Quienes me siguen saben que siempre procuro traer a esta cita con los lectores de El Independiente figuras del máximo nivel. Una de las españolas más influyentes del panorama internacional es Miriam González Durántez. Abogada, experta en Derecho Europeo y con un enorme peso específico en la City londinense. Esposa de quien fuera viceprimer ministro británico durante la convulsa etapa de David Cameron, el liberal Nick Clegg, es, sobre todo, una activa feminista que lleva años luchando por la causa de la igualdad.

Sus firmes convicciones en este terreno le llevaron a fundar en octubre de 2013 Inspiring Girls. Una organización que, seis años después, está presente ya en 16 países tan diversos como España, Chile o Serbia, por citar tan solo tres ejemplos. 

Acaba de publicar Devuélveme el poder, en donde expresa de forma valiente por qué urge una reforma liberal en España que acomode el Sistema a los nuevos tiempos y devuelva, como su propio nombre sugiere, el poder a los ciudadanos, resituando así a una Administración que ha llegado, casi por completo, a anular la iniciativa individual. 

Pregunta.- Explíqueme en palabras simples qué es Inspiring Girls.

Respuesta.- Intentamos juntar a mujeres referentes con niñas para que las inspiren. Es un proyecto muy sencillo en el que se trata simplemente de enseñarles la cantidad de cosas que las mujeres pueden hacer, y que pueden hacer ellas también. 

P.- ¿Por qué lo consideras sencillo? Ya es un proyecto internacional, que no para de crecer. ¿Cuáles son los objetivos a corto y medio plazo?

R.- Nuestros objetivos son muy fáciles. Hacer ver a todas las niñas las posibilidades que tienen a su alcance y que no son teóricas, sino que ya hay mujeres que ya han logrado lo que se han propuesto. Queremos alentarlas a que tomen las decisiones que quieran sin tener en cuenta los estereotipos de género, que todavía afectan a muchísimas niñas de muchos países. De hecho, lo que más me sorprende en este proyecto es que da igual dónde estén las niñas, en un ambiente rural o urbano, en la City de Londres o en el Chile rural… Todas ellas siguen teniendo en su mayoría problemas de falta de confianza en sí mismas: dejan asignaturas, abandonan deportes porque creen que son de niños… Queremos animarlas a que hagan lo que decidan hacer y le echen esfuerzo, energía y ganas. Hemos tenido una racha fabulosa desde que lo iniciamos y desde que lo iniciamos internacionalmente en 2016. Ya estamos en 14 países y en lo que nos hemos centrado sobre todo ha sido en lograr poner en marcha una herramienta para que el background y la geografía de las niñas no sea un problema; para que, estén dónde estén, las niñas puedan tener acceso a esas mujeres referentes, de una manera virtual a veces pero que con unos pocos clicks puedan llegar a ellas y conectarlas de la manera más fácil.

P.- Hace poco tuve una pequeña polémica en un foro maravilloso de mujeres directivas porque expresé una crítica y fue la de que, a veces, estos foros me parecen tremendamente elitistas. Yo trabajo con muchas multinacionales donde la igualdad ya es un hecho o incluso, en algunas como las del sector farmacéutico, hay más CEO mujeres que hombres. Si vamos en cambio a otros sectores menos igualitarios o a ámbitos como el rural, aún se está a años luz. ¿Qué se está haciendo para que la igualdad llegue al mundo rural y no solo a las grandes ciudades, y no solo a las multinacionales sino a todas las empresas?

