Se ha dicho y escrito de todo sobre ella la última semana. Que si es «díscola». Que si pide tres consejerías. Que si está controlada por negociadores castellano-manchegos, a los que la candidata socialista a la Presidencia de La Rioja, Concha Andreu, ha calificado de «forasteros». Que si las bases están en contra de ella. Que si es una trepa. Que si la dirección estatal quiere cortarla las piernas y echarla.

La realidad es que el equipo de Raquel Romero, la cabeza de lista de Unidas Podemos en La Rioja y cuyo escaño es clave para acabar con 24 años de Gobiernos del PP en esta pequeña región vinícola, vive estos días un estado de nervios en el que la única que mantiene el sosiego es, aseguran, la propia Romero. «Tiene más narices que cualquiera de nosotros», asegura uno de esos forasteros procedentes de Castilla-La Mancha.

En su reducido círculo -la gestora que gestiona Podemos desde antes de que ella regresara de Berlín, además de los negociadores- han sugerido varias veces a Raquel Romero que tire la toalla y termine así con la tensión. Pero ella se niega: «Raquel no concibe que si a los 63.000 votos del PSOE les faltan los 11.000 de UP para cerrar seis legislaturas de la derecha, ellos no se avengan a negociar un programa de Gobierno. En el Ayuntamiento de Logroño UP gobierna con el PSOE y ocupa la concejalía de Medio Ambiente con un concejal. No piensa rendirse», explican sus cercanos.

Su equipo le ha sugerido varias veces que tire la toalla pero ella no quiere

En la reunión del pasado miércoles, antes de la segunda investidura fallida, los negociadores del PSOE se levantaron cuatro veces de la mesa mientras ella se negaba a irse. Dio igual: finalmente el equipo de Andreu, encabezado por su responsable de Organización Paco Ocón, fue quien decidió largarse. Fue una reunión de tres horas cargada de estrés. Al día siguiente, jueves, la llovió de todo, especialmente desde medios progresistas. Era el segundo intento malogrado en dos días, tras la investidura fracasada del martes.

No tiene Twitter ni redes sociales y va a mantener un perfil bajo para intentar negociar exitosamente con los socialistas riojanos. Está convencida de que su grupo tiene que entrar en el Ejecutivo, precisamente porque es la clave de formar Gobierno. Y no se ha inmutado cuando el PSOE ha filtrado detalles de las conversaciones que ella niega. Las peores relaciones no las mantiene con Andreu sino con su compañera de lista, Henar Moreno de Izquierda Unida. Moreno rompió con ella días después de las elecciones unilateralmente para apoyar al PSOE a cambio de cargos parlamentarios, tal y como la acusa Romero.

No se ha inmutado cuando el PSOE filtra exigencias suyas que ella niega

El viernes Moreno se mostró sorprendida por tales imputaciones en una entrevista con eldiario.es. «Con las comisiones, no sé ni a qué se refiere [Raquel Romero]. ¿Se refiere a las comisiones técnicas que se han constituido? Son tres. En una de ellas estoy yo presente como miembro de la Mesa y las otras dos nos las repartimos», dijo. Esta afirmación es falsa, y basta con contrastar los perfiles de Moreno y de Romero en la web del Parlamento de La Rioja para ver que la de IU ocupa seis cargos en el hemiciclo (portavocías, vicepresidencias) y la segunda ninguno.

Hay que remontarse a marzo. Cuando Echenique llamó a Raquel Romero para encabezar la candidatura, ella inicialmente se negó. El partido estaba desangrado con Germán Cantabrana al frente, que ha perdido y ganado juicios contra la dirección estatal (esta misma semana Cantabrana ha denunciado a un miembro de la gestora por grabarlo con el móvil). Los morados necesitaban un candidato «fresco» y al ex secretario de Organización se le ocurrió la figura de Romero, entonces responsable de Exteriores de Podemos, riojana y afincada en Berlín, una de las ciudades europeas que más jóvenes españoles recibieron durante la crisis económica.

