El Partido Popular afronta la recta final de la campaña electoral con una enorme incertidumbre. Pese a las encuestas en su contra, la formación de Pablo Casado aspira a superar los 100 escaños y lo hace apoyado en los datos que reciben diariamente en sus sondeos internos. Superar esa barrera es factible a día de hoy, pero en el partido también apuntan a la posibilidad, muy creíble, de que el PP sufra un descalabro y caiga por debajo de los 80 diputados.

Fuentes de la dirección de campaña del PP cifran en hasta 25 los asientos que en este momento son dudosos. Tan dudosos que la mayoría de ellos, según el propio partido, podrían cambiar de lado por menos de 1.000 votos. Se trata de escaños en provincias de menos de 5 diputados, donde la fragmentación del espacio político hará tambalearse el habitual reparto entre PP y PSOE.

Precisamente por ello, el Partido Popular lleva semanas azuzando el fantasma del voto útil. En su mítin de apertura de campaña, Pablo Casado defendía que «la unidad de España se defiende con la unidad del voto» y avisaba que la derecha partida en tres podía provocar que, en casos como el de Vitoria, algún escaño del PP pasara a ser de Bildu.

Pero ese caso es una anécdota en el panorama general que enfrenta el PP. De esos 25 escaños, la mayoría podrían pasar del PP al PSOE y del PP a Ciudadanos. Lejos, los populares también temen que Vox acabe quitándoles diputados con los que en principio no contaban.

El hundimiento de Podemos puede perjudicar al PP

El PP sitúa este probable foco de fugas en provincias rurales, con poca población y con 5 o menos escaños a repartir. Estas circunscripciones, que habitualmente han sido un bastión para el Partido Popular, probablemente dejarán de serlo tras el recuento del próximo 28 de abril. La fragmentación del espacio político desterrará el clásico reparto de 2-1, 2-2, 3-1 o 2-2-1, y será habitual ver territorios en los que los partidos se repartan un escaño cada uno.

En ese sentido, el mayor temor del Partido Popular es que el hundimiento de Podemos provoque un crecimiento del PSOE por encima del 30%. En ese escenario, el partido de Pedro Sánchez seguramente doblaría los resultados de Vox y Ciudadanos, dejándolos sin representación, y laminando la del Partido Popular. Un Podemos algo más alto, con un PSOE algo más bajo, daría pie a un resultado más lineal en el que Podemos igualmente quedaría sin representación pero el bloque del centro-derecha no perdería asientos.

La horquilla que maneja el PP posibilita todo tipo de variables tras el 28 de abril. Con un PP cerca o por encima de los 100 diputados, se da casi por segura la suma del bloque andaluz

En ese espectro fluctúa, por tanto, todo el escenario poselectoral. La gran mayoría de encuestas sitúan actualmente a la suma de PP, Ciudadanos y Vox entre 160 y 170 escaños, mientras que coinciden en apuntar que PSOE y Ciudadanos sumarán la mayoría absoluta necesaria para investir a un presidente. También el bloque que propició la moción de censura de Sánchez contra Rajoy, con más holgura si cabe.

Cualquier fluctuación, por tanto, es decisiva. Y la amplitud de la horquilla que maneja el PP posibilita todo tipo de variables tras el 28 de abril. Con un PP cerca o por encima de los 100 diputados, se da casi por segura la suma del bloque andaluz, porque la mayoría de esos escaños caerían de la bolsa del PSOE. Con un PP hundido por debajo de 80 o cerca de ese umbral, resultaría prácticamente imposible evitar la consolidación del gobierno de Pedro Sánchez. En Génova no dan ninguna credibilidad al último macrosondeo del CIS, que situaba a Casado entre 66 y 76 escaños, como máximo.

La incógnita de Vox

Del desempeño en estas provincias también depende el resultado final de otros partidos. Especialmente de Vox, con quienes las encuestas no coinciden al estimar su fortaleza en territorios rurales. La mayoría de ellas sitúan al partido de Abascal cuarto en estos territorios, por delante de Podemos, pero prácticamente fuera del reparto de escaños. Esto cambiaría radicalmente si la formación ultraconservadora lograra ser tercera y adelantar a Ciudadanos en muchas circunscripciones, lo que provocaría una pérdida importante de representación para el partido de Albert Rivera. Las empresas demoscópicas sitúan ahora mismo la diferencia entre ambos partidos en unos cinco puntos porcentuales a nivel nacional.

De esto dependen fluctuaciones gigantes como las que afectan al partido de Abascal, al que encuestadoras como Sondaxe colocan cerca de 50 diputados y otras, como Celeste-Tel, en menos de 15. Vox, sin embargo, no ha renunciado a competir en estas regiones, y ha hecho caso omiso a los avisos de Casado sobre el regreso a la «casa común» de la derecha. «Tú vete a la tuya, Casado, que la nuestra es otra», dijo Abascal en la apertura de campaña del pasado jueves, transmitiendo un mensaje de confianza que está afianzado dentro del partido, donde cuentan con una sorpresa como la de las andaluzas, donde se les pronosticaba un escaño y acabaron consiguiendo 12.

Esa esperanza, sin embargo, no la ostenta ya Podemos, cuya estimación de escaños es mucho más lineal, siempre en el entorno de los 30 y los 35 asientos, lejos de los 72 actuales. El partido de Iglesias da por descontado que será cuarta o quinta fuerza en todas las provincias pequeñas y no cuenta con esa representación, que sí logró en 2016 gracias a su posición de fuerza sobre Ciudadanos. De su desempeño en Madrid y Barcelona dependerá prácticamente todo.