Mariano Rajoy nunca asesinó políticamente a nadie. Sus adversarios internos se le fueron muriendo, también políticamente hablando, por inacción, otros por desistimiento y, los más, por mero aburrimiento. La enfermedad que padecen los críticos a Pablo Casado es la de la fiebre súbita, esto es, antes de vivir la ignominia de no volver a formar parte de las próximas listas a las elecciones generales del 28 de abril, aprovechan los estertores de una legislatura que vive sus “minutos basura” para anunciar que dejan la política. Bueno, a Celia Villalobos hay que reconocerle la grandeza de admitir que “yo perdí un congreso y alguien tenía que ser la figura de los que han perdido, y soy yo”, tal y como afirmó este miércoles en “Espejo Público”.

Tras el anuncio de Villalobos se conoció que tampoco repetirá en las listas la ex alcaldesa gaditana Teófila Martínez, eso sí, para dirigir el Puerto de la Bahía de Cádiz, dentro de la ristra de nombramientos que está haciendo el nuevo presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. Y como no hay dos sin tres, a media tarde se unió otro nombre, el de Arturo García Tizón -que fuera secretario general del PP con Antonio Herñández-Mancha- al que rescató María Dolores de Cospedal para la política y que se sumó a las filas del “sorayismo” en la guerra de las primarias populares, que es lo que une a las tres personas hoy dimisionarias.

Álvaro Nadal también está de salida y, muy probablemente, Ayllón

Casado no los echa. Se van. Y quizá no sea éste más que el inicio. Quedan por el camino otros destacadísimos dirigentes de la “era Rajoy” que optaron por un perfil bajo tras apostar por la ex vicepresidenta del Gobierno. El ex ministro de Energía Álvaro Nadal está ya con un pie fuera. Como alto funcionario del Estado ha pedido su incorporación a la oficina económica y comercial de España en el Reino Unido y está pendiente de respuesta.

También el histórico diputado madrileño Teófilo de Luis, a pesar de ser “casadista”, puso hace meses fecha de caducidad a su vida en la política que termina con esta legislatura aunque mantendrá su vínculo con el Grupo Parlamentario. Quien no lo ha anunciado pero también vive sus últimos días como parlamentario es el ex ministro de Administraciones Públicas y ex presidente del Congreso, Jesús Posada.

Caso paradigmático es el de la ex titular de Empleo Fátima Báñez. Ahora con un perfil bajo, Báñez siempre ha sido una persona valorada por la actual dirección popular y no parece que sea intención de Casado prescindir de ella, otra cosa es que la ex ministra aproveche la convocatoria electoral para dirigir sus pasos hacia otros destinos profesionales. De haber ganado Santamaría el congreso del PP, ahora estaría ocupando el despacho de Teodoro García Egea en Génova como secretaria general del partido.

Listas a la baja

José Luis Ayllón es, junto a Báñez, de los que han preferido pasar inadvertidos estos meses. Ex secretario de Estado de Relaciones con las Cortes y, más tarde, director de gabinete de Mariano Rajoy, nadie discute su competencia y fiabilidad. Sáenz de Santamaría le quiso de portavoz del Gobierno en la segunda legislatura, pero no pudo imponer su criterio por otras resistencias internas de Moncloa. Respetado por todos, Casado le quiso integrar.

Su negativa puede pasarle factura a la hora de confeccionar unas listas que, sin duda, van a ir a la baja. Los puestos a repartir con garantías de salir elegidos son bastante menos que en 2016 y puede resultar difícil encajarle tanto en Madrid, por donde fue la última vez, como por Barcelona, donde los cuatro puestos seguros van a estar muy disputados.

Ayllón ya se planteó dejar la política tras la moción de censura, pero las primarias populares le llevaron a implicarse en lleno en la campaña de Santamaría, de la que fue su principal coordinador. Se dice que está en negociaciones con un despacho jurídico, pero él se mantiene silente.

Montoro, Méndez de Vigo y Fernández Díaz, incógnitas

Cristobal Montoro, que fuera todopoderoso ministro de Hacienda en los dos gobiernos de Rajoy, es otro de los jarrones chinos que, junto al ex titular de Educación y portavoz de gobierno Íñigo Méndez de Vigo, está en el alambre. También Jorge Fernández Díaz, además de por edad, por el hecho de que su nombre sale de forma reiterada en la instrucción del “caso Kitchen” junto al del ex secretario de Estado de Seguridad y ahora diputado Francisco Martínez.

Pablo Casado comienza a estudiar la composición de las listas y en su entorno hablan de “regeneración” y “renovación generacional” que, “a fin de cuentas es para lo que vino Pablo”. Y, lo que es más difícil, tiene que diseñar un Grupo Parlamentario de confianza que lo mismo le sirva para gobernar que para estar cuatro años en la oposición.

Dos de los diputados que se significaron por una lista de unidad, esto es, por la teoría de confluencia que defendía Santamaría y que Casado rechazó, tienen todas las papeletas para dejar de ir en la lista de las generales y engrosar las europeas. Es el caso de Alicia Sánchez-Camacho y Rafael Hernando. También el ex ministro de Exteriores José Mnuel García Margallo quiere volver a Bruselas. En cambio, el ex coordinador general del PP, Fernando Martínez Maillo, y el que sustituyó a Ayllón en la secretaría de Estado de Relaciones con las Cortes, Rubén Moreno, que también apostaron en primarias por la ex vicepresidenta, tienen muchas opciones para seguir en el Congreso.