La investidura de Pedro Sánchez volverá a poner sobre la mesa las tensiones en el seno de JxCat entre quienes abogan por seguir la línea de ERC y tantear una distensión con el PSOE y el Gobierno de Pedro Sánchez y los partidarios de la confrontación. Los primeros recibieron ayer un apoyo crucial, la carta de los tres presos de la formación -Jordi Sánchez, Jordi Turull y Josep Rull- convenientemente filtrada a un medio afín a ERC, en la que abogan por la abstención en la investidura de Pedro Sánchez para evitar una nueva convocatoria electoral. La misiva, de siete páginas, se remitió a la inexistente «dirección de JxCat» según fuentes del partido. Esto es, a la dirección de su grupo en el Congreso y en el Parlament.

En frente, la oposición a esta tesis es tremenda: el ex presidente Carles Puigdemont, Quim Torra y la actual dirección del grupo en el Congreso, liderada por Laura Borràs y Miriam Noguera, dos fieles a Puigdemont. Tras la oferta de diálogo explicitada por el portavoz de Esquerra en Madrid, Gabriel Rufián, en la primera ronda de contactos con el PSOE, la portavoz de JxCat dejó claro que su partido no tiene la misma predisposición. «No daremos más cheques en blanco», advirtió Borrás refiriéndose al apoyo del independentismo a la moción de censura que llevó a Sanchez a la Moncloa, y que en opinión del partido de Carles Puigdemont no ha tenido el retorno esperado.

La abstención de Junts permitiría a Pedro Sánchez superar la investidura con Podemos, PNV, PRC y Compromís. Con los tres votos de Sánchez, Rull y Turull suspendidos por el Tribunal Supremo, los procesados piden a sus cuatro compañeros de grupo que se abstengan para devolver al partido a la centralidad que en su momento tuvo Convergencia en el Congreso. El apoyo de JxCat permitiría a Sánchez desligarse de ERC, que con 15 diputados ha jugado hasta ahora el papel de socio prioritario de Sánchez dentro del independentismo, pese a que el PSOE insiste en que hay «diálogo» pero no «negociación».

Cortejo de ERC

Un ejemplo de esa voluntad conciliadora del partido de Oriol Junqueras lo dio ayer la consellera de Justicia, Ester Capella, en un acto de mujeres juristas en el que coincidió con la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, en Barcelona. Capella expresó en el auditorio del Colegio de Abogados de Barcelona su deseo de que calvo «revalide» el mandato -esto es, que Pedro Sánchez sea investido- para reabrir la senda del diálogo entre ambas administraciones.

Calvo correspondió a los buenos deseos de Capella destacando el «regalo» que supone para ella cada visita a Cataluña. Una actitud que contrastó con la dureza de la ministra de Hacienda, Maria Jesús Montero, quien dejó claro que el Gobierno no está dispuesto a levantar el control financiero sobre las cuentas de la Generalitat. Montero, también de visita en Barcelona para inaugurar el Congreso Mundial de Zonas Francas, recurrió a las palabras de Quim Torra, asegurando que «lo volveremos a hacer» para concluir que no se puede dar libertad financiera a una administración que sigue amenazando con saltarse la ley para proclamar la independencia.

Un discurso que da alas a quienes, especialmente dentro de JxCat, abogan por mantener la confrontación con el Gobierno del PSOE, al que acusan de «mantener la represión». En esta línea se expresó ayer mismo el colectivo Junts per la República (JxRep), que integra a parte de los independientes de JxCat en el Parlament. Coincidiendo con la carta de los presos, este grupo dio aire a la dirección liderada por Puigdemont pidiendo el no del partido a la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno «por responsabilidad, coherencia y porque sería absurdo que las víctimas de la represión salieran al rescate del Gobierno de un Estado que criminaliza el independentismo».

Mas, abanderado de la abstención

En el bando de los partidarios de la abstención destaca la figura del ex president Artur Mas, que en las últimas semanas ha intensificado sus movimientos y reuniones con diversos sectores de la ex convergencia para recoser el partido y, eventualmente, volver a liderar su candidatura a la Generalitat. Mas dejó claro la semana pasada, tras reunirse con Puigdemont en Waterloo, su predisposición a permitir la investidura de Sánchez. «Prefiero que en Madrid haya alguien que no tenga la obsesión de aplicar un 155 permanente» apuntó en declaraciones a Catalunya Radio, postura que habría defendido también ante Puigdemont.

Mas, heredero de la tradición política de CDC, no comparte el gusto por la confrontación y la ruptura de Puigdemont y su entorno, que hoy por hoy se ha hecho con las riendas del partido y, sobre todo, del Grupo en el Congreso. Por eso la carta de los presos es un elemento de presión trascendental para sus aspiraciones.

La postura de los presos, sin embargo, no es garantía de victoria. Se vio hace unas semanas, cuando tanto ERC como JxCat desoyeron a sus líderes encarcelados en Soto del Real y vetaron la designación de Miquel Iceta como senador, para que ocupara la presidencia de la Cámara Alta. Un golpe que, tras el veto de los republicanos a los presupuestos, explica en gran parte las reticencias del PSOE a apoyarse en unos partidos en los que está convencido de no poder confiar.