Echenique la rogó que volviera de Berlín y se presentara en La Rioja, donde había una gestora

De ahí viene que la achaquen ser una «paracaidista» o de no haber concurrido en primarias: se impuso una gestora y la nombraron a dedo. Negociaron con IU -cuyo último diputado autonómico lo obtuvo en 1995- y con Equo y se lanzaron a las elecciones perdiendo la mitad de los escaños (de cuatro a dos parlamentarios). Y a los pocos días de los comicios se encontró sola, con un partido en retroceso y confesando a los suyos no tener ni idea «de cómo se negocia un Gobierno», según transmitió a la gestora.

Inicialmente chocó muy fuerte con la dirección estatal de Podemos. Asegura que el negociador socialista Ocón hablaba de sus «jefes» en las mesas de negociación, en alusión a Echenique. Incluso Raquel Romero tuvo la sensación de que La Rioja era moneda de cambio en las tortuosas conversaciones entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez para la investidura del presidente en funciones. Su desconcierto la llevó a llamar a un equipo bregado en coaliciones. Solo encontró al personal de Castilla-La Mancha, en teoría afín a Ramón Espinar. Y espetó a Andreu cuando ésta no lo esperaba que su intención pasaba por entrar en el Gobierno, para pasmo de la candidata socialista.

Una manifestación de militantes contra Romero reunió a cinco personas

Las cosas con la dirección se han ido recomponiendo. Pero en aquel momento, los primeros días de julio, estalló todo. El 7 de julio el PSOE se cerró en banda. Tras varias reuniones fallidas entre ambas partes, un sector de la militancia convocó el 10 de julio una manifestación en la sede de Podemos en Logroño: acudieron cinco personas y había más medios que protestantes. Ese mismo día los círculos críticos con la gestora aseguraron haber iniciado una recogida de firmas que incluía a 100 militantes morados; las firmas fueron entregadas el pasado jueves 18 de julio, el de la investidura fallida, y eran las mismas en número que dos semanas antes: 100. Su círculo rechaza que las bases no estén por entrar en el Gobierno: «La Rioja es muy pequeña y nos conocemos todos».

Lo peor estaba por llegar. El famoso relato que lleva instalado en la política española desde al menos 2016 la dejaba en evidencia: una única diputada de Podemos impedía a la izquierda volver a administrar la política riojana 24 años después. El 12 de julio Concha Andreu soltó la bomba: «Podemos ha pedido tres consejerías». Tres, para ser una sola diputada. Todos los medios lo compraron a pesar de que el dardo venía de parte.

Desde hace dos semanas el ‘relato’ que impera es que ella pidió tres consejerías

Ha sido del todo irrelevante que Raquel Romero haya negado esa condición por activa y por pasiva o que haya denunciado que se trata de palabras sacadas del contexto negociador: una tormenta se desató sobre la inexperta diputada. La periodista riojana Elisa Beni, la carta de una militante, o un artículo del digital local nuevecuatrouno.com apuntaron contra la ambición de Romero, que siempre ha blandido la bandera de la negociación para entregar su voto. Todos hablan de los emisarios de Castilla-La Mancha (alguno de ellos como Francis Gil apenas participa de las discusiones o se ha vuelto a casa), hasta el punto de que la aludida se ha llegado a preguntar si no hay un punto «racista» en las críticas por el origen de su equipo.

Esto se publicó en el digital local: «Encantada de la vida por ser el centro de atención, la diputada de Podemos lleva varios días con una sonrisa imborrable de la cara. Es la chica popular del instituto, la niña tímida a la que el chico guapo del colegio ha invitado a salir después de pedir permiso a su padre. Sale en La Sexta. Todo es tan bonito que no puede ser verdad. Y no lo es. En realidad, no está invitada a la fiesta y se quiere colar por la puerta de atrás con un par de cervezas saludando a la peña».

La prensa local la define como «el centro de atención», la «niña tímida» que «sale en La Sexta»

Curiosamente, el acuerdo de investidura en Murcia entre PP, Ciudadanos y Vox probablemente termine allanando el camino a la Presidencia de la popular Isabel Díaz Ayuso; por la izquierda, la renuncia de Iglesias a estar en el Gobierno de Sánchez puede igualmente despejar las alianzas por la izquierda en Navarra, Aragón y La Rioja, además del Ejecutivo central. Sería una paradoja: que al final todo quedara en una guerra de desgaste y Raquel Romero terminara victoriosa gestionando alguna de las ocho consejerías riojanas. Una paradoja a la que no va a renunciar.