Julio Corrochano, tras declarar como investigado en la Audiencia Nacional.

Julio Corrochano, tras declarar como investigado en la Audiencia Nacional. EFE

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Corrochano, el jefe de seguridad que "se creía Dios" en el BBVA

Política

Corrochano, el jefe de seguridad que "se creía Dios" en el BBVA

"Lo iba solucionando todo y se convirtió en el amo del calabozo", describe un antiguo mando policial / Julio Corrochano conocía a Villarejo desde 1974, cuando ambos estuvieron destinados en el País Vasco en la lucha contra el terrorismo

«Se creía Dios en el banco. Despachaba con el consejero delegado y había pánico porque sabían el poder que tenía». Habla un antiguo mando policial que conoce bien a Julio Corrochano, el jefe de seguridad -ya jubilado- que abrió las puertas del BBVA para que la empresa de Villarejo empezara a prestar sus servicios. La relación duró 13 años y el polémico policía facturó al banco durante ese tiempo más de 10,28 millones de euros por labores de inteligencia, investigación patrimonial de clientes y espionaje que ahora investiga la Audiencia Nacional.

Hay que retrotraerse a finales de 2004. Corrochano llevaba dos años al frente de la seguridad corporativa de la entidad financiera tras casi tres décadas en la Policía Nacional, donde había ocupado puestos relevantes en su última etapa. Así, estuvo al frente de la Jefatura Superior en Madrid desde julio de 1998 a enero de 2002, cuando fue nombrado comisario general de Policía Judicial. Éste fue su último destino, del que cesó el 4 de septiembre para incorporarse al organigrama del BBVA.

«En el momento en que me planteó el banco la necesidad de contratar una empresa especializada en soluciones de crisis empresariales, en el sector de seguridad sólo eran conocidas dos entidades: una era Kroll International y la otra Cenyt. La primera se nos advirtió que estaba prestando servicios a Sacyr, por lo que acudimos a Cenyt, que era en aquel momento una empresa de reconocido prestigio en su sector y antes de BBVA ya había sido contratada por las mayores y mejores empresas de nuestro país», justificó Corrochano cuando respondió el cuestionario de 48 preguntas que le puso por delante el bufete de abogados que contrató el banco para llevar a cabo la investigación interna cuando saltó el escándalo.

El antiguo policía eligió a la empresa de su viejo amigo. Cenyt es el acrónimo de Club Exclusivo de Negocios y Transacciones, una compañía que Villarejo fundó con su socio (minoritario) Rafael Redondo en 1996. Hacía ya tres años que el titular del carné profesional con número 14.773 -el recluso más conocido del centro penitenciario de Estremera (Madrid) desde noviembre de 2017- se había reincorporado al servicio activo en el Cuerpo Nacional tras casi una década de excedencia (desde el 13 de agosto de 1983 al 29 de junio de 1993).

La relación de amistad entre Julio Corrochano y José Manuel Villarejo había comenzado mucho antes, concretamente cuando el franquismo daba sus últimas boqueadas. Fue en 1974, cuando ambos estaban destinados en la Comisaría Provincial de San Sebastián en la lucha contra el terrorismo. «Luego cada uno llevó distintos rumbos, pero siempre consideré al Sr. Villarejo como un buen profesional», sostiene.

Historial profesional

Como agente encubierto, Villarejo también realizó trabajos para la Comisaría General de Policía Judicial (1996-2010), la unidad que comandó Corrochano durante los primeros ocho meses de 2002. Así lo detalla el principal imputado del caso Tándem en su historial profesional, iniciada en 1972 con su ingreso en la Escuela de Policía y terminada el 22 de junio de 2016 al pasar a la situación administrativa de jubilación voluntaria desde el 22 de junio de 2016. Le faltaban exactamente 43 días para cumplir los 65 años.

El 2 de diciembre de 2004, Julio Corrochano -en nombre y representación del BBVA- firmó con Rafael Redondo el primer contrato. A través de V&V Development (V&V), marca de servicios perteneciente a Cenyt, la firma controlada por Villarejo prestaría para el banco «tareas especialmente referidas al análisis de la problemática estratégico-empresarial» que en aquel momento «pudiera afectar a la firma contratante» y se encargaría de evitar «fugas de información mediante el adecuado dispositivo de detección y sus correspondientes contramedidas».

