Política

Pedro Sánchez, de derrota en derrota hasta la victoria final

En política es difícil calibrar qué es una victoria y qué es una derrota; a menudo las dos van íntimamente ligadas y muchas veces el triunfo muta rápidamente en fracaso o viceversa. «Hay derrotas parlamentarias que son victorias electorales», aseguró el presidente del Gobierno el 15 de febrero, cuando anunció la convocatoria de elecciones anticipadas. Pedro Sánchez es un experto en convertir fracasos en victorias. Lo hizo venciendo a Susana Díaz y la vieja guardia del PSOE en las primarias del partido tras su ‘asesinato’ político en el Comité Federal del 1 de octubre de 2016. Lo volvió a lograr con la moción de censura que desbancó a Mariano Rajoy de la Presidencia del Gobierno y lo ha rematado al legitimarse en las urnas como jefe del Ejecutivo y situar al PSOE como primera fuerza política.

Su arriesgada apuesta por la alianza parlamentaria con los independentistas catalanes ha resultado premiada en las urnas. Tras una travesía por el desierto de once años, que comenzó con la derrota de Alfredo Pérez Rubalcaba en las elecciones generales de 2011, cuando el PSOE alcanzó su suelo histórico con 110 escaños, el PSOE vuelve a ganar las elecciones. Y lo hace superando la marca de entonces, 110 diputados, a pesar de que en 2011 todavía no existían Ciudadanos ni Podemos.

Pedro Sánchez fue derrocado como secretario general del PSOE en octubre de 2016 por los barones y referentes del partido, que entonces le reprochaban sus dos derrotas electorales -diciembre de 2015 y junio de 2016- así como su intención de gobernar con el apoyo de Podemos y los independentistas catalanes. Una y otra vez, el líder socialista tuvo que escuchar duras acusaciones por llevar al PSOE a sus peores resultados electorales y a arriesgar la gobernabilidad y la estabilidad del país por su ansia de poder. “Son las derrotas electorales las que nos han traído a esta situación”, culpaba Susana Díaz a Sánchez cuando la Gestora que dirigió el partido tras la dimisión de Sánchez decidió abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy.

En su disputa con Sánchez por la Secretaría General del PSOE, el principal argumento de Susana Díaz era devolver la moral de victoria al partido que el PSOE andaluz mantenía en alto tras 36 años de gobierno ininterrumpido. Casi dos años después, las tornas han cambiado de forma insospechada. Ahora es la baronesa andaluza la que está en la oposición y Sánchez el que gana elecciones y gobierna, ya con la posibilidad cierta de librarse de los independentistas gracias a la posibilidad de pactar con Ciudadanos.

Pedro Sánchez ha aprendido a arriesgar. Junto a su asesor Iván Redondo concibe la política paso a paso, pantalla a pantalla, como en un videojuego en el que hay que adaptarse a cualquier imprevisto y sortear obstáculos que emergen sin parar. La situación política cambia día a día de forma vertiginosa y los análisis de fondo requieren perspectiva, no dejarse llevar por la urgencia del momento. Con esa filosofía, el presidente del Gobierno apostó por una arriesgada convocatoria electoral que ha convertido una derrota parlamentaria en una gran victoria electoral.

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