R.- En Inspiring Girls mi preocupación primordial siempre han sido no sólo las mujeres que aspiren a convertirse en presidentas de grandes bancos de inversión, por ejemplo, que parece que es lo que socialmente se considera como la culminación del éxito profesional, sino todo tipo de mujeres;  las que están empezando, las que están en el medio, las que trabajan a tiempo completo pero también las que lo hacen a tiempo parcial, las que han dejado de trabajar y que vuelven, las que han decidido no trabajar y que no por ello son menos referentes de mujer… No se trata solo de la élite. No conozco a qué empresa concreta se está refiriendo, pero en términos de sectores discrepo de que se haya conseguido todavía la igualdad. No conozco ningún sector, casi en ningún país, en el que haya igualdad real. El patrón suele ser el de que, en el punto de entrada, se está al ’50-50′ e incluso algo por encima, hasta el 80 por ciento de mujeres, pero en las Stem suele ser menor ya del 50 y luego se va observando una curva, más o menos pronunciada, en la que va bajando el número de mujeres, sobre todo por el período de la maternidad. Al final, en la parte más alta, queda muy poca gente. Yo estoy en un sector que es muy tradicional, la abogacía, en el que hay más abogadas que abogados al inicio de sus carreras, pero no te podría contar la cantidad de veces en las que soy la única mujer en las reuniones, porque los que hemos sido equity parters somos pocas, y además soy la única que se da cuenta de que soy la única mujer en esas reuniones porque el resto ha aceptado que esto es algo normal. 

Yo estoy en un sector que es muy tradicional, la abogacía, en el que hay más abogadas que abogados al inicio de sus carreras, pero no te podría contar la cantidad de veces en las que soy la única mujer en las reuniones»

Las empresas han hecho un gran trabajo. Hay ideas fabulosas que se están poniendo en marcha. Esto me da optimismo. La otra pata son las propias mujeres. Esta es la parte de trabajo individual. Hay que añadir a eso toda una parte de trabajo político y social que nos hace preguntarnos: ¿Por qué países como el nuestro se permiten costear el Estado del Bienestar? Pues por tres cosas, casi dos y media: una la media, que es la más conflictiva ahora y que es la inmigración, la otra es deuda y la otra es el acceso de las mujeres al mercado de trabajo. O sea que independientemente de que nosotros queramos o no, a la sociedad es algo que le interesa. Sin embargo, creo que no se han puesto los mecanismos para permitir que todas esas mujeres que estaban haciendo otra cosa distinta y que se estaban dedicando al cuidado de los niños o de la casa, que seguimos necesitando porque queremos a los niños en familias diversas, que vivan en casas higiénicas, que coman cosas sanas y que no tengamos que pagar por las consecuencias de todo eso el día de mañana, no se dan soluciones políticas en casi ningún país. Siguen faltando guarderías, siguen faltando sistemas alternativos y de fiscalidad y sigue habiendo todo un tabú por el que las mujeres siguen teniendo que hacerlo todo antes de ir a sus trabajos, o los abuelos, pero eso no es una solución. A nivel más personal, yo tengo una relación íntima con mi lavadora que mi marido no tiene. No sé hasta qué punto eso es igualdad.

P.- Muchos partidos de extrema derecha están pegando muy fuerte, desgraciadamente. Usted acaba de escribir un libro, Devuélveme el poder, en el que hace una defensa cerrada del liberalismo como forma de superar el estancamiento actual de los ciudadanos. ¿Qué es ser liberal? Se lo digo porque en España parece que siempre ha tenido un cierto matiz peyorativo.

R.- No solo en España. El término se ha usado de manera muy distinta a lo largo de la historia y por parte de muchos que se definían como liberales y por quienes eran detractores del liberalismo. Hay que encontrar el leit motiv entre toda esa evolución ideológica que había. Me parece interesante porque creo que en los sistemas políticos hay que buscar el hilo conductor. Para mí, el liberalismo es lo opuesto al poder arbitrario. Aceptar que el poder viene de todos y cada uno de los individuos, que se lo prestan a los estamentos políticos pero que está claro que no se lo ceden, y desde luego, no se lo ceden sin que tengan que rendir cuentas y someterse a una serie de controles que dispersan ese poder.  Esa noción del liberalismo con minúsculas me interesa.  No se trata tanto de un partido liberal como de ideas y de reformas orientadas sobre ese hilo conductor. En el fondo creo que hay cantidad de ciudadanos españoles que, independientemente de que estemos en un partido o en otro, que tengamos una visión sobre el nivel óptimo de los impuestos o del gasto público, deberíamos estar interesados por ese tipo de reformas. Ese poder debe residir en el individuo y no estar orientado hacia los políticos, al contrario de lo que ocurre en España. El reverso de la moneda es la responsabilidad individual porque son cosas que cada uno tiene que exigir y en las que cada uno debe implicarse. 

