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El periodista Rafa Latorre, autor de 'Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido'

PolíticaEntrevista a Rafa Latorre

“Todos los nacionalismos son malos”

Por cómo Rafa Latorre dice que, tras 19 años viviendo en Madrid, este año cumple “un año más como madrileño que como pontevedrés”, se nota que para este periodista gallego el lugar de nacimiento no es más que una circunstancia geográfica carente de mérito alguno. En  Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido. El autosacrificio catalán (Esfera de los Libros, 2018), uno de los libros de crónica política más vendidos en Amazon, analiza el independentismo en Cataluña como un taxidermista que se afana en exponer y estudiar una extraña criatura ibérica.

Latorre disecciona lo que llama “la realidad paralela en la que se instalaron gozosos millones de catalanes” en torno al referéndum del 1 de octubre de Cataluña. No quiere el columnista de El Mundo y colaborador (doy fe) de Más de Uno en Onda Cero que caiga en el olvido el “alud de mentiras” que alimenta el independentismo.

“La independencia es un sueño a medida del que lo sueña”, afirma Rafa Latorre

“La independencia es un sueño a medida del que lo sueña”, afirma Rafa Latorre para explicar por qué hace tiempo que los hechos dejaron de importar en este asunto. Aun así, su libro está lleno de ellos. También hay espacio en sus páginas para la Historia. Desde los orígenes de la bandera estelada concebida en La Habana tras la guerra del 1898 al nacimiento de la banda terrorista Terra Lliure en 1978; la importancia del carlismo y de la Iglesia católica en el nacionalismo; los mitos alrededor de la aprobación del Estatut al papel jugado por el PSC de Pasqual Maragall y aquel gobierno del president Montilla que ha convertido el término tripartito “en una palabrita de Lladró que nadie quiere para sí”; sin olvidar a Artur Mas, por supuesto, “el verdadero ingeniero del procés, que es quien entierra el cadáver del catalanismo conservador” y cómo el Molt Honorable “se va de rositas el 9N”.

Tener fe

Latorre no se resiste a aportar muchos datos, a sabiendas de que son inútiles para convencer a los creyentes de esta fe. “El discurso independentista es infalible porque contra la fe no se puede discutir“, afirma Latorre, que ve muchas similitudes entre el sentimiento religioso y el nacionalista. Para los fieles de la CUP, una República independiente será “una comuna anarcosindicalista”, igual que será “un New Hampshire mediterráneo para el convergente o una Noruega del sur para Esquerra”, ironiza el autor.

“El rapto de locura de Cataluña no es de la noche a la mañana”, afirma Latorre. “En 2012 sobreviene esa enfermedad de los ricos que es creerse pobre y se empieza a oír eso de ‘no podemos estar peor’, que es lo que verdaderamente me asusta. Es lo que emparenta el fervor religioso con el fervor independentista. La esperanza de tener una vida futura perfecta e irrealizable que te espera al otro lado.Y deciden que no tienen nada que vender.

Lleva también en sus páginas un glosario imprescindible de términos para no perderse y hasta una obrita de teatro del absurdo basada en hechos asombrosamente reales. Hay, además, mucha hemeroteca. Ejercen los recortes de periódicos como testigos presenciales de que todo esto que cuenta efectivamente ha ocurrido.

La palabra tripartito se ha convertido “en una palabrita de Lladró que nadie quiere para sí”

¿Cómo olvidar que un jovencísimo periodista llamado Carles Puigdemont impulsó como redactor jefe de El Punt una campaña en defensa de los 45 terroristas de Terra Lliure cuando fueron detenidos por el juez Garzón en 1992? Pues a muchos se nos había olvidado. Como terminarán por olvidársenos las trolas que contó el futuro ex president Puigdemont en el mismo día de su estrafalaria huida a Bruselas, si es que no se nos han olvidado ya. Muchos de los detalles que recuerda Latorre sobre aquellas delirantes horas en las que nadie tuvo muy claro quién estaba a mando por ahí ya resultan asombrosamente irreales apenas un año después. A medida que se van leyendo más sentido tiene titular la crónica Habrá que jurar que todo eso ha ocurrido.

Democracia homeopática

Habla Latorre del plebiscito independentista como un ejemplo de “democracia homeopática, un placebo inútil”. Aunque lo que el autor llama “el golpe” ya se había consumado, según él, casi un mes antes del 1 de octubre. Da más importancia en su análisis del órdago independentista al Estado de Derecho que supuso la aprobación el 6 y 7 de septiembre de la Ley de Referéndum “porque la soberanía nacional no es un asunto negociable”, explica con un tono de especial seriedad. “Ese día el Parlamento de Cataluña se declara sujeto soberano y no se produce una actuación del Estado inmediata. En el momento en el que convocas un referéndum están usurpando la soberanía nacional y se atribuyen unos poderes que no tienen. Es como si Murcia le declara la guerra a Alemania, no hace falta que la invada para que esa decisión quebrante la ley”. Para el autor no hay duda de que aquella “es la verdadera catástrofe”.

