Política

El PP pedirá las actas de la comisión de expertos para saber si hubo negligencia

El líder del PP, Pablo Casado. EFE

Aunque con diferente tono en la crítica, Pablo Casado y Santiago Abascal han cuestionado este jueves que el Gobierno esté dando las cifras reales de contagiados y fallecidos por el impacto del Covid-19. En concreto, el jefe de la oposición ha responsabilizado directamente al presidente del Gobierno por la tardía gestión en la pandemia, y le ha reprochado que «en esta crisis está funcionando mejor lo que no depende de usted». «¿De verdad mantiene que lo ha hecho bien? ¿No va a pedir perdón?», inquiría.

Ha sido en este momento cuando el líder del PP ha hecho un importante anuncio en el marco del pleno para aprobar la prórroga del estado de alarma. «Usted justifica sus decisiones en un supuesto comité de expertos del que nada conocemos y cuya efectividad ha quedado más que cuestionada», reivindicaba. Amparándose en el levantamiento parcial de «la cuarentena a la democracia» auspiciada por el Gobierno y la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, que se ha abierto a volver a celebrar sesiones de control en la Cámara Baja a partir de la próxima semana, Casado ha anunciado que pedirá las actas de las reuniones del mencionado comité de expertos en la Comisión de Investigación del Covid-19 que «espero que no venten aquí».

El objetivo del PP es averiguar si «hubo ocultación» en la cifra real de muertos e infectados así como en la información procedente de entidades internacionales que alertaban ya en febrero y principios de marzo de lo que iba a suceder en España para celebrar eventos masivos, como el 8 de marzo, pero también si ha habido «negligencia» en la toma de decisiones en la gestión de la crisis, que podrían esclarecer si éstas se tomaron con unanimidad o hubo discrepancias en el seno del gabinete de crisis.

Sánchez creó el pasado 21 de marzo, cuando había confirmados 1.326 muertos y casi 21.500 casos activos, un comité científico técnico para tratar de contener el coronavirus, compuesto por seis científicos a los que alude de forma recurrente en la gestión de la crisis, si bien este equipo no había sido creado cuando el Gobierno achacó a la opinión de «los expertos» la decisión de permitir eventos multitudinarios, incluidos manifestaciones y partidos de fútbol, el fin de semana del 8 de marzo, uno de los puntos de inflexión claves de la emergencia sanitaria en España.

En el mencionado comité científico participan Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona; Hermelinda Vanaclocha, subdirectora general de Epidemiología, Vigilancia de Salud y Sanidad Ambiental de la Generalitat Valenciana; María Teresa Moreno Casbas, directora de la Unidad de Investigación en Cuidados y Servicios de Salud del Instituto de Salud Carlos III; Inmaculada Casas, viróloga del Centro Nacional de Microbiología del mismo centro que Casbas; o Agustín Portela, responsable de vacunas y hemoderivados de la Agencia Española de Medicamento.

Cierra el grupo de expertos Miguel Hernán, un experto radicado en Estados Unidos: es profesor de Bioestadística y Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. Este gabinete de crisis está liderado por Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias.

Casado redobla la presión

Tras una sesión bronca en el Congreso, Casado ha dado cuenta del tono que mantendrá la próxima semana, en la sesión de control al Ejecutivo que la presidenta de la Cámara Baja, Meritxell Batet, ha aceptado celebrar.

Aunque avanzaba que el PP «no pedirá responsabilidades en medio de la tormenta», Casado ha instado al jefe del Ejecutivo a que «diga la verdad» y ha enumerado varios puntos de los que exigirá «transparencia» en los próximos días: cómo se articulará la fase de desescalada; explicaciones sobre la compra de «test fraudulentos»; cómo pretende el Gobierno «construir arcas de Noé en medio del diluvio»; y, ha subrayado, «la verdad» sobre el plan económico de su vicepresidente y la «verdadera condicionalidad» que supondría un rescate europeo.

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