Ciudadanos es un partido que se quema sin haber pasado por el poder, sin haber logrado gobernabilidad ni haber dado estabilidad política ni económica»

P.- ¿Cómo ha vivido el hundimiento de Ciudadanos? ¿Por qué es tan complicado que los partidos se definan como liberales en Europa?

R.- Tampoco creo que eso se aplique a toda Europa. En otros países hay una dinámica distinta. Lo que ha ocurrido en el Reino Unido o en Alemania es que se ve más el liberalismo como una opción de centro, equidistante entre izquierdas y derechas. En mi opinión, tienen más que ver las izquierdas y las derechas con el intervencionismo del Estado que lo que tienen en común cualquiera de ellas con el liberalismo y que por eso tienden a ser partidos bisagra que una vez que entran en el poder se queman en él. Lo que ha ocurrido en Ciudadanos es distinto. Es un partido que se quema sin haber pasado por el poder, sin haber logrado gobernabilidad ni haber dado estabilidad política ni económica. Ciudadanos empezó en una socialdemocracia moderada y después evolucionó a esa noción de la que hablamos de liberalismo, que no sabíamos bien si lo era o no pero que estaba bien que se declarase de ambición liberal, pero que acaba – y ese es parte del problema en estas últimas elecciones- pivotando hacia la derecha. En ese momento hay un grupo de personas que no entienden bien cómo ha podido pasar por casi todo el espectro político moderado y que, a la hora de votar, se plantean que para votar derecha no lo van a hacer por la copia teniendo dos originales. 

P.- ¿Con qué objetivo ha escrito Devuélveme el poder?

R.- Mi interés ha sido el de poder contribuir. Vivo muy lejos de España y como no sé vivir sin implicarme, como ya hice en la reforma de la UE o en la lucha contra el Brexit. Siempre he estado muy ligada a España, estoy aquí cada dos por tres y la única forma de poder contribuir, como creo que les ocurre a muchísimos otros españoles, es aportando ideas, cosa que hago con total humildad. Hay que desmitificar ese concepto de reformas porque hay muchas cosas que son fáciles de hacer, que solo requieren un poco de voluntad política y que, si nunca comenzamos a discutirlas y examinarlas con esa perspectiva de 360 grados, al final no lo vamos a hacer nunca. En cuatro décadas se han abordado muy pocas reformas del sistema y se empiezan ya a ver las primeras fisuras; nos encontramos ya con una tercera parte del Parlamento que cuestionan, desde varias tendencias, partes del orden constitucional y no parece que sea apropiado cruzarnos de brazos y seguir otras dos décadas sin hacer nada. No solo es necesario, sino que es urgente.

Miriam González.

P.- En Italia, si no sabes negociar es muy complicado sobrevivir, sobre todo en la política. En mi opinión, la italianización de la política española es que la gente empiece a alejarse del interés por la actividad pública, como vengo ya percibiendo. Por eso quiero pedirte tu opinión por el cruce de dos fenómenos; por un lado, un hiperliderazgo muy masculino; por otro, el cainismo que hay entre derecha e izquierda, muy utilizado éste a la hora de sacar esqueletos del armario, como hemos visto con Franco.

