Las elecciones municipales y europeas del 26M se viven en Cataluña como una segunda vuelta de las generales del pasado domingo, en la que definitivamente se debe dirimir la batalla por la primacía en el independentismo catalán entre Esquerra y JxCat. Los republicanos parten con la ventaja de la gran victoria conseguida el 28A y una lista de candidaturas municipales que parece confirmar ya su papel de primer partido de Cataluña. Y Carles Puigdemont confiaba en recuperar el terreno perdido en el enfrentamiento, esta vez sí a cara de perro, con Oriol Junqueras como cabezas de lista de sus respectivas formaciones. Un escenario en el que la decisión de la JEC, excluyendo a Puigdemont de las elecciones, ha entrado como elefante en una cacharrería y paradójicamente podría convertirse en la mejor baza para JxCat.

El dictamen de la Junta Electoral se ha convertido en un balón de oxígeno para Puigdemont tras la derrota sufrida en las generales del pasado domingo, en las que Esquerra duplicó apoyos en votos y escaños. «Ahora tenemos unos independentistas buenos, que sí se pueden presentar a las elecciones, y unos independentistas malos, que no pueden» afirmaba el martes un opinador próximo a JxCat. Convertir a Carles Puigdemont en «enemigo número uno de España» a ojos del independentismo puede ser el mejor regalo para revitalizar su candidatura cuando pasaba por su momento más delicado.

Ahora todo depende de la decisión del Tribunal Supremo sobre el recurso presentado por los independentistas a la decisión de la Junta, que debe resolverse en horas para no afectar a las elecciones. «Instaremos todas las vías, porque cada vulneración de derechos fundamentales nos reafirma en la voluntad de independencia» afirma Gemma Geis, portavoz de JxCat en el Parlament, que ve en la decisión de la JEC un nuevo argumento para defender una «república catalana con derechos y libertades garantizados». JxCat ya tiene el argumentario de campaña.

Una campaña en la que Esquerra parte, pese a todo, con ventaja. Los republicanos han reeditado en estos comicios la coalición electoral con Bildu y el nacionalismo gallego que es fundamental para los partidos nacionalistas en unas elecciones con circunscripción única. Por contra, JxCat concurre esta vez sin el apoyo del PNV, tradicional aliado de CiU que ha rechazado verse involucrado en las maniobras de Puigdemont para defender su causa personal en Europa.

La batalla territorial

En el contexto municipal, la ventaja de Esquerra parece también afianzada. En el trazo grueso, por su posición como favorita en todas las encuestas sobre Barcelona. Y en el conjunto de Cataluña, porque por Esquerra se ha convertido por primera vez en el partido con más candidaturas en esta comunidad. ERC presenta listas en 807 localidades, mientras que Junts per Catalunya, la fórmula con la que concurren el PDeCAT y los independendientes afines al expresidente Carles Puigdemont, estará presente en 772 localidades. Los neoconvergentes advierten sin embargo que a esa cifra hay que sumar las 29 entidades municipales en las que presentan candidatura.

Con casi un centenar de candidaturas más, los republicanos consiguen implantación en casi todo el territorio. Junts per Catalunya, en cambio, retrocede de las 858 listas que presentó CiU en las últimas municipales, a 772 candidaturas para estos comicios. Hace ocho años, el partido fundado por Jordi Pujol presentó listas 911 municipios.

En este ámbito, los republicanos se benefician del cartel de caballo ganador. El contexto penaliza al PDeCat, el partido que hasta ahora presumía de mayor implantación territorial, lastrado por la batalla entre la anterior dirección del partido y el entorno de Puigdemont por el control de este espacio. Desde JxCat reconocen que esa batalla ha lastrado la confección de listas en comarcas del sur de Tarragona, pero confían en sus alcaldes para frenar el envite de los republicanos.

«En las municipales también hay voto dual» señala un dirigente del partido de Puigdemont para dejar claro que confían plenamente en las opciones de alcaldes emblemáticos de CiU como Ana Erra, en Vic, municipio en el que ERC ha duplicado en votos a JxCat en las elecciones generales. «El mapa cambiará pero no tanto» asegura en referencia a las capitales de comarca como Manresa, Igualada o la propia Girona, donde gobiernan holgadamente.

En clave municipal, los socialistas catalanes aspiran a recuperar buena parte del terreno perdido en la última década, desde que el tripartito con ERC les hundió electoralmente y el posterior proceso independentista fracturó el partido en Cataluña. El PSC presentará 524 listas en toda Cataluña, un número similar al de 2015, pero esta vez han conseguido estar presentes en todas las capitales de comarca, destaca su secretario de Organización, Salvador Illa.

Pedro Sánchez en Barcelona

El dirigente socialista reconoce que la victoria en las generales del domingo «es un viento de cola con el que nos sentimos muy cómodos», dado el papel jugado por el PSC en las crisis de los dos últimos años y en las primarias en las que Pedro Sánchez recuperó los mandos del PSOE. El propio presidente del Gobierno se comprometió en el mitin final de campaña en Barcelona a «volver» para apoyar la campaña de Jaume Collboni. Un regreso en el que confían en el partido en Cataluña para impulsar la campaña en Barcelona, pese a ser conscientes de la apretada agenda del líder del PSOE en las próximas semanas.

Barcelona será la clave de las elecciones del 26M en Cataluña para PSOE y Cs, y los socialistas se ven ahora con opciones de arrebatarle la alcaldía al independentismo, pese a que Ernest Maragall parte como claro favorito en todas las encuestas. «La batalla estará entre Maragall y Collboni» aseguran desde el equipo del candidato socialista, convencidos de que Ada Colau pagará la pérdida de apoyos de Podemos y su decisión de alinearse con el independentismo desde el 1-O.

Respecto a la candidatura de Manuel Valls, están convencidos de que el ex primer ministro francés «no arranca» perjudicado por la campaña de Albert Rivera en las generales. «Valls es víctima de la estrategia de Cs en las generales» aseguran, en la que ha cerrado la puerta a los socialistas y endurecido el discurso contra la clase política catalana.

Valls, por contra, prepara una campaña centrada en dos debates: «el modelo de ciudad» con el que confrontará con la alcaldesa Ada Colau, y el eje independentista, incidiendo en el riesgo de que Barcelona se convierta en bastión del separatismo. Y en ambos frentes el candidato de Cs aspira a convertirse en voto útil de quienes no quieren ni independentismo ni Colau. «Somos la única opción clara» defiende Valls, «porque los socialistas no aclaran si volverán a repetir un tripartido de izquierdas» que incluiría a Colau y Ernest Maragall.

«Los independentistas quieren convertir Barcelona en una trinchera del independentismo» advierte Illa en respuesta, y en este contexto están convencidos de que Collboni puede recuperar mucho del voto perdido hace cuatro años en favor de Ada Colau. El domingo, el PSC ganó en cinco distritos de Barcelona, un buen punto de partida, reconocen.