Lo fueron todo. Disfrutaron de un enorme poder en el corazón del Estado y, de hecho, gobernaron el país. El sorayismo, ese grupo de dirigentes políticos, ministros, secretarios de Estado, subsecretarios, directores generales y abogados del Estado que capitaneaba Soraya Sáenz de Santamaría no ha tenido otra opción que adaptarse a los nuevos tiempos que marca el triunfo de Pablo Casado. La renovada dirección popular se felicita de haber superado la «fractura» que hubiera supuesto orillar a los perdedores del Congreso extraordinario popular. «El objetivo era evitar el modelo de Susana Díaz y Pedro Sánchez. Se acabó el sorayismo«, explica un miembro del núcleo duro genovés. Todos aquellos que se sumaron a las filas de la ex vicepresidenta, incluidos no pocos barones territoriales, han quedado integrados en el nuevo equipo, a excepción de ella misma y de su íntima amiga Fátima Báñez, con la que Casado está deseando poder contar.

Cuando este jueves se reunió el pleno del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso de los Diputados culminó el antepenúltimo capítulo del fin de una era en el PP. Quien fue secretario de Estado de Relaciones con las Cortes y director de gabinete de Mariano Rajoy en Moncloa, mano derecha de Santamaría, el eficiente José Luis Ayllón, aceptaba la vicepresidencia de la Comisión Mixta de Relaciones con la UE. Se le ofreció a finales de julio. Entonces declinó la oferta que ahora acepta y eso que sopesó dejar la política tras la moción de censura que descabalgó a Mariano Rajoy de la presidencia del Gobierno.  A quien pueda parecerle un «premio menor» cabe recordar que era la misma tarea que tenía encomendada Casado antes de ganar la guerra sucesoria.

Que quiere seguir, bien, que no quiere, no pasa nada. Lo que tiene que hacer es aclararse», dicen en Génova

Pero la cita se vio ensombrecida por el «plantón» que Santamaría dio al nuevo líder de los conservadores españoles. «Pocas veces encontrará tantas alfombras», dicen de manera harto gráfica las mismas fuentes consultadas en alusión a la disponibilidad de Casado para integrarla en la ejecutiva y ofrecerle la presidencia de una comisión parlamentaria. Ahora bien, «que quiere seguir, bien, que no quiere, no pasa nada. Lo que tiene que hacer es aclararse». Y mientras eso pasa, no son pocos en el PP los que opinan que su capacidad de integración es limitada al tiempo que le reprochan su escasa disponibilidad a encajar la derrota.

«Está de salida», dicen esta vez desde el Senado convencidos de que no le faltarán ofertas profesionales muy atractivas y bien remuneradas desde el sector privado, sólo a falta de cumplir o «interpretar» el calendario que la incompatibiliza por dos años. Eso nunca ha sido un problema. Y si no, que se lo digan a la también ex vicepresidenta, esta económica, la socialista Elena Salgado, que a los tres meses de salir del Gobierno fichaba por Endesa, eso sí, en Chile, lo que le permitió sortear la norma sin que se le moviera un pelo. También tiene Santamaría la opción de regresar a la abogacía del Estado, tema no menor, que diría Rajoy, quien, por su parte, no ha tenido ningún problema en volver a su antigua profesión de registrador de la propiedad.

Casado quiere contar con Báñez «y ella está deseando»

«Primero voy a hablar con Pablo», dijo el jueves en los pasillos del Congreso como toda respuesta sobre su futuro. En el entorno de Casado aseguran que no se ha puesto en contacto con el líder del partido para tener esa conversación, aunque la última vez que hablaron, tras la celebración del congreso popular, no faltaron tensiones tras exigir una cuota del 40 por ciento para su gente en los nuevos órganos.

El resto del sorayismo se une a la nueva mayoría. Cuando Pablo Casado se fundió en un abrazo con el andaluz Juan Manuel Moreno, más tarde con el castellanoleonés Alfonso Fernández Mañueco y después con el vasco Alfonso Alonso, todos ellos valedores de Santamaría en las primarias, se intentaba taponar la herida de la división. Aseguran de forma gráfica desde Génova que «no hay un barón territorial fuera, todos están en el ajo», en el proyecto del nuevo líder.

En cuanto a la ex ministra de Empleo Fátima Báñez -llamada a ser secretaria general del PP en caso de que Sáenz de Santamaría se hubiera hecho con las riendas del partido-, aseguran que es la primera que desea «ponerse a trabajar», pero espera una decisión de su antigua vicepresidenta, con la que le une una fuerte amistad. Íñigo Méndez de Vigo y Álvaro Nadal, otros dos ministros de las filas sorayistas, son presidentes de comisión parlamentaria mientras que Cristóbal Montoro está de salida. El que fuera titular de Fomento, Íñigo de la Serna, no es diputado, aunque tampoco tiene hueco en el organigrama popular.

La comparan con Esperanza Aguirre para disuadir a Casado de que opte por ella para Madrid

No obstante, para buena parte de miembros del equipo de Casado la marcha de la ex vicepresidenta sería la mejor de las noticias. Insisten en su falta de encaje, incluso en lo inapropiado de ponerle al frente de alguna candidatura madrileña en las elecciones de mayo del año que viene, bien al ayuntamiento o a la Comunidad. Aducen desde el PP de Madrid que no es una buena opción, entre otras cosas porque no alcanzó en esta región ni el 20 por ciento de los apoyos en la primera vuelta de las primarias. Eso sí, admiten que «somos militantes disciplinados, y si Pablo lo decide, haríamos campaña a su favor», pero, entusiasmos, los justos.

Una de las nuevas incorporaciones al organigrama popular alerta del peligro de darle algún resorte de poder y para ello recuerda la imposible «cohabitación» de Rajoy con Esperanza Aguirre. «Mariano tuvo que lidiar con ella y ese es un ejemplo de lo que no se tiene que hacer», avisa este profundo crítico con la ex vicepresidenta a la que reprocha las formas de ese plantón extemporáneo del pasado jueves. Otros usan el tándem Pedro Sánchez-Susana Díaz en su argumento contra una posible candidatura electoral.

Ni siquiera para el rebote

Ni siquiera justifican que Santamaría aguante a la espera de acontecimientos, en un mundo político sorpresivo donde los hechos mutan a una velocidad de vértigo. Porque en caso de que la «operación Casado» resultara frustrada, en ese rebote «la pelota no sería para ella sino para alguien que no tuviera que ver con Rajoy». Además, agregan, «sería muy difícil que en el partido la volvieran a apoyar sobre todo cuando, sin cuotas de poder, muchos de los que la respaldaron no se sentirían obligados a hacerlo». Coincide con otro dirigente en que ese rebote ya no es para la otrora todopoderosa vicepresidenta: «Sería para Núñez Feijóo», asegura tajante a pesar de la decisión del presidente de la Xunta de no presentarse a las primarias.

No dejan de ser futuribles en caso de catástrofe para el nuevo equipo que dirige el PP, convencido de que Santamaría no es ni la sombra de lo que fue. «Ha perdido interés, morbo. Ha dejado de representar una corriente que sólo es ella». Pero para carecer de interés, todos los ojos siguen pendientes de esa conversación con Casado que dirimirá sus futuros pasos.