Albert Rivera ha sido el gran perjudicado durante la moción de censura. No ha perdido un gobierno como Rajoy pero el protagonismo que ha tenido hasta ahora puede desvanecerse y quedarse en tierra de nadie. Una vez sabido que Pedro Sánchez contaba con el apoyo de los grupos suficientes para echar a Rajoy del Gobierno, todos los dardos y las acusaciones han ido dirigidas al líder de Ciudadanos. PSOE y PP han tachado al presidente naranja de desleal en varias ocasiones y la bancada popular estallaba en aplausos y abucheos cada vez que Rajoy o su portavoz Rafael Hernando descalificaban al partido de Rivera.

Pero desde que lidera las encuestas, Ciudadanos ya ha tenido que lidiar con este tipo de acusaciones. Lo peor para la formación viene ahora: pasa de ser el socio de investidura con poder para presionar al Gobierno a ser solo la cuarta fuerza política sin poder de decisión en un gobierno de izquierdas. Y el origen, para muchos, está en un primer error del líder de Ciudadanos: amenazar con su propia moción de censura.

Ciudadanos se queda ahora en tierra de nadie, con 32 escaños y como cuarta fuerza política en un gobierno de izquierdas

Desde que se conoció la sentencia de Gürtel, la maquinaria de todos los partidos se puso en marcha para echar a Rajoy, presidente de un partido imputado, del Gobierno. Podemos fue el primero en pedir a los socialistas una moción de censura ofreciéndoles su apoyo. Éstos, tras casi 24 horas sin manifestarse, dieron el primer paso hacia esta medida sólo un día después. Pero Ciudadanos, socio del PP hasta entonces, dio por roto el acuerdo sin mayor negociación. Avisó de que no se sumaría a la moción del PSOE dado que estaba apoyada por los partidos separatistas e iba a terminar en un gobierno de Pedro Sánchez. En su lugar, exigió a Rajoy que dejara el cargo y convocara elecciones para no seguir con un gobierno cuyo partido ha sido condenado por corrupción por primera vez en la historia. De lo contrario, anunció, apoyaría una moción de censura «instrumental» o promovería la suya propia para convocar elecciones.

Esta contundencia ha sido determinante a juicio de los populares para que Sánchez haya desbancado Rajoy. Denuncian que, por su culpa, aludiendo que «la legislatura está liquidada» y anunciando una posible moción de censura, hizo cambiar la postura del PNV y decantar así la balanza a favor del PSOE. Precisamente el partido vasco, que tomó la decisión de sumarse a la censura horas antes de la votación, argumentó este jueves en un comunicado los motivos de su apoyo a la iniciativa de Sánchez. Uno de ellos hacía referencia a la “inadmisible” falta de asunción de responsabilidades en el PP por el caso Gürtel, pero a ello sumaba el anuncio hecho por Ciudadanos de romper la colaboración con el Gobierno de Rajoy, “lo que rompía la estabilidad conseguida con la aprobación de los presupuestos”.

Además, los peneuvistas lo último que querrían es dar al partido naranja cualquier tipo de peso y, si no se sumaban a la censura del PSOE, ésta no saldría adelante pero vendría otra detrás por parte de Podemos, cuyo objetivo, avalado por Rivera, sería ir a las urnas. Y en ese caso se arriesgaban a que el partido de Rivera viera las encuestas hacerse efectivas y peligrar su «cuponazo vasco», como lo llaman en Ciudadanos, así como cualquier beneficio a la autonomía vasca, por lo que puestos a elegir, la opción menos mala era un gobierno socialista, que no convocaría elecciones de forma inmediata y que respetaría los presupuestos negociados también por el PNV.

Es por ello que la formación naranja se ha convertido desde entonces en el centro de la diana. Durante la segunda jornada del debate, el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, acusó al líder de Ciudadanos de haber sido «colaborador necesario» de la moción de censura del PSOE por sus «acusaciones falsas» contra el Ejecutivo. Le reprochó además que haya «contribuido» a «desestabilizar» el Ejecutivo pidiendo elecciones anticipadas con la «colaboración mediática habitual» y ha señalado que ha sido su «deslealtad» con el Gobierno y el PP, con los que tenía un pacto de investidura, la que ha «allanado el camino» a Pedro Sánchez.

Futuro incierto

Con o sin culpa, la situación de Ciudadanos ha cambiado por completo en la última semana. De apuntarse el tanto de los Presupuestos «naranjas» y ser el principal apoyo del Gobierno en Cataluña y a la vez la piedra en el zapato por la corrupción, con todas las encuestas a su favor situándoles incluso como primera fuerza política de celebrarse elecciones inmediatamente, la formación naranja se queda ahora en tierra de nadie. Sus 32 escaños le dejan como cuarta fuerza política en un panomarama con un gobierno de izquierdas liderado por el PSOE y con un PP que ya ha avisado que hará una dura oposición, y no solo contra los socialistas, sino también contra Ciudadanos.

De esta forma, con un 155 ya disuelto en Cataluña y un nuevo Ejecutivo a nivel nacional sin perspectiva de próximas elecciones, el partido de Rivera corre el riesgo de ser el gran olvidado durante el tiempo que dure esta legislatura. Su voz ya no será relevante y eso puede reflejarse también en las encuestas. No obstante, el líder del partido se ha mostrado firme y ha asegurado que durante esta etapa que comienza, «de incertidumbre, inestabilidad y debilidad», Ciudadanos hará «una oposición firme, una oposición leal a los españoles», y preparará «un proyecto alternativo a ese Gobierno Frankenstein y al bipartidismo en general».

Uno de los aspectos que le ha recriminado Sánchez a Rivera durante la moción de censura es su discurso, basado simplemente a su juicio en el problema territorial de España. Una vez disuelto el 155 y con un nuevo Govern al frente de la Generalitat, Ciudadanos tendrá que cumplir la palabra de Rivera y marcar una nueva estrategia si no quiere pasar desapercibido en el nuevo mapa político.