El hostigamiento al que asistieron los dirigentes de Ciudadanos el pasado sábado durante la manifestación del Orgullo ha dejado un malestar en las filas naranjas que 48 horas después sigue generando gran variedad de reacciones en todas las aceras políticas.

Los naranjas han contado con el apoyo de algunos sectores políticos ajenos a sus propias filas -como el PP encarnado en la figura de José Luis Martínez Almeida, que condenó el pasado domingo la violencia sufrida por sus compañeros de pactos- y con el silencio e intento de justificación por parte de la izquierda y por los propios organizadores del Orgullo.

Y a pesar de la tensión vivida en las últimas semanas, críticos y disidentes del partido -cuya ola de dimisiones ha hecho temblar los cimientos de Ciudadanos- se han unido a los dirigentes increpados para condenar “la intolerancia” y “el sectarismo político” sufrida por los naranjas. Todos, salvo uno: el ex portavoz económico y ex hombre fuerte de Rivera, Toni Roldán.

Roldán, que dimitió el pasado 24 de junio por discrepancias con el líder del partido motivada por “la derechización” en la política de pactos, ha utilizado las redes sociales como arma arrojadiza contra el que fue su partido desde que hizo efectiva su salida. Pero, a diferencia del resto de críticos, ha guardado silencio sobre lo vivido el sábado por sus ex compañeros de filas, quienes fueron desalojados de la marcha previos insultos, gritos, amenazas y lanzamiento de objetos.

Sí se ha manifestado al respecto una figura que se ha erigido como látigo de Ciudadanos en general y de Albert Rivera en particular desde su separación de los naranjas: Manuel Valls, quien ha utilizado Twitter para censurar “la falta de moderación” y “la intolerancia” durante la manifestación en el Orgullo. “Me considero siempre de izquierda”, aseveraba en otro tuit, “pero una izquierda que no soporta la intolerancia y el sectarismo en general de la política española”, en una clara crítica a la actitud tomada por los socialistas y defendida por dirigentes como Fernando Grande Marlaska o Adriana Lastra.

El más reciente dimitido de la formación, el fundador de Ciudadanos en Baleares Xavier Pericay, también se ha unido a las voces críticas que condenan la actitud de la izquierda respecto a lo sucedido, utilizando Twitter para reproducir las opiniones de sus compañeros de filas, incluida la de Juan Carlos Girauta, quien tachaba de “matón” al ministro del Interior tras justificar lo ocurrido acusando a Cs de “pactar de forma obscena con quien limita derechos LGTBI”.

También el conocido como cabeza del sector crítico y líder de Ciudadanos en Europa, Luis Garicano, se ha unido a la reprobación de los actos violentos del sábado y ha aseverado tajante que “todos tenemos derecho a expresarnos”, al tiempo que reprocha a la izquierda su “intento de justificar lo injustificable”.

La voz de Garicano se ha dejado sentir en Europa, a juzgar por un mensaje publicado recientemente por la cuenta oficial de los liberales de Renew Europe -antiguo ALDE- que ha ensalzado abiertamente la labor de Ciudadanos en “la defensa de los derechos y libertades LGTBI” al tiempo que tacha de “inaceptable” la intimidación sufrida por los naranjas, que “no tiene cabida ni en España ni en ningún otro lugar”.