La segunda jornada de la sesión de investidura de Pedro Sánchez ha comenzado marcada por la tensión y la crispación. El motivo ha sido la intervención de la portavoz del grupo parlamentario de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, que inauguraba el pleno de este domingo tratando de citar a Arnaldo Otegi y criticar a la monarquía española. Cuando hablaba, se han podido escuchar gritos de «¡asesinos!» desde la bancada del PP, pero también de la de Vox, que han obligado a paralizar el pleno y que han desencadenado un enfrentamiento como pocos se recuerdan en la Cámara Baja.

Todo ha comenzado cuando Aizpurua aseguraba, en su discurso, que el Rey tenía como fin plantear una «contrarreforma autoritaria» en el Estado, al que ha tachado de «fascista». «La Transición no instauró la verdadera democracia», defendía. En ese momento, los gritos de «¡asesinos!» y «¡terroristas!» se han sucedido desde la bancada de la derecha. Los descalificativos, el murmullo e, incluso, las patadas y golpes han obligado a paralizar el pleno y a Meritxell Batet a hacer una llamada al orden. «La libertad de expresión es uno de los fundamentos de nuestra Constitución», enfatizaba.

Cuando ha podido continuar, Aizpurura ha intentado citar en su discurso a Arnaldo Otegi, tachando de «injusta» la sentencia por la que fue condenado a seis años de prisión por pertenencia a organización terrorista. Las palabras de la diputada han vuelto a levantar revuelo en la Cámara. «¡Es apología del terrorismo!», gritaba Pablo Casado y Cayetana Álvarez de Toledo desde su escaño, mientras volvían los gritos a la cámara. «¡Que pida perdón!», gritaban los de Santiago Abascal.

En la imagen general, los únicos que aplaudían, además con fervor, las palabras de la portavoz de los abertzales eran los diputados de ERC, mientras que los dirigentes de Podemos, Pablo Iglesias e Irene Montero, se levantaban de su escaño para pedir silencio y respeto a los diputados de PP, Cs y Vox.

Gabriel Rufián era uno de los primeros que se manifestaba su malestar a través de Twitter. «O se para institucionalmente este ambiente guerracivilista, o llegará a la calle», advertía desde la red social. También se manifestaban Iglesias y Montero. El vicepresidente in pectore del incipiente Gobierno -quedará constituido el próximo martes- ha querido echar un capote a la diputada de Bildu, asegurando que «todos los diputados tienen derecho a tomar la palabra sin que se les llamen asesinos o terroristas», defendía. Todo ello ocurría mientras en la Cámara seguían los vítores de y ‘vivas’ al Rey, a la Guardia Civil o a la Policía Nacional.

La crispación ha llegado a tal punto que Adolfo Suárez Illana, secretario tercero de la Mesa del Congreso e hijo del ex presidente del Gobierno de España durante la Transición, ha decidido dar la espalda a Mertxe Aizpurua durante su intervención como muestra de rechazo a su presencia.

Adolfo Suárez Illana se da la vuelta mientras hablaba la portavoz de Bildu en el Congreso. EFE/Mariscal

Y la situación no ha mejorado durante la réplica de Pedro Sánchez, quien ha obviado la polémica y se ha centrado en pronunciar un discurso ambiguo y moderado pese a las protestas de buena parte de la Cámara. El candidato socialista ha defendido el Estado autonómico y la «España federal» como respuesta a las injerencias de la diputada de Bildu y, cuando ésta volvía a la tribuna para la contraréplica, los abucheos y los gritos han regresado al Congreso, lo que ha precipitado, de nuevo, la intervención de la presidenta del Congreso. «Cada grupo ha tenido su tiempo para defender su posición política. ¿Pueden dejar de gritar?», pedía.

Una vez finalizada la intervención de Aizpurura, que ha empleado sus últimos minutos para pelear por el «derecho a decidir» de la población vasca. «Si se quiere dar una solución real, la disyuntiva debe ser siempre la democracia y la legalidad», apuntaba. Las cámaras enfocaban entonces al presidente del PP, Pablo Casado, que pedía la palabra para reprobar la actitud de Sánchez, al que ha criticado duramente por no defender al «jefe del Estado» ni a las víctimas del terrorismo, al tiempo que se dirigía a Batet: «En virtud del artículo 103, usted debía haber llamado al orden a la diputada de EH Bildu cuando ha vertido injurias sobre las instituciones del Estado. Es la intervención más nauseabunda que he escuchado nunca», replicaba.

Tampoco se ha quedado atrás la bancada liberal. El diputado de Ciudadanos, Edmundo Bal, ha pedido también la palabra y ha pronunciado, al igual que Casado, unas duras palabras en las que exigía, tanto a la presidenta del Congreso como al presidente del Gobierno y en amparo del artículo 103, que pidiesen a la diputada de Bildu que se retractase de las «graves» afirmaciones vertidas en la Cámara. «Aizpurura ha dicho que España es un país autoritario y ha llamado al jefe del Estado ‘fascista'», censuraba el ex abogado del Estado.

Pero Batet ha hecho oídos sordos y ha obviado las peticiones de la derecha. «Hubo un momento en que en este país no se permitía la crítica a las instituciones del Estado. Hoy disfrutamos de una democracia plena». «Para garantizar esa democracia plena tenemos que garantizar la libertad de expresión en el interior de esta Cámara», concluía Batet.

Abascal abandona el hemiciclo

Las críticas de la oposición contra los «terroristas» de Bildu y contra el Gobierno de Sánchez por pactar con ellos no han tenido cuartel. El líder de Vox ha abandonado el hemiciclo junto a varios diputados de su grupo, víctimas de la banda terrorista, durante la intervención de los abertzales.

Sánchez ha obviado pedir a los de Otegi que condenen los asesinatos de ETA, algo que ha enfadado aún más a los diputados de PP, Cs y Vox. «Nuestros diputados, víctimas y con sus familias asesinadas en el pasillo. Sánchez atornillado a su ambición en el escaño», escribía Abascal en Twitter. «La traición galopa a lomos del socialismo», continuaba el dirigente de Vox desde fuera del hemiciclo.

Paralelamente, la indignación en la bancada de los de Vox ha ido in crecendo a lo largo de la jornada, hasta tal punto que varios diputados de Vox, mirando a los diputados del PSOE, han gesticulado con las manos arriba, que podría tratarde del gesto utilizado en las manifestaciones de condena por el asesinato de Miguel Ángel Blanco tras ser asesinado por la banda terrorista ETA. Espinosa de los Monteros ha censurado, además, a través de Twitter, que Sánchez haya hipotecado su Gobierno a los votos de los abertzales, después de que portavoz advirtiese que «sin nuestros votos no hay ni habrá Gobierno».

El terrorismo ha sido uno de los temas más polémicos que ya provocaron un enfrentamiento directo entre Pedro Sánchez y Pablo Casado durante la jornada del sábado. La tensión alcanzó su momento álgido cuando la diputada del PP, Teresa Jiménez Becerril, cuyo hermano y cuñada fueron asesinados a tiros por ETA, dejando a cuatro niños huérfanos, se levantó de su escaño para increpar a Sánchez y señalar a los diputados de Bildu, a los que tachó también de «asesinos». «Estáis pactando con los herederos de ETA, que están ahí sentados, que mataron a nuestros familiares, vergüenza os debería dar», reprochaba la popular.