Se ha escrito mucho sobre la decisión de la Junta Electoral Central, que prohibió la presencia de Vox en el debate de Atresmedia por carecer de resultados relevantes previos a nivel nacional. El propio partido pidió en sus canales de comunicación privados que, en las intervenciones públicas de sus candidatos, se evitara valorarlo como una buena noticia. Lo cierto es que Pedro Sánchez buscaba activamente la presencia de Abascal en el debate, primero porque no le consideraba un rival sólido en el cuerpo a cuerpo, y segundo, para tener la foto de las «tres derechas» juntas en el ring político.

El candidato socialista se ha quedado sin esa imagen, e incluso llegó a lamentar el potencial que eso otorgaba a Vox gracias al factor de la victimización. Pero los expertos coinciden: para el partido de Abascal ha sido una muy mala jugada quedarse fuera de los debates de RTVE y Atresmedia.

«No ha sido una buena noticia para ellos, y hace tres días habría dicho lo contrario», asegura el consultor político Ignacio Varela. «Le ha dado un margen de actuación a sus rivales que habría sido más difícil de ejecutar con Vox en el debate. Casado habría estado mucho más incómodo y Rivera no podría haber hecho lo que hizo», dice Varela en referencia al perfil adoptado por el candidato de Ciudadanos, que trató de erigirse en azote de Sánchez y contrapunto constante del candidato del PSOE.

‘Presencia casi marginal’

Carlos Rello, director general del Instituto DYM, valora esta circunstancia en la misma línea. «No estar en los debates ha tenido perjuicio para ellos. En las elecciones andaluzas, en la última semana sólo se hablaba de Vox. Ahora sin embargo llevan tres días con una presencia casi marginal, y eso tiene un impacto», valora Rello, que descarta un fenómeno «explosivo» como el que se produjo en Andalucía el pasado 2 de diciembre.

«La presencia de Vox en medios ha sido casi marginal durante días y eso les ha quitado cuota de pantalla. Y es relevante tener o no tener espacio en los medios», continúa Rello, pese al esfuerzo del partido de Santiago Abascal por contraprogramar a los debates y marcar su perfil propio, con mitines multitudinarios en A Coruña y Las Rozas. Vox, incluso, llegó a cortar este martes el streaming de su acto y anunció que la intervención de su líder sólo se podría ver en Youtube y a partir de las 10 de la noche, justo el momento en el que comenzaba el debate moderado por Ana Pastor y Vicente Vallés.

Mientras el debate del martes lo siguieron 9,5 millones espectadores, el mitin de Abascal en Las Rozas lo han visto 215.000 personas en Youtube

Varela, sin embargo, entiende que la relevancia del debate no se compensa «por muchos actos que organices en Las Rozas». Casi 9,5 millones de personas siguieron el debate organizado por Atresmedia, algo por encima de la audiencia total del organizado el lunes por RTVE. El discurso de Abascal en Las Rozas lo habían visto 215.000 personas en Youtube a última hora del miércoles.

«Nos quedaremos sin saber qué habría ocurrido con Abascal en el plató», concede Rello, en la misma línea que Varela: «La única ventaja de la no presencia de Vox es que no ha puesto a prueba a Abascal, que no tiene formación para afrontar un debate como el de ayer». Ese ha sido también uno de los argumentos centrales de la izquierda para lamentar la prohibición de la Junta Electoral Central.

Fueron Iglesias y, especialmente, Sánchez, quienes agitaron el fantasma de la «ultraderecha ausente» durante la maratón televisiva, especialmente en la cita de Atresmedia, en la que el presidente del Gobierno mentó a Vox directa o indirectamente en más de 20 ocasiones. Incluso llevó el libro de Fernando Sánchez Dragó y Santiago Abascal para contraatacar a Albert Rivera cuando éste le entregó su tesis doctoral.

El desempeño de Vox en las urnas seguirá siendo una incógnita hasta el domingo a las nueve de la noche, cuando se cierren los colegios electorales en las Islas Canarias. Al cierre de las encuestas, la horquilla del partido era enorme y el consenso entre empresas demoscópicas, una quimera. Los expertos, eso sí, descartan un terremoto como el que provocaron sus 12 escaños en Andalucía, cuando ninguna encuesta le había dado más de uno o dos. Al contrario que en esta ocasión, la última semana de la campaña andaluza estuvo monopolizada por Abascal y sus mensajes. La sucesión de debates ha aplicado sordina a ese efecto, que parecía repetirse en muchos momentos de la carrera hacia las urnas. A Vox le quedan tres días para esprintar.