Política

"Estamos como en el País Vasco. Querían un muerto"

La esposa de un policía herido en los graves disturbios de Barcelona, al que visitó ayer Pedro Sánchez, relata a 'El Independiente' la dura experiencia de su marido: "Mis hijas no entienden por qué a su papá le tiran piedras cuando es un policía que vela por la seguridad de todos"

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"Estamos como en el País Vasco. Querían un muerto"
Uno de los policías heridos en Barcelona y su esposa, que ha hablado con este diario, recibiendo este lunes la visita de Pedro Sánchez en el hospital.

Uno de los policías heridos en Barcelona y su esposa, que ha hablado con este diario, recibiendo este lunes la visita de Pedro Sánchez.

Resumen:

A las 18.15 horas del ‘viernes negro’, cuando una turba se concentraba a las puertas de la Jefatura Superior y en la Plaza Urquinaona de Barcelona, su marido le llamó para decirle que acababa de sufrir una lesión en el brazo derecho por el impacto de un objeto pero que se reincorporaba al operativo policial porque no sufría ninguna fractura. Fue la última noticia que tuvo de él hasta que, horas después, el 061 le confirmó que se encontraba ingresado en el Hospital Sagrado Corazón. Había sufrido un fuerte golpe en la cabeza que le había hecho caer al suelo y perder el conocimiento.

Desde el centro sanitario en el que se recupera este policía nacional con diez años de trayectoria en la Unidad de Intervención Policial (UIP), la mujer relata a El Independiente la experiencia vivida por su marido el pasado viernes -sin duda la jornada más dura desde que los radicales desataron su ira- durante los altercados violentos registrados en la capital catalana tras dictarse la sentencia del procés. El agente se encontraba en Urquinaona formando parte de un grupo de los Antidisturbios que intentaba despejar la calle -salpicada de barricadas en llamadas- cuando cayó desplomado al suelo tras sufrir un fuerte impacto en la cabeza. No han podido averiguar todavía si el objeto lo lanzaron desde una azotea o mediante un artilugio que eleva el proyectil y luego cae en vertical.

La conversación telefónica con este diario se produce horas después de recibir en su habitación hospitalaria la visita de Pedro Sánchez, que este lunes se ha desplazado fugazmente a Barcelona para interesarse por los policías que resultaron heridos la pasada semana. «El presidente se ha preocupado por su estado de salud y por cómo lo hemos llevado la familia», explica la mujer, que pide anonimato al periodista.

Después de aquella llamada a media tarde del viernes, ya no pudo volver a contactar con él hasta que lo vio en una camilla en el hospital. «Intenté llamarlo cuando empecé a ver por los medios de comunicación que habían abatido a un agente y que estaba inconsciente. Ya me empecé a preocupar porque pensé que podía ser mi marido. Por las imágenes deduje que podía ser él. Llamé a diversos compañeros, pero, claro, ninguno me podía coger el teléfono. Estaban en una auténtica batalla campal, en una situación súper hostil. Llamé al 112, al 061… Tampoco me daban información. Llamé a mi cuñado, que estaba pendiente de todas las imágenes, y contrastamos la foto en la que se veía al agente herido; comprobamos que era él. Había caído y estaba inconsciente. Volvimos a llamar al 061 y ya nos comunicaron que estaba en el Sagrado Corazón», recuerda.

La esposa de un policía herido en los disturbios de Barcelona relata a ‘El Independiente’ la dura experiencia de su marido: «Jamás había vivido una situación así»

Cayó redondo. Sus compañeros de la UIP lo sacaron de la línea policial para que pudiera ser evacuado a un hospital. Estuvo cinco minutos sin conocimiento, le han explicado después a su esposa. Diagnóstico: traumatismo cranoencefálico, lo que le mantiene desde la tarde-noche del viernes bajo observación médica. Si no surge ningún contratiempo, recibirá el alta antes de final de semana para completar su recuperación en su domicilio.

Las heridas físicas quedarán restañadas, pero este policía -de 41 años de edad y destinado en Barcelona- tardará mucho tiempo en olvidar lo que vivió aquella noche con el uniforme en la Plaza de Urquinaona bajo un manto de piedras y rodamientos nunca visto. «Él lleva diez años en la UIP y dice que jamás ha vivido una situación igual. Por las imágenes que he visto y lo que nos han comentado compañeros que han venido a visitarlo, ni gente que ha trabajado en el País Vasco ha vivido ese ambiente de odio y de terrorismo. Querían un muerto. Me ha dicho que llegó un momento en que estaban acorralados. No podían, eran muchos», comenta.