Latorre es muy crítico con el Gobierno de Rajoy “por la tardanza en tomar las decisiones y la falta de fe democrática con las que las tomó”

En las 252 páginas de su libro Latorre es también muy crítico con el Gobierno de Rajoy “por la tardanza en tomar las decisiones y la falta de fe democrática con las que las tomó”, comenta. El periodista lo achaca más al miedo que a la ingenuidad o el desconocimiento de la realidad catalana del ex presidente del Gobierno: “La Moncloa tuvo miedos de naturaleza muy diferente que se transmitían sin pudor a la opinión publica. Había un miedo a hacer el ridículo en las calles, porque creían que ahí la hegemonía independentista era absolutamente inexpugnable”. Y es esa dilación en tomar medidas, en gran parte, “lo que desarboló la defensa del Estado en el extranjero, porque fuera se preguntaban por qué si el delito de convocatoria del referéndum era tan flagrante, la actuación no había sido inmediata el 6 y 7 de septiembre”.

De esos días que vivió intensamente en las calles de Barcelona recuerda Latorre sobre todo “la tensión y el miedo, porque había que ser un irresponsable para no sentir miedo”. Al recordarlo no le cabe duda de que el 1-O el independentismo “había preparado un dispositivo para forzar la violencia del Estado, una violencia que se tenía que producir porque era el primer fraude electoral desde la firma de los Tratados de Roma en Europa”. Y para argumentar que las cargas policiales fueron mucho menor de lo que se suele cuenta un dato: “a los cuatro o cinco días solo había dos heridos hospitalizados”.

Hay riesgo de que esto acabe en una derivada a la belga: que la desintegración de Cataluña derivara en dos comunidades lingüísticas y emocionales”

Una semana más tarde de aquel referéndum de fogueo, la manifestación del 8 de octubre que llenó la Via Laietana barcelonesa de banderas constitucionales fue “la primera vez en toda la historia de las ideas políticas en que un concepto tan gris como la sensatez se convirtió en un clamor movilizador, ilusionante (…) La sensatez fue, por primera vez, revolucionaria”, escribe. Seguramente exagera el autor. Las buenas metáforas siempre lo hacen.

Hasta la manifestación del 8 de octubre, el constitucionalismo no había puesto a prueba su fuerza de convocatoria. “Fíjate que Sociedad Civil Catalana convoca su manifestación en la Plaza Urquinaona, tienen tanto miedo que convocan en una plaza pequeñita a ver si la llenan”. Y recuerda: “Habían tenido tantas experiencias absolutamente desmotivadoras de llamar a la movilización en la Plaza de Saint Jaume y que fueran cuatro que no se atreven”.

De Franco a Vox

Como esta entrevista se produce la semana después de las elecciones andaluzas del 2-D, Vox está súbitamente de actualidad en la prensa. Los diarios independentistas subrayan el nacimiento de una fuerza de extrema derecha como la prueba irrefutable de que el franquismo sigue vigente en España. “Pues la primera vez que vi un dirigente de Vox en prime time en la televisión fue en TV3″, afirma el periodista con cierta sorna. “TV3 lleva luchando contra un enemigo inexistente desde hace mucho tiempo. Porque es el enemigo deseable. En lugar de una España que ha vivido 40 años de transformación social y democrática en la que no solo se respetan las diferencias regionales sino que se fomentan y se financian, el independentismo ha decidido que es mejor luchar contra una España oscurantista que no ha superado el franquismo y odia a los catalanes. Del mismo modo que se inventaron que la Guerra Civil fue una guerra del resto de España contra Cataluña, cuando en realidad el catalanismo conservador trabajó activamente en el alzamiento nacional”. Y cita, porque Latorre siempre tiene una cita histórica a mano, casos como el de Francisco Cambó, un político catalanista de l’Ampurdá que de ser ministro con Alfonso XIII, pasó en 1936 a apoyar al bando franquista. “Pero yo entiendo que es más fácil enfrentarse a Javier Ortega Smith [el secretario general de Vox] que a Inés Arrimadas”, sentencia.

Lo que ha pasado en Cataluña no se explica por Vox pero Vox sí se explica por lo que ha pasado en Cataluña”

“Lo que ha pasado en Cataluña no se explica por Vox, pero Vox sí se explica por lo que ha pasado en Cataluña”, afirma. ¿Ye parece la exaltación que Vox hace del nacionalismo español al uso que los partidos independentistas hacen del catalán? “Todos los nacionalismos son malos”, afirma Latorre. “También el español”.

