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Salvini y Le Pen en Milán EFE

Política

Vox suma a España al tsunami de la ultraderecha en Europa

Los populistas ultranacionalistas cogobiernan en Austria, Italia, Noruega o Finlandia, mientras que en Alemania son aislados

Spain is not different. España ha dejado de ser uno de los escasos territorios vedados a la ultraderecha en Europa. Vox ha sumado a España al tsumani que inunda el territorio europeo. Solo Irlanda y Portugal se libran de momento del auge del populismo nacionalista de extrema derecha.

Cuando se cumplen 40 años de la Constitución, un partido ultranacionalista, centralista, euroescéptico y anti inmigración ha logrado 12 decisivos escaños en el Parlamento de la comunidad autónoma más poblada de España, bastión tradicional de los socialistas.

Es la primera vez que una formación ultraderechista logra representación en un parlamento regional en España. Sigue la estela de otras formaciones europeas a las que se siente unida en lo que Steve Bannon, el ideólogo de Donald Trump, veía como una Internacional Soberanista. Ahí están el Frente Nacional de Marine Le Pen, la Liga de Matteo Salvini, y la Alternativa para Alemania, de Gauland. Rafael Bardají es quien ha conectado a Vox con Bannon y con otras formaciones afines en Europa.

El momento internacional del populismo arrastra a Vox, eso les favorece más que si fuera un islote”, afirma Jorge del Palacio

“El momento internacional del populismo arrastra a Vox, eso les favorece más que si fueran un islote. Es un partido que concentra un voto más puro de desencanto. No tienen experiencia de gestión como sí la tiene la Liga en el norte de Italia, por ejemplo”, explica Jorge del Palacio, doctor en Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos.

Bannon, tras impulsar la candidatura de un outsider como Donald Trump en Estados Unidos, está detrás del impulso que ha tomado la ultraderecha en Europa. Tenía sus esperanzas puestas primero en Marine Le Pen, quien pasó a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de mayo de 2017, pero resultó derrotada por el globalista Emmanuel Macron. Ahora Macron pasa serias dificultades por las protestas de los chalecos amarillos, contrarios a las subidas de impuestos.

Marine Le Pen fue de las primeras en felicitar a Vox por el éxito logrado en Andalucía este domingo. En un tuit calificaba a Voz como un “joven y dinámico movimiento”.

Los ultranacionalistas cosecharon en realidad su primera gran victoria con el Brexit el 23 de junio de 2016. El abanderado de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, Nigel Farage, lanzó el órdago con el UKIP, pero no tuvo que hacer frente a las consecuencias. Aún lidian con los efectos de los preparativos del divorcio los conservadores, que perdieron primero a David Cameron, que aceptó el envite y ahora afrontan una fragmentación que puede costar el puesto a la actual premier, Theresa May.

En 2017 parecía que Marine Le Pen y el holandés Georg de Wilders serían los estandartes de una ultraderecha vencedora pero se quedaron en el intento. Lograron buenos resultados pero no dieron el vuelco en sus países. Sí que lo hizo el Partido Liberal Austriaco (FPÖ) en diciembre de 2017, después de que los populares de Sebastian Kurz también se escoraran a la derecha y pactaran con Heinz Christian Strache, actual vicecanciller.

Fue en Italia, con una alianza en principio contra natura entre la Liga, de Matteo Salvini, y el Movimiento 5 Estrellas, de Luigi di Maio, donde en primavera de 2018 los populistas, esta vez de derecha y de izquierda, asaltaron el Quirinale. Gobiernan juntos en una alianza que dirige desde el Ministerio del Interior, Matteo Salvini, el hombre fuerte del populismo europeo. En sentido estricto el populismo llega al poder mucho antes en Italia, con Silvio Berlusconi, precursor de Donald Trump.

Bannon coronó a Salvini como la esperanza blanca de su ‘movimiento’ en Europa. El Movimiento se llama precisamente la entente que pretende aunar a estas fuerzas desde Bruselas. Tiene su vista puesta en las elecciones europeas de mayo de 2019.

“En cuestiones culturales (inmigración, miedo al cambio, evocación de un pasado mejor)  lo que ha sucedido con Vox en Andalucía es equiparable a lo que hemos visto en Francia, Austria, Italia, y desde hace tiempo en los países nórdicos (Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca). Sin embargo, su programa económico es de derecha tradicional, en líneas generales. Es posible que se vaya inclinando poco a poco al chovinismo del bienestar (proteccionismo solo para los de dentro)”, explica desde Londres Luis Cornago, analista de riesgo político en Teneo.

Cornago resalta que resulta interesante ver en qué medida estos partidos han movilizado a votantes abstencionistas, lo que ha ocurrido con Alternativa por Alemania (AfD), fundada en 2013 y que en la actualidad está presente en todos los Länder alemanes y en el Parlamento federal.

Alemania, un tabú salta por los aires

Como España, Alemania era uno de los países inexpugnables para la ultraderecha. El pasado pesaba contra cualquier partido que se acercara a posiciones más allá de la Unión Social Cristiana (CSU, aliados bávaros de la Unión Cristiano Demócrata). Lo dijo su legendario líder, Franz-Josef Strauss: “En Alemania no puede haber nada más a la derecha de la Unión”. Hubo numerosos partidos de extrema derecha pero eran residuales.

Sin embargo, Alternativa para Alemania (AfD) ha hecho que saltaran los tabúes por los aires. En sus primeras elecciones generales, en septiembre de 2013, se quedó por debajo del 5% por tres décimas. Cuatro años más tarde, irrumpía en el Bundestag con un 12,7% y 92 escaños. Como gobiernan juntos CDU, CSU y el SPD, es la principal fuerza de la oposición.

