Pedro Sánchez llegó feliz a Bruselas este domingo. Los líderes de los 28 debían ponerse de acuerdo en los altos cargos que regirán el continente los próximos cinco años y el presidente español encabezaba la comisión negociadora de los socialistas europeos. Horas antes, en los márgenes de la cumbre del G-20 que se celebraba en Japón, había cerrado con Angela Merkel y Emmanuel Macron un acuerdo satisfactorio: su camarada Frans Timmermans presidiría la Comisión Europea, mientras que el Parlamento se lo quedaría el popular Manfred Weber y el belga Charles Michel sucedería a Donald Tusk en el Consejo. Todos contentos.

Todos menos el Partido Popular Europeo, que sintió como una puñalada que Merkel hubiera regalado la Comisión a sus espaldas pese a haber ganado las elecciones. También frunció el ceño el Grupo de Visegrado, encabezado por la Hungría de Viktor Orban, que no quería ni en pintura a un socialista férreo como Timmermans en la presidencia. El acuerdo saltó por los aires tras una noche de discusiones, negociación estéril, reuniones en penumbra y caras de sueño profundo tras 18 horas de maratón.

Descansados, los líderes de los 28 se habían emplazado este martes para alcanzar un acuerdo obligatorio: el Parlamento elige a su presidente este miércoles. Con la presión del reloj, Sánchez volvía a erigirse en valladar socialista contra las ansias de poder de un PPE victorioso pero mermado en las urnas tras los comicios del 26 de mayo. Hasta Alexis Tsipras, que se enfrenta a la reelección en Grecia este domingo, había designado a Pedro Sánchez como el defensor de sus intereses en Bruselas.

Al final del día, sin embargo, el presidente español acabó aceptando que la nueva presidenta de la Comisión Europea sea Ursula von der Leyen, ministra leal de Angela Merkel durante los últimos 14 años -Familia y Juventud primero, Trabajo y Asuntos Sociales después y Defensa por último-, beligerante contra los planes de ayuda al sur de Europa durante la época dura de la crisis y vista con buenos ojos por Hungría y Polonia, ni más ni menos. No parece, precisamente, el acuerdo que hubiera querido Tsipras.

Lo cierto es que el buen feeling de Sánchez con Merkel y Macron durante la maratón negociadora no se saldó con mucho. Merkel y Macron, que coloca a Christine Lagarde en el Banco Central Europeo, ganaron. Sánchez, como principal negociador socialista, perdió por goleada. Llegó el domingo con la presidencia de la Comisión Europea bajo el brazo y se fue 48 horas más tarde teniendo que conformarse con un Alto Representante de Política Exterior y, quizá, una presidencia compartida del Parlamento Europeo.

La investidura no será fácil

«Esta propuesta es profundamente decepcionante para nosotros», dijo tras conocerse el acuerdo la socialista española Iratxe García, presidenta del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo. «Es inaceptable que los gobiernos populistas representados en el Consejo hayan tumbado al mejor candidato sólo por haber defendido el imperio de la Ley y nuestros valores europeos comunes», añadió en referencia a la candidatura fallida del holandés Frans Timmermans, que probablemente repetirá como vicepresidente. Las duras críticas de García anticipan que la investidura de Von der Leyen será complicada. Necesita 376 votos en el Parlamento Europeo. Populares (182) y Liberales (108) suman 290. Tendrá que conseguir 86 de los 154 votos socialdemócratas, que muy probablemente acabarán dividiéndose.

Este acuerdo demuestra que España ha vuelto’, ha dicho Sánchez tras colocar a Borrell como jefe de la diplomacia europea y azote del independentismo catalán

Sánchez le pasa una patata caliente a Iratxe García y al grupo socialdemócrata del Parlamento Europeo, que se constituyó este martes, pero el suyo es un trabajo dual. Como negociador socialista fracasó, pero como presidente español logró una importante victoria: Josep Borrell será el nuevo Alto Representante de Política Exterior, máxima figura de la diplomacia de la Unión Europea. Un golpe en el mentón del independentismo, que hasta el momento acumula una derrota tras otra en la arena europea en la que pretenden hacer avanzar su causa.

El nombramiento de Borrell, cuya designación en Exteriores en el gobierno de Sánchez ya fue interpretada como un mensaje duro contra los independentistas, actuará como dique de contención contra la infiltración de los tentáculos independentistas en las instituciones comunitarias. En realidad, no hay ninguna buena noticia para Puigdemont y sus seguidores en los nombramientos surgidos del Consejo Europeo: Von der Leyen es una legalista alemana democristiana de la línea Merkel, y el Consejo Europeo se lo quedará Charles Michel, enemigo íntimo de los nacionalistas flamencos del N-VA, sus verdugos en el gobierno belga el año pasado y principales aliados del expresidente de la Generalitat.

«Creo que este acuerdo demuestra que España ha vuelto. Y ha vuelto proponiendo a una persona acreditada en un puesto vital como es la política exterior», dijo Sánchez tras conocerse el ticket final. Durante las negociaciones también había surgido el nombre de Nadia Calviño como comisaria de Presupuestos, e incluso el de Iratxe García como presidenta del Parlamento. Ese puesto, en principio, será en un primer término para el también socialdemócrata David-Maria Sassoli.

Ningún brote verde para el independentismo

Nada de esto supone una buena noticia para el independentismo, que no encontrará aliados en Bruselas ni en Estrasburgo. La máxima aspiración de los secesionistas catalanes era que los Verdes de Ska Keller entrasen en el reparto de puestos y hubieran recibido el apoyo de socialdemócratas y liberales para presidir el Parlamento. Pero no ha estado siquiera cerca de plantearse. Es el único grupo que este martes ha expresado preocupación por la ausencia de Puigdemont, Comín y Junqueras en el Parlamento Europeo. Y también es el único grupo que está anunciando batalla en la Eurocámara contra los acuerdos alcanzados en el Consejo. Sin demasiados visos de prosperar.

En pleno terremoto judicial, aún frescas las recientes decisiones del Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra las actuaciones del independentismo en el Parlament y del Tribunal General de la UE contra las medidas cautelares solicitadas por Puigdemont, los independentistas catalanes siguen acumulando malas noticias. Borrell comandará el discurso de la UE hacia el exterior, Macron y Merkel se reparten sin concesiones el poder orgánico de la Unión Europea y socialistas como Timmermans, de discurso muy duro contra el independentismo los últimos dos años, seguirán teniendo poder y voz en Bruselas.

Sánchez fracasa y triunfa: se trae de vuelta un acuerdo malo para los socialistas, bueno para España.