R.- Son dos manifestaciones del excesivo poder que les hemos dado a los políticos en España. Un poder que no solo se concentra en los partidos, con estructuras tan piramidales, sino que está solo en el líder y en sus camarillas que se permiten cosas que hemos aceptado como normales cuando no lo son: poner a dedo a gente en una lista que el ciudadano no puede votar y colocar a otras personas, también a dedo, en la Administración sin que luego puedan ser removidos, con lo que es esa Administración la que controla al ciudadano y no al revés. Debemos pensar por qué los ciudadanos británicos, portugueses o de otros países deben tener un sistema mejor que el nuestro y nosotros nos tenemos que conformar. La sociedad española, que ha dado muchas lecciones, se merece un sistema mejor. En cuanto a lo de traer fantasmas del pasado lo veo, tal y como sugieres, en dos líneas: desde el punto de vista histórico, con ese episodio que tú mencionas y que ha denotado una falta de responsabilidad terrible, pero también desde la perspectiva de que el poder en España se ha organizado desde hace muchos años en dos líneas; en los empresarios de un lado y en los  del otro, en los políticos de un lado y en los del otro, los periodistas de un lado y los del otro… se forman dos columnas entre las que no crece la hierba. Si no arreglamos el sistema, se va a acabar rompiendo. Ese inmovilismo nos puede llevar a una ruptura del orden constitucional que no está tan lejana. 

El inmovilismo nos puede llevar a a una ruptura del orden constitucional que no está tan lejana»

P.- No me extrañaría que tuviéramos, más pronto que tarde, elecciones constituyentes…

R.- Pues sí, y sería tremendo no hacerlo con cierto consenso. 

P.- ¿Se ha planteado entrar en política?

R.- Siempre he estado implicada de alguna manera, desde que mi padre era político y ayudaba en todo lo que podía. Después con Nick (Clegg). He trabajado también con políticos en la UE y siempre me ha interesado. He intentado siempre significarme mucho. En el Reino Unido con el Brexit, asesorando a empresas y asociaciones e intentando dar una voz emocional explicando que aquello era un desastre, pero también cómo nos sentíamos los europeos, que llevábamos años contribuyendo al progreso del país y de repente sintiendo una sensación de rechazo. Quiero decir que implicarse en política no es solo entrar en una lista para ser parlamentario, sino a través de los movimientos sociales como Inspiring Girls. 

P.- ¿Cuánto influyen los medios de comunicación en todo esto? Se ha dicho que Podemos no solo nació del 15-M sino también fruto de un empuje mediático. Ahora se dice lo mismo de Vox.

R.- Sobre medios de comunicación he visto sistemas muy distintos. Conozco muy de cerca y he sufrido, como mujer de político, el británico. No tiene mucho que ver con el español porque como están en manos de grandes capitales se sienten muy libres del poder político, pero también se sienten muy poco responsables porque esas manos suelen ser de grandes magnates que no pagan impuestos allí, con lo que casi todo les da igual, por ejemplo el tema del Brexit. En España esto no ocurre. Hay más responsabilidad. Sí se nota, eso sí, cierta autocensura. Notas siempre algo raro. Cuando a veces me felicitan por un artículo y me dicen «Qué bien que te atrevas a decir esto», me pregunto: «¿Y por qué no ellos?». Hay algo ahí que es anómalo en el sistema en España, aunque cada vez menos gracias a la apertura que ha supuesto el mundo digital y la menor dependencia de la publicidad institucional o de empresas muy reglamentadas por el poder público, sin olvidar las redes sociales. 

P.- ¿Qué ha pasado con el ‘Brexit’? Yo, desde el día siguiente a la convocatoria del referéndum dije que Cameron debería tener el Nobel a la estupidez política. Lamentablemente es una realidad y llevamos mucho tiempo ya esperando a que se concrete.