Aunque dentro de los nacionalismos ve gradaciones. “Yo todavía no he leído a ningún dirigente de Vox, y si se hubiera producido rectifico, hablar en los términos brutales en los que escribía Quim Torra sus artículos. No he leído lo de “bestias salvajes” ni siquiera he leído el desprecio a la cultura de los catalanes que le he leído a Torra hacia lo español”.  Y responde, al preguntarle por si le parece más peligroso el nacionalismo de Santi Abascal o el de Quim Torra, que espera que el primero nunca llegue a presidente en España, “pero Torra ya ha llegado a president de la Generalitat”.

Prefiere, sin embargo, destacar lo paradójico de que el PSOE no tenga reparos en aceptar los votos de “fuerzas inequívocamente anticonstitucionales”, en referencia al apoyo de los independentistas para la victoria de Pedro Sánchez en la moción de censura y, sin embargo, “ahora tengan tantos escrúpulos para que Vox pueda investir a un candidato del Partido Popular aun sin contrapartidas de ningún tipo”.

Pero por ficticia que sea esa versión de la España caricaturizada como un Estado autoritario y posfranquista no por ello la ve menos dañina: “La mentira más peligrosa del nacionalismo es tan peligrosa porque puede convertirse en verdad. Es la eterna profecía autocumplida del nacionalismo que se vio en los Balcanes y en tantos otros lugares. Se empieza diciendo que no podemos vivir juntos y se termina convirtiendo en realidad. Ya hay algunos pueblos en los que el trabajo para que eso ocurra es muy activo y con el apoyo consistorial”.

Y vuelve a echar mano de la Historia reciente para aportar contexto: “La diferencia moral entre Ibarretxe y Artur Mas es que Ibarretxe se sometió a los procedimientos democráticos y fue derrotado en una votación legítima. Y Artur Mas no”.

Cataluña a la belga

Más que del peligro de balcanización, sin embargo, Latorre advierte del “riesgo de que esto acabe en una derivada a la belga con la desintegración de Cataluña en dos comunidades lingüísticas y emocionales en un mismo espacio que acaban por ignorarse viviendo una de espaldas a la otra”.

Se empieza diciendo que no podemos vivir juntos y se termina convirtiendo en realidad”

La historia del 1-O contada en Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido es también la historia “de la victoria del Estado democrático que ha prevalecido”, comenta. Aunque por un tiempo que se prevé largo cree que no “va a haber otra intentona unilateral porque los independentistas han entendido que no tienen la fuerza ni la capacidad de autosacrificio suficiente”.

Todo el esfuerzo que pone Latorre en atacar las tesis nacionalistas como pone en la defensa de las leyes: “Si defender la unidad de un país fuera nacionalista todos los gobiernos del mundo serían nacionalistas”. Y añade: “Es mucho más nacionalista Podemos que Ciudadanos porque Podemos, al igual que otros populismos, propone un repliegue nacional”.

Ante el 40 aniversario de la Constitución del 78 destaca Latorre que “el verdadero milagro que obró fue el consenso. Y el consenso es bromuro. No entusiasma a nadie pero tampoco disgusta”. Y añade: “Nos ha traído años fantásticos y pretender que fue un continuismo franquista es una farsa interesada”.

Nació en 1981, reconoce el autor que la educación sentimental de su generación (la misma que la de los políticos que está ahora al frente de la política en España) ya no es la de la Transición: “Jarcha nos conmueve poco y vemos tan lejana la guerra que no podemos entender el enorme temor que había a la repetición de la contienda”. Y añade con cierta autocrítica generacional: “Los que hemos nacido y crecido en democracia pensamos que es como el agua para los peces. Ni la percibimos porque es el entorno en el que hemos vivido siempre. Y eso nos lleva a cierta frivolidad”.

Es como si Murcia le declara la guerra a Alemania, no hace falta que la invada para que esa decisión quebrante la ley”

No le extraña la crisis del bipartidismo ni la emergencia de un partido a la derecha del PP. “El bipartidismo siempre fue una mesa imperfecta que cojeaba”, afirma. “Los nacionalistas eran la palanca que garantizaba la gobernabilidad. Y lo que se está viviendo ahora es algo normal. En España no había extrema derecha sentados en los escaños y eso era una anomalía si lo comparamos con el resto de Europa”.

Este gallego que ya se siente madrileño aprovecha lo diferente que ve la capital al resto de España para explicar “que Podemos jamás puede gobernar España salvo hecatombe”. ¿Por qué? “Porque no la conoce. No han salido del barrio y no conocen la España rural, que es la que gana elecciones”. ¿Y las Mareas? “Por eso están todos peleados”, responde.

Con una humildad inhabitual en este mundo lleno de tertulianos, Latorre ha dicho a lo largo de esta entrevista que ha sido más bien una conversación varias veces “no lo sé” e incluso “tienes razón” ante un par de desacuerdos. Así que al preguntarle cuál es la solución que necesita el conflicto catalán no es extraño que  diga que no él no la tiene. Al fin y al cabo, para cuando una criatura cae en manos de un taxidermista lo más grave que le pasa ya tiene poco arreglo.

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