Pedro Sánchez redobló la apuesta y perdió. Su apuesta por mejorar resultados e imponerse para formar un Gobierno en solitario ha sido un fracaso. Tanto es así, que en su primera comparecencia en Ferraz para valorar los resultados, Sánchez ha abierto las puertas a una coalición con Unidas Podemos.

Ante los militantes congregados frente a la sede socialista, el candidato se ha congratulado de que el PSOE haya ganado «por tercera vez este año las elecciones». «Gracias, gracias y gracias, gracias de corazón», ha reiterado, en un discurso interrumpido por las bases que esta vez no gritaban «con Rivera no», sino «con Iglesias sí».

Presionado por las circunstancias, Sánchez ha prometido «formar un Gobierno estable y hacer políticas en beneficio de los españoles». por lo que ha realizado una «llamada a todos los partidos politicos» par que actúen «con generossidad y responsabilidad para desbloquear la situación política en España». «El PSOE también lo hará», ha prometido Sánchez, que se ha desvinculado de la decisión de repetir elecciones. «La democracia nos convocó», ha asegurado, antes de prometer que en España habrá «un Gobierno progresista liderado por el PSOE», que hablará con todos los partidos políticos salvo «aquellos que se autoexcluyen de la convivencia y siembran el discurso del odio». «Mi empeño es que esta vez sí, sí o sí vamos a formar un Gobierno progresista, por eso vamos a desbloquear la situación política en este país», ha anunciado.

El candidato socialista no ha conseguido ilusionar al votante progresista con su promesa de un “Gobierno fuerte” y estable que no dependiera de Unidas Podemos y los separatistas para gobernar. Medidas estrellas de su Gobierno como la exhumación de los restos de Francisco Franco han acabado beneficiando a la ultraderecha en España, que se convierte en tercera fuerza política por encima de Unidas Podemos y de Ciudadanos, sexta fuerza política tras haber rozado la posibilidad de superar al PP.

El desafío independentista en Cataluña tampoco ha beneficiado al PSOE ni al partido que había crecido para combatir el nacionalismo en la comunidad, Cs, que ha sido sustituido por Vox como fuerza combatiente del secesionismo.

La estrategia de situar a Vox en un papel protagonista en la recta final de la campaña contrasta con la decisión de Pedro Sánchez de ignorar a Santiago Abascal en su primer cara a cara con Pedro Sánchez en la televisión. Algunos dirigentes socialistas justifican ese cambio de criterio en la preocupación causada por la fortaleza que pueda adquirir en el Congreso el partido de Abascal tras las elecciones. Si se confirma que se convierte en tercera fuerza política tras el PP, como indican las encuestas, Pablo Casado podría verse en dificultades a la hora de negociar con el PSOE una abstención patriótica que dejaría a Vox vía libre como oposición verdadera, ya que reprocharía al líder del PP en cada debate que Sánchez gobierne gracias a él.