R.- Lo viví con mucha tristeza. Personalmente, por mis circunstancias, lo viví como una especie de traición. Había pasado al lado de Nick cinco años muy duros y difíciles de la política británica en los que él hizo algo que nadie pensaba que se podría hacer, tapando muchas disensiones dentro de la coalición porque Nick pensaba siempre en la estabilidad económica y es mucho más diplomático y sereno que yo, que soy mucho más guerrera. Desde el minuto uno, en aras de esa estabilidad económica, sentías toda esa presión internacional, que no sientes en España, de que te empiezan a tocar poderes internacionales muy fuertes, no solo por ser la quinta economía del mundo sino porque tiene una red de servicios financieros amplísima.  Y al final, al año se cargaron el gobierno, el Brexit estaba sobre la mesa, se cargaron la estabilidad económica… ¡Y no pasó nada! Tuve la sensación de que habíamos sido muy responsables… Se me juntó todo. Esa responsabilidad también es parte de ser liberal. 

P.- Con tanto populista ya suelto, como Salvini, Trump, Putin y otros, ¿no crees que hay mucha irresponsabilidad? Al final, apelando a las emociones, hay mucha política de brocha gorda sin importar las consecuencias.

R.- Yo lo llevaría más lejos. Contra esa irresponsabilidad, que nos cogió por sorpresa hasta que nos orientamos con respecto a lo que ocurría, y cómo se manipulaba esa noción de identidad de personas que no tenían nada que ver con el ideario político real de esos políticos y de esos partidos, se puede luchar. Aquí se puede luchar contra el voto de Vox. Yo, que vengo de un pueblo de la España vaciada y que les conozco, a ese 22, 53 por ciento que han votado en mi pueblo a Vox -porque les puedo poner nombre y apellidos-, un ochenta por cien de esos votantes no se identifica para nada con el ideario de Vox sino que han llegado ahí por castigo al PP u otras cosas muy diversas. Pero la irresponsabilidad es más amplia. No haber conformado un gobierno que aporte estabilidad y haber consumido un verano con el leit motiv de: ‘Con fulanito, no’… Esos personalismos me preocupan mucho. Hay que formar gobierno, sí, pero también hay que ser cuidadoso con qué tipo de gobierno. El más estable habría sido entre el PSOE y Ciudadanos. Cuando el FMI nos baja las previsiones a niveles de 2009, estar en España con un gobierno de ultraizquierda con Podemos y de la mano de una fuerza independentista que habla del derecho de autodeterminación, me preocupa mucho. Como le preocupa a la bolsa. 

El 80% de los votantes de Vox de mi pueblo -porque les puedo poner nombre y apellidos- no se identifica para nada con el ideario de Vox»

P.- Por mi trabajo, me fijo mucho en las caras. Y percibo a Pedro Sánchez muy pálido, como si esa política de impulsos se reflejara en su rostro. 

R.- Hay falta de contacto con la realidad. No entendí que la noche electoral Rivera no dimitiera instantáneamente. En el Reino Unido fue distinto porque la propia noche de la debacle, apenas conocidos los primeros sondeos, Nick no esperó y comenzó a redactar su discurso de dimisión. Tampoco entendí la celebración del PSOE ni del PP porque para mí la lectura era el roto tan grande hecho entre todos al país. 

P.- Se dijo que estas segundas elecciones se hicieron para matar a Pablo Iglesias y a Albert Rivera. Al último ya se le ha eliminado políticamente, pero al primero no.

R.- A veces me acusan de ser muy optimista pero sí creo entrever el principio de una opción un poco distinta, a la luz de la marcha de Salvini -aunque pueda volver-, a la luz de los problemas de Orban, y mirando también hacia Francia o hacia Austria. Puede que se esté moviendo algo. 

