Huelga de hambre, capuchinada y rechazo frontal a la Constitución en su 40 aniversario. No parece que la irrupción de Vox en el Parlamento andaluz haya obligado al independentismo a reconsiderar su oposición al Gobierno de Pedro Sánchez y su negativa a apoyar los presupuestos generales para 2019. Más bien, al contrario.

Pese a sus enormes diferencias, JxCat y ERC parecen coincidir en un único punto: el Govern de Quim Torra puede aguantar por lo menos hasta la resolución del juicio a los líderes del 1-O y tiene muchas más opciones de aprobar sus cuentas con el apoyo de los Comunes de Ada Colau que Pedro Sánchez de volver a conjurar el apoyo de todos los nacionalismos y Podemos para mantenerse en la Moncloa.

Tanto en público como en privado los dirigentes de ambos partidos niegan cualquier incidencia de Vox en la negociación presupuestaria. Lo dijo la portavoz del Govern, Elsa Artadi (JxCat), tras la reunión del Consell Executiu del martes, y lo repitió el vicepresidente económico, Pere Aragonés (ERC) al día siguiente: «Nuestras condiciones son las mismas que hace una semana. Si no hay solución para los presos no entraremos a negociar los presupuestos. No nos sentimos apelados por el resultado electoral en Andalucía».

Si alguien quiso entrever una puerta abierta en las declaraciones del diputado Ferran Bel (PDeCat) en los pasillos del Congreso, cuando «olvidó» mencionar a los presos como condición para la negociación presupuestaria, desde su propio partido se encargaron de matizarlo. «A la que te desvías un milímetro los hiperventilados se ponen histéricos», ironizaba una fuente del partido para restar importancia a esas declaraciones. La conclusión: sin novedad en ese frente.

De hecho, la irrupción de Vox ha dado nuevas alas al discurso contra España del independentismo. El éxito de la propuesta xenófoba, machista y conciliadora con el Franquismo del partido de Santiago Abascal refuerza el discurso de quienes aseguran que «España no tiene remedio» y es mejor salir de ella. Pese a que Cataluña fuera hace unos años la cuna del primer partido abiertamente xenófobo español, Plataforma por Cataluña (PxC).

Vox en Cataluña

Ese es precisamente el referente al que remite el líder del PSC, Miquel Iceta, para asegurar que Vox entrará también en el Parlament cuando se convoquen elecciones catalanas. «Recibirán el voto que en su día tuvo Plataforma, el de los nostálgicos del franquismo y los más indignados con el independentismo», advierte el líder de los socialistas catalanes para confirmar los augurios de Abascal, quien ya aseguró tras las andaluzas que Cataluña sería su próximo objetivo.

Esta semana lo han demostrado, con la participación de su secretario general, Javier Ortega Smith, en la concentración convocada en Girona por la plataforma Borbonia, que recibió el apoyo de Vox para manifestarse en favor de la unidad de España el día de la Constitución. Una concentración que consiguió una puntual respuesta de los CDR y acabó en enfrentamientos entre los dos bandos con un saldo de doce mossos heridos y dos detenidos en los incidentes.

«Ahora vamos a descubrir el país que tenemos», avisaba Iceta dos días antes de esos incidentes. Los extremos se retroalimentan y el discurso de Vox es justo lo que necesita el independentismo que aboga por mantener la confrontación, el que lideran Carles Puigdemont y la ANC, para bloquear los intentos de acercamiento entre Esquerra y el Gobierno del PSOE.

Del mismo modo que Vox ha crecido al calor de la crisis independentista catalana -ha sido determinante en la judicialización del proceso independentista con su denuncia contra el juez Santiago Vidal, que dio origen a la investigación del Juzgado 13 de Barcelona-, el independentismo más radical necesita la confrontación para mantener unidas sus filas. Y Vox es, en ese sentido, la mejor noticia para los que siguen abogando por la proclamación de la república.

Aire para la Crida, problemas para ERC

La irrupción de Vox y una campaña andaluza muy centrada en la crisis catalana han dado alas al discurso de Puigdemont y su entorno, que necesita azuzar la confrontación para reforzar su discurso de la unidad y obligar a Esquerra a entrar en el redil de la Crida. El nuevo proyecto de Puigdemont, Jordi Sánchez y Quim Torra no ha conseguido de momento doblegar a los republicanos, que se mantienen firmes en su decisión de concurrir con listas separadas a las elecciones europeas y municipales.

El último CEO, que les daba una ventaja de hasta 14 escaños sobre la ex convergencia, da la razón a los republicanos en su negativa a aceptar la lista conjunta que reclaman con insistencia también desde la ANC. También el PDeCat se resiste a disolverse sin más en la nueva plataforma política ideada por Puigdemont al margen del partido, una plataforma con la que pretendía dar continuidad al proyecto personalista de JxCat.

En esta batalla se inscribe, según algunos, la huelga de hambre emprendida por los presos de JxCat, con Jordi Sánchez a la cabeza, a la que los republicanos Oriol Junqueras y Raül Romeva se han negado tajantemente. Desde el traslado de los presos a la prisión catalana de Lledoners, el acceso a los medios y a sus cuadros de Junqueras le han reportado un protagonismo político que va en detrimento de un Puigdemont cada vez más desdibujado en Bruselas. Por eso necesitaban tensar de nuevo la situación con una estrategia tan dramática como la huelga de hambre.

En ese contexto, Vox y el discurso de tensión que ofrece es un regalo. Especialmente si PP y Cs acaban aliándose con el partido de Santiago Abascal para hacerse con la Junta de Andalucía. De repente, el apelativo de «facha» a todo el que no es independentista está más vivo que nunca, como demostraron los independentistas atribuyéndoselo también, unánimemente, a los socialistas. El argumento: la manifestación contra el independentismo del 8 de octubre de 2017, en la que también participaron representantes de Vox, aunque fueran muy minoritarios.

Para ERC, centrada en resistirse al nuevo abrazo del oso de la ex convergencia, el discurso contra Vox y el nuevo «españolismo» es un argumento perfecto para no afrontar públicamente esa batalla interna del independentismo. Así las cosas, no parece que al independentismo le interese a corto plazo frenar a Abascal y, de momento, PSC y Cs parecen bastante más preocupados que JxCat y ERC por una eventual entrada de Vox en el Parlament.