Es a la conclusión a la que llega después de las imágenes que ha visto en los últimos días en televisión y en los diarios y de lo que le ha contado su marido en el hospital entre visita y visita. «Cuando me llamó de servicio me contó que llevaban varias horas aguantando mientras les decían de todo. También me dijo que la gente tenía como odio a la Policía. Los veía como desencajados. ‘Parece que nos quieren matar’, me comentó. Los veían desatados. Esas ganas de hacer daño no las había visto en su vida. Sabía que algo malo iba a pasar. La situación era muy hostil», prosigue.

«Terrorismo» callejero

Como a otros policías que participan en el operativo desplegado por el Ministerio del Interior en Cataluña, lo que más les ha llamado la atención es la virulencia con la que se han empleado los radicales en las calles de Barcelona y en otros puntos de la comunidad -llegaron a arrojarles ácido, cócteles molotov e incluso un artefacto pirotécnico a un helicóptero de los Mossos d’Esquadra- y el grado de organización que demostraban. «Por lo que me cuenta mi marido, y lo que yo he visto, iban muy preparados: llevaban piedras, radiales máscaras… llevaban muchos instrumentos. Él me insiste en que no es vandalismo sino terrorismo. Es una organización porque se movían impredeciblemente con la ayuda de las redes sociales y de las nuevas tecnologías. Estaban sorprendidos», añade.

El agente ya formó parte del dispositivo montado el pasado martes a las puertas de la Jefatura Superior en la céntrica Vía Laietana, donde se concentraron varios miles de manifestantes para protestar por la condena a los líderes del movimiento independentista. Su grupo de la UIP ya sufrió entonces los insultos y el lanzamiento de botellas, piedras, paraguas, tornillos, pinchos… Nada en comparación con lo que se desató en la cercana Plaza de Urquinaona tres días después y que, desde entonces, lo mantiene en una cama del Hospital Sagrado Corazón de Barcelona.

«Como buen profesional que ha demostrado ser, él sabía que algo malo iba a pasar porque aquello era una batalla campal. Cuando estás allí, con la adrenalina y las ganas de trabajar, sólo piensas en intentar restablecer el orden público y velar por la seguridad de todos los ciudadanos. Se me encoge el corazón cuando veo las imágenes. Poca cosa ha pasado», señala.

Mis hijas no entienden por qué a su papá le tiran piedras cuando es un policía que vela por la seguridad de todos”

Durante estos días, no sólo ha tratado de acompañar a su marido en el hospital. También ha intentado que explicar a sus hijas por qué su padre no iba a casa a dormir, como de costumbre. «Lo han vivido con pavor, pena y miedo. No lo digiero yo que soy adulta, mucho menos unas niñas. Ellas no entienden por qué a su papá le tiran piedras cuando es una persona que está velando por la seguridad de todas las personas. Es difícil que una niña pueda comprender el motivo que le lleva a otra persona querer matar o hacer daño a otra que vela por los demás», indica.

En su opinión, la situación que se vive en Cataluña desde hace dos años -tras el referéndum independentista del 1-O– y los graves altercados que se han producido en los últimos días va a provocar que muchos policías se planteen seguir en esta comunidad, en la que se vienen registrando desbandadas de funcionarios y la mayor parte de las vacantes se cubren de manera forzosa con los agentes recién salidos de la Academia y que carecen de puntos para poder solicitar otros destinos.

«Se ha desatado la furia en Cataluña»

«Estamos como en el País Vasco o peor. Esto ha empezado ahora, se ha desatado la furia. Los policías deberían cobrar igual que la peligrosidad que se paga por estar destinado en el País Vasco. Al punto que estamos llegando, hay gente que se va a plantear seguir trabajando en Cataluña», vaticina. Se trata del complemento de territorialidad, cuyo incremento vienen reclamando sin éxito desde hace meses sindicatos policiales y asociaciones profesionales de la Guardia Civil.

Ellos, de momento, esperan recibir el alta para poder regresar a su casa y recuperarse por la situación de estrés vivida. Pero no tiene dudas de que volverá a vestir el uniforme, a colocarse el casco y a empuñar el escudo de la UIP sin olvidar aquella noche de octubre en la que volaban las piedras por el cielo de Barcelona.