cajón terminológico «la máquina del fango» y el responsable de Comunicación del partido, Juanma del Olmo, marcó la pauta en Twitter: con Podemos en España se está haciendo exactamente lo mismo que Berlusconi hizo en Italia en los años 90 con jueces y fiscales. Elevar supuestas anécdotas a noticia con el único objetivo de sembrar dudas y menoscabar la credibilidad, obviando que el propio partido ha hecho de la hemeroteca y las contradicciones de sus rivales una de sus principales armas comunicativas.

El hilo de Juanma del Olmo lo compartieron numerosos altos cargos de la formación, entre ellos el propio Echenique. Y sus líneas maestras se convirtieron en el eje básico de la comunicación del partido: lo único importante sobre la compra del chalet es que la publicó OkDiario, el mismo medio que a principios de mes fotografió a Montero e Iglesias a la salida del hospital con una ecografía en la mano de sus futuros hijos.

«Los medios esta semana han puesto un cartel como esos de SE BUSCA en el Oeste: Inda paga recompensa de 15.000€ para los que PERSIGAN las vidas privadas de Pablo Iglesias e Irene Montero. De momento los han perseguido hasta el hospital y han publicado la foto de su ecografía», tuiteaba Del Olmo.

De ahí en adelante esa imagen, publicada dos semanas antes que la información sobre el chalet, se ha convertido en el argumento perfecto para desacreditar todo el debate sobre el fondo y convertir el plebiscito sobre la continuidad de Iglesias y Montero en una disyuntiva entre los líderes del partido o la basura periodística.

La estrategia marcada por el responsable de Comunicación se ha seguido con fidelidad espartana. «Cuando la basura de OkDiario publica fotos de la ecografía de tus hijos, fotos cuando sacas a los perros, cuando vas a un restaurante, no es extraño que quieras retirarte fuera de las miradas. Esa basura está envenenando la convivencia en España y el acoso se hace insoportable», argumentaba Juan Carlos Monedero. «Sinceramente el nivel al que han llegado las cloacas del Estado y Eduardo Inda es repugnante. Ha sobrepasado todos los límites. Todas las personas tenemos derecho a la privacidad. No todo vale con Podemos», añadía la portavoz adjunta del partido en el Congreso, Ione Belarra.

A ese carro se han subido todos. «En situaciones como estas, yo no tengo dudas: apoyo a Pablo e Irene», escribe en Facebook José García Molina, secretario general del partido en Castilla-La Mancha y destacado pablista: «Nunca nos lo han puesto fácil y eso esta claro que no va a cambiar. Que se le va hacer; le pese a quien le pese, seguiremos trabajando para cambiar nuestro país y las vidas de sus gentes. Dejo para otros la política troll y la caricatura distorsionada que no conoce límites».

Más duro era Pablo Fernández, su homólogo en Castilla y León: «El estulto e ignorante Eduardo Inda debería lavarse la boca con jabón antes de intentar emitir un sonido para criticar a Irene Montero y a Pablo Iglesias. Es lo que tiene ser un pobre diablo, y un miserable».

La estrategia ha funcionado, al menos de puertas hacia adentro. Combinada con la oportuna convocatoria de la consulta, de resultado previsible, ninguna de las voces críticas con la sobreactuación se atreve a defender un ‘No’ en el particular referéndum sobre el futuro de los líderes. Sería, por un lado, contestar a una sobreactuación con otra. Y por otro, posicionarse con el demonio en una pregunta que ya no tiene nada que ver con la carga ideológica tras la hipoteca del chalet. O nuestros líderes u OkDiario.

Los críticos sólo han encontrado como escapatoria a la pinza promover la abstención para deslegitimar la instrumentalización del partido con fines personalistas, como denunció originalmente el diputado madrileño Isidro López. Sin embargo, la estrategia comunicativa también tiene respuesta para esto y ya promueve las bondades de la consulta, que da voz a las bases y por ende a la democracia, frente al caudillismo que achacan al resto de partidos políticos del ámbito nacional.

Promover la desmovilización en la consulta es, en este marco, casi una ofensa al espíritu de Podemos, una traición a sus líderes y una concesión a la derecha y la vieja política pese a que son precisamente las alas más radicales y anticapitalistas del partido las que critican el movimiento en un tono elevado. De acuerdo a estas voces, primero se trató de distorsionar la compra del chalet con una consulta; después de distorsionar la consulta misma; y se prepara el terreno para hacer lo propio con los resultados. Por si acaso, ni Iglesias ni Montero han querido establecer este lunes cuál sería un límite de participación aceptable.