En octubre pasado AfD accedió a los dos últimos Landtag (Parlamentos regionales) que le quedaban por conquistar, Baviera y Hesse. La pérdida de votos de la CDU y la CSU provocó que la canciller, Angela Merkel, líder de la CDU, optara por no presentarse a la reelección como cabeza del partido en el congreso que se celebra este viernes y sábado.

“Perdemos casi tantos votantes que se van a Alternativa para Alemania como a los Verdes”, reconocía desconcertado el ministro presidente de Hesse, Volker Bouffier, número dos en la CDU, quien logró de todas formas la reelección, renovando su pacto con los Verdes.

Vox coincide con AfD en que se apoderan de la identidad nacional y se adjudican el rol de la renovación política”, dice Delle Donne

“Vox coincide con AfD en que cultivan un discurso reduccionista, repleto de historias con apariencia de coherencia que simulan entender los problemas sociales. También coinciden en que se apoderan de la identidad nacional y se adjudican el rol de la renovación política”, explica Franco delle Donne, coautor, con Andreu Jérez, de Factor AfD. El retorno de la ultraderecha a Alemania.

Mención aparte merecen formaciones como el Fidesz del primer ministro húngaro Viktor Orban o el gobernante Ley y Justicia en Polonia. Son ultranacionalistas acérrimos y declaradamente iliberales. El Partido Popular Europeo se ha planteado si debería mantener al Fidesz en sus filas pero de momento ahí sigue.

Cordón sanitario o incorporación al sistema

Cuando irrumpen estos partidos de ultraderecha en la escena política, los rivales se ven en una disyuntiva. O bien establecen un cordón sanitario por considerarles antidemocráticos, lo que suele suceder cuando tienen origen filonazi (Demócratas Suecos, por ejemplo), o bien pactan con ellos muchas veces con la intención de moderar sus políticas o bien no victimizarles. El Partido Popular Europeo se plantea si es mejor integrarlos o apartarlos.

También suele pasar que los otros partidos, los aíslen o no, se contagian de su discurso, y su agenda acaba copiando la que marcan los ultraderechistas. Es un juego arriesgado. “Quien juega en su terreno termina validando su discurso”, señala Del Palacio.

El éxito de estos partidos está muy relacionado con el declive de las formaciones tradicionales. En la mayoría de los países europeos, los grandes partidos, por ejemplo en Alemania los llamados Volksparteien, ahora concentran poco más del 40% del voto cuando en los 90 sumaban juntos cerca del 80%.

Hay en países donde de momento se aplica el cordón sanitario de forma estricta. Es el caso de Alemania. La canciller Merkel rechaza cualquier pacto de CDU y CSU con Alternativa para Alemania, que no participa en ningún gobierno regional. Solo tiene mayor presencia en el poder local en Sajonia.

Está por ver si la CDU seguirá esa línea con quien herede el puesto de Merkel en el partido. Su favorita, Annegret Kramp-Karrenbauer, suscribe la línea de la canciller, pero Jens Spahn, ministro de Sanidad, o incluso Friedrich Merz, ex jefe del grupo parlamentario, se lo podrían plantear.

También han aplicado el cordón sanitario en Suecia, donde los Demócratas Suecos lograron un notable ascenso en las últimas elecciones y tenían la llave para que la derecha volviera al poder. Sin embargo, liberales y centristas no querían ni siquiera la abstención de los Demócratas Suecos, así que finalmente facilitarán un gobierno rojiverde. Aunque su líder, Jimmie Akesson, ha renovado la formación para muchos en Suecia pesa aún su origen filonazi.

Después de la experiencia austriaca en el año 2000, cuando la UE reaccionó con fiereza contra la participación en el Gobierno del FPO, es en Dinamarca donde desde 2001 el Partido del Pueblo Danés ha tolerado, como lo hace ahora, diversos gobiernos liberales, con una gran influencia en la política migratoria.

En Noruega se experimentó con un gobierno con representación de la ultraderecha en 2013. Los conservadores se aliaron con el Partido de Progreso y repitieron su alianza en 2017, aunque sus resultados van a la baja en las encuestas. En Finlandia los ultranacionalistas formaban parte de un tripartito conservador desde 2015. Dos años después se dividieron en dos facciones. Timo Soini, ex líder de los Auténticos Finlandeses, sigue en Exteriores.

El cordón sanitario en el largo plazo puede explotar. Tiene costes. Estos partidos surgen porque hay desencanto”, dice Cornago

Según Luis Cornago, “el cordón sanitario en el largo plazo puede explotar. En sistemas mayoritarios estos partidos anti establishment lo tienen muy difícil para entrar pero cuando lo logran explotan como pasó con Trump o el Brexit. El cordón sanitario tiene costes. Estos partidos surgen porque hay desencanto y una parte importante de la población apuesta por ellos”.

Aún es pronto para saber si Vox seguirá en ascenso y si lograría un éxito similar en elecciones nacionales, pero sí es probable que en las elecciones europeas recojan frutos como ha ocurrido en las andaluzas. Les favorece el sistema proporcional y el hecho de poder sumarse al tren que encabezan los experimentados Salvini y Le Pen.

“En las elecciones europeas, que tienen un sistema proporcional, pueden conseguir mucho poder. Las europeas son  muy importantes para el relato y para conseguir eco en los medios. Aún no hay motivos para pensar que van a sustituir a la derecha tradicional pero sí pueden marcar la agenda”, concluye Cornago.

En mayo de 2019 habrá mucho en juego. Con el Reino Unido ya fuera, de una manera u otra, los votantes en la Unión Europea tendrán ante sí opciones como Vox en casi todos los países. Su objetivo será conquistar el mayor poder posible para cambiar el curso de Europa. Entonces el tsunami podrá llevarse por delante la UE como la conocemos. En ese caso, Europe will be different.

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