A cambio, la entidad financiera abonaría a V&V la suma de 510.000 euros (más IVA), concretamente 270.000 euros en concepto de provisión de fondos y los 240.000 euros restantes a la conclusión del trabajo. El segundo abono se dividió finalmente en 12 pagos de 20.000 euros al mes cada uno, ampliándose el contrato de servicios por otro año más «como medida de seguridad» para el banco dado que «no había certeza de que la situación de riesgo por la que se contrató a Cenyt hubiese desaparecido». Eso supuso un desembolso adicional para la entidad financiera de 120.000 euros.

Corrochano y Villarejo se conocen desde 1974, cuando ambos estuvieron destinados en la Comisaría de San Sebastián en la lucha contra el terrorismo

En realidad, el BBVA contrató a Cenyt para espiar a Sacyr ante la sospecha de que Luis del Rivero promovía una operación para tratar de tomar el control del banco y desplazar a Francisco González, que en enero de 2000 se había convertido en presidente del BBVA tras la fusión del Banco Bilbao Vizcaya con Argentaria (el que él presidía desde 1996). En aquella maniobra del constructor murciano, la cúpula de la entidad financiera situaba también a Miguel Sebastián, entonces jefe de la Oficina Económica del socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

«El BBVA necesitaba en esos momentos conocer e identificar un problema estratégico-empresarial externo que interfería y ponía en alto riesgo el funcionamiento, desarrollo y seguridad de la propia actividad del banco, así como los legítimos intereses de los accionistas y empleados, que parecía que se iba a llevar a cabo a través de la compra de un paquete de acciones por parte de Sacyr, siendo el interés máximo el minimizar y evitar ese riesgo y sus nefastas consecuencias», ha reconocido Corrochano durante la investigación interna. Cuando declaró como investigado el pasado 5 de julio ante el titular del Juzgado Central de Instrucción 6 de la Audiencia Nacional, que le impuso una fianza de 300.000 euros, optó por guardar silencio.

Según el antiguo jefe de seguridad del BBVA, existía el «rumor» de que, tras «esa aparente legítima compra de acciones», otras entidades financieras y terceras personas «pudiesen estar buscando un perjuicio para los intereses del BBVA y era preciso conocer si lo anterior era cierto y, en todo caso, defender la estabilidad del banco».

Sea como fuere, el intento de asaltar el banco por parte de Sacyr no se materializó y la empresa de Villarejo ganó crédito a los ojos de Francisco González. Así se fueron sucediendo los encargos -como el de espiar al líder de la Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios (Ausbanc), Luis Pineda- hasta que la relación se rescindió a finales de 2017. Fue tras ingresar Villarejo en prisión, lo que también terminaría anticipando el final de la vinculación laboral de Corrochano con el banco.

Corrochano era Dios porque iba solucionando todo. Se hizo el amo del calabozo», describe un antiguo mando policial de forma gráfica

«Era Dios porque iba solucionando todo. Se hizo el amo del calabozo», explica una fuente policial que pide anonimato. Según éste, Julio Corrochano llegó a disfrutar de un sueldo de 300.000 euros brutos anuales más un bonus que elevaba otro 30 % sus ingresos. Como dijo Francisco González en su declaración ante el juez, el antiguo jefe de seguridad se jubiló «en condiciones de reconocimento».

La salida del banco de Julio Corrochano se materializó en 2018, meses después de que empezaran a publicarse las primeras noticias acerca de los trabajos que la empresa de Villarejo había realizado para el banco. Entonces el antiguo agente encubierto llevaba casi un año siendo el preso número 2017014718 y ocupando celda en el módulo 3 de Estremera tras su detención a principios de noviembre de 2017.

Compra de muebles

La investigación que la Fiscalía Anticorrupción y el juez García-Castellón han realizado en secreto durante el último año ha permitido conocer que Julio Corrochano fue recompensando por su viejo amigo por abrirle las puertas del banco, lo que permitió al grupo empresarial de Villarejo facturarle al BBVA 10.284.689,30 euros entre los años 2004 y 2017.

En concreto, una filial del grupo Cenyt -concretamente Stuart&Mckenzie- compró muebles al jefe de seguridad por importe de 44.579,49 euros entre julio y octubre de 2013. Fue la misma empresa que emitió a su favor una certificación de evaluación de prácticas, lo que permitió a Julio Corrochano -según la Fiscalía- ‘reforzar’ su currículo como graduado en Derecho.

Han pasado más de 45 años desde que dos jóvenes policías iniciaban sus carreras luchando contra ETA en el País Vasco. El tiempo ha vuelto a unir sus destinos en un sumario judicial que trata de desentrañar los trabajos presuntamente ilícitos que las empresas de Villarejo hicieron para el BBVA tras abrirle la puerta Corrochano, el jefe de seguridad que «se creía Dios» en el banco.

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