P.- En mi opinión sí se está moviendo algo. Y yo, que entreno a políticos, creo que falta liderazgo. No es solo un problema español, pero Albert Rivera, que sí creo que es un buen líder, ha cometido errores enormes… y se va como se tenía que ir. No soy tan crítico por no haberse ido esa misma noche porque tenía sus razones y como las conozco creo que eran respetables. Pero por volver a la pregunta, grandes políticas sin grandes líderes son difíciles de aplicar. Aunque ya sabe que en España esto se justifica porque en política no se pagan buenos sueldos…

R.- … Tienen muchísimas prebendas, sobre todo en España. Discrepo un poco de esa noción de «Lo que nos falta es un líder» que sé que no es exactamente lo que está diciendo, pero muchos lo caricaturizan así. Un líder no es algo que aquí, tomando un café, nos caiga encima de la mesa. A los líderes les elegimos nosotros. Y tener buenos líderes empieza por votarles y también por abrir los sistemas para que esos líderes puedan emerger. Para mí hubo un antes y un después de 2016. Ahí me di cuenta de que peligraban cosas fundamentales y más vale que cada uno pensemos cómo podemos contribuir antes de esperar a que venga alguien dado por los sistemas. 

P.- En su libro, ¿qué claves destaca como necesarias para los ciudadanos y para nuestra vida política?

R.- La fundamental es implicarse. Los políticos están en una hornacina y hay que bajarles a pie de calle. Si no reducen ellos esa distancia, lo tendremos que hacer nosotros. A mí me llama la atención que reclamemos en redes sobre hoteles, restaurantes… y no peleemos de forma constructiva y con exigencia sobre los políticos. Parece que los tomamos como un mal que nos ha caído del cielo. No es solo votarles. Hay que controlarles en el día a día. ¿Cómo es posible que haya campañas electorales en las que no hablemos de la generación de riqueza?

Otra asignatura pendiente de las empresas españolas son las empresas de tamaño medio. No podemos solo referirnos a las muy grandes y después pymes y autónomos. Está bien, pero lo importante es lo que tiran de la innovación, que es donde va también la enseñanza universitaria. Esto es crucial. Destaco también ese control político de la sociedad: aforamientos, control de la justicia o de la prensa. Esto se ha dejado caer de la agenda política y sobre todo respecto a los aforamientos había un clamor tremendo. Nos aburrimos de ese clamor, dejamos que se cayera de la agenda y las cosas siguen igual. Para mí, explicárselo a un extranjero es casi imposible. Lo que está ocurriendo con el presidente de los EEUU y su proceso de impeachment sería impensable en España. Hay que ir abriendo el sistema. 

A todo lo dicho añado la parte internacional. No vale decir que somos proeuropeos, sino que hay que explicar cómo vamos a contribuir. 

Me llama la atención que reclamemos en redes sobre hoteles, restaurantes… y no peleemos de forma constructiva y con exigencia sobre los políticos»

P.- ¿Qué sueños le quedan en el cajón, Miriam?

R.- El primero, que se mantenga la Unión Europea. Que ese orden internacional por el que tanto hemos trabajado, y me incluyo, no llegue a colapsarse. El segundo tiene que ver con España: que la gente pueda entrar y salir de la política con facilidad, y aportar ideas en todos los ámbitos. Mi sueño personal es seguir aprendiendo y ver cosas distintas. Ahora estoy en Silicon Valley, me parece muy necesario ver cómo se integra la tecnología en nuestro día a día, y esa ilusión por seguir avanzando me mantiene viva.

P.- ¿Cómo valora la forma en la que ha salido de la política Albert Rivera?

R.- Tiene mucho mérito. En España hay una tendencia al todo blanco o todo negro y pienso que ha hecho un esfuerzo titánico, creando y desarrollando un gran partido de la nada, y aunque en los últimos meses haya ido de equivocación en equivocación -porque no se ha dado cuenta de cosas que sabían todos-, hay que reconocerle ese mérito. Pero estos procesos son enriquecedores. Fracasar así, ante todo el país, o cómo le ocurrió a Nick, ante toda la opinión internacional, es muy duro. Duele emocionalmente, pero superado y visto con distancia, reconoces en qué fallaste y es muy enriquecedor. Espero que se sienta orgulloso de haber logrado algo excepcional.