Imagen del hemiciclo del Senado

Imagen del hemiciclo del Senado EFE

Política

Por qué la fórmula del 1+1+1 en el Senado es inútil para la derecha

Con la repetición de elecciones, vuelve a cobrar importancia una iniciativa que ya se intentó aplicar el 28-A y que terminó perjudicando al PP en la Cámara Alta

Con la repetición electoral, los partidos vuelven a sacar la artillería pesada para arrasar, resistir o, en algunos casos, sobrevivir después del domingo. Y con la vuelta a las urnas regresan también las fórmulas mágicas, algunas más creíbles que otras, con las que llenar la bolsa de papeletas a base de trasvases entre aliados y rivales dentro del fragmentado mapa político actual.

Y esta vez, como ocurriera hace unos meses, ha vuelto a cobrar cierta relevancia un plan que tiene como fin último, según sus impulsores, el de aglutinar el voto en el bloque de la derecha para debilitar -y en última instancia arrebatar- la hegemonía a la izquierda, en este caso en el Senado. Se trata de la fórmula 1+1+1, que consiste ni más ni menos en que el electorado del centro-derecha reparta sus votos en la Cámara Alta entre Ciudadanos, PP y Vox, para concentrar las papeletas de los votantes de esta ideología en el mismo senador de cada formación.

En abril, la iniciativa ya corrió como la pólvora a través de cadenas de Whatsapp -entonces sin autor conocido- que trataban de convencer a sus receptores para «no regalar el Senado a Pedro Sánchez». Pero fue un fracaso. Una parte de los electores de la derecha sí aplicó la fórmula y, como explica el director general del Instituto DYM, Carlos Rello, el PP obtuvo por ello una cuarta parte más de papeletas que las obtenidas en el Congreso en su primer candidato al Senado gracias a los votantes de Vox y Ciudadanos que apostaron por el nombre popular… pero que finalmente no se tradujo en una mayor representación en la Cámara Alta.

Las primeras candidaturas de Ciudadanos y Vox registraron también más votos que en el Congreso, pero seguían siendo insuficientes como para que ninguno de sus senadores lograse la suficiente representación en el Senado: los naranjas sólo lograron cuatro asientos -pese a la espectacular progresión hasta los 57 escaños que experimentaron en el Congreso-, mientras que los de Santiago Abascal directamente no lograron representación pese a irrumpir en el hemiciclo con 24 diputados. Y todo ello a costa de que, pese a verse reforzado el primer candidato provincial del PP, el resto de candidaturas populares se vieron mermadas por la fuga de votos a las otras formaciones del bloque.

De cara a este domingo, el plan fallido de abril vuelve a estar encima de la mesa después de que Vox se comprometiese a presentar un único senador por provincia en lugar de los tres habituales, con el objetivo fallido de que PP y Ciudadanos se uniesen a la iniciativa. Y, de nuevo, vuelven a surgir las dudas sobre las bondades del plan y su capacidad real de arrebatar la mayoría absoluta a Pedro Sánchez, en un momento en que las cábalas electorales presentan un mapa distinto al del 28-A: el PSOE llega debilitado a estas generales, mientras que el PP espera un crecimiento para rozar, según los sondeos más optimistas, los 100 escaños.

Nada más lejos de la realidad. El análisis de los expertos pone los pies en el suelo las pretensiones de Vox y avisan de que, también de cara al 10-N, con el 1+1+1 los de Pablo Casado serían de nuevo los más perjudicados sin que llegue a tener consecuencias reales sobre el PSOE.

«Los únicos que podrían sacar un cierto beneficio con esta fórmula son Ciudadanos y, sobre todo, Vox», señala Rello, pero aún así «es una fórmula completamente utópica». El único escenario en que podría funcionar implicaría «un voto masivo con este plan, prácticamente del 100% del electorado conservador y de centro». Pero la coyuntura actual hace que ese supuesto sea «imposible». «En el espacio de centro-derecha existen filias y fobias, y un votante de Vox no marca así como así una cruz de Ciudadanos, igual que ocurre a la inversa», reitera.

La fórmula del 1+1+1 es un engaño. El plan perjudica al PP, beneficia a Cs y Vox y, en la práctica, no tiene ningún efecto sobre el PSOE

«Es un engaño. Con esta fórmula sólo se reafirma la mayoría absoluta en el Senado de la izquierda y que Vox y Ciudadanos consigan algo más de votos sin que tenga un efecto real», señala el director del Instituto DYM.

«Nadie se puede creer esta teoría», confirma también el presidente de GAD3, Narciso Michavila, que vincula el resurgir de la fórmula a los «terraplanistas incansables» de Vox. «En las pasadas generales ya quedó demostrado que no funciona», zanja.

Michavila se remite a la explicación que dio sobre esta fórmula el 28 de abril que seguirá siendo inaplicable en estos comicios. Según argumentaba, en las 13 elecciones que se han celebrado se ha repetido el mismo patrón, comprobado en el 99% de los casos: «los tres primeros senadores son del partido más votado en el Congreso y el cuarto del segundo partido».

La única vía sería, pues, la coordinación masiva del voto, una opción para la que «los votantes tendrían que ver la misma coordinación entre sus líderes» y una fórmula para la que, al final, se deja en manos de millones de electores, con la inviabilidad que ello supone, una vía que podrían resolver los líderes políticos presentándose de forma conjunta, en este caso en la Cámara Alta, para aglutinar de manera efectiva el voto.

Precisamente, los expertos señalan que la única forma efectiva de arrebatar la mayoría absoluta al PSOE en la Cámara Alta la puso encima de la mesa Pablo Casado, pero el proyecto de España Suma -centrada en fusionar los votos en un mismo partido y cuya primera fase se centró en intentar una alianza en el Senado, como se hizo con Navarra Suma- fue desdeñada tanto por Rivera como por Abascal.

Órgano vital en un momento clave

La respuesta violenta a la sentencia del ‘procés’ en Cataluña y el llamamiento a la desobediencia civil de una parte del independentismo pone de relieve la importancia de tener el control de la Cámara Alta.

En un contexto de máxima tensión política por el desafío secesionista, en el que el bloque de la derecha aboga por la intervención con la aplicación del artículo 155 mientras la izquierda se resiste a ello, el Senado es clave, pues es una competencia de este órgano.

En los anteriores comicios, el PP logró 56 senadores (74 menos que en 2016); Ciudadanos, a pesar de su espectacular subida en el Congreso logró sólo cuatro; y Vox ninguno. El PSOE venció con 121 escaños (76 más que en 2016), favorecido por el sistema que beneficia al ganador de las elecciones.

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