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La mesa bilateral con la Generalitat agoniza tras otro intento frustrado por reunirla

Coincidencia en que la más que probable inhabilitación de Torra cercena toda posibilidad de volver a convocarla

Reunión de la mesa bilateral Gobierno-Generalitat el pasado 26 de febrero EFE

Salvo giro de guión de ultimísima hora, la nueva intentona por reunir este mes a la llamada mesa bilateral de diálogo con la Generalitat, va camino de quedar en nada. A 25 de septiembre ni Gobierno central ni ERC creen que exista posibilidad de cumplir el último plazo que se dieron ellos mismos y la más que inmediata confirmación de la inhabilitación del presidente de la Generalitat, Quim Torra, por desobediencia va a terminar de sepultarla.

Tanto desde Moncloa como desde ERC se lanzan acusaciones mutuas sobre un instrumento que venía a abrir una vía de diálogo de «igual a igual» con el gobierno catalán o, al menos así se publicitó en su momento como producto de un pacto que aseguraba la colaboración de los republicanos en lo que se ha dado en llamar la mayoría de la investidura. Pero sólo celebró una reunión, un ya lejano 26 de febrero.

El Gobierno arguye que ha sido la «falta de acuerdo dentro del mundo independentista» la que ha dejado la mesa con respiración asistida, y no les falta razón. Pero aunque ERC, la promotora de esta vía, admite que el ex residente de la Generalitat, el fugado Carles Puigdemont, y su hombre de paja, Quim Torra, han boicoteado una y otra vez cualquier posibilidad de reunión bilateral, creen que Moncloa «tampoco se ha mostrado proactiva» para convocarla.

La pandemia del coronavirus alteró la agenda política de un país que se vio confinado en sus domicilios tres meses y medio. Pero una vez levantado el estado de alarma y ante la necesidad perentoria de Moncloa de conseguir apoyos presupuestarios y de ERC de poder enarbolar ante los suyos el triunfo de haber sentado al estado español en torno a un foro de diálogo, acordaron una nueva cita de partidos para principios del mes de julio. De hecho, ERC condicionó los Presupuestos Generales del Estado a que la mesa fuera en paralelo, pero su principal adversario no estaba en Madrid sino sentado en el Palacio de la Generalitat.

Ni en julio, ni en septiembre

No pudo ser. A ERC no sólo le resultó imposible arrastrar a Junts, sino que tampoco hubo acuerdo con Madrid respecto al nivel de representatividad de la misma. Mientras Moncloa quiso darle bajonazo, los republicanos independentistas creían necesaria una nueva cita al más alto nivel, esto es, de presidentes y vicepresidentes de ambos ejecutivos habida cuenta el tiempo transcurrido desde la primera y única cita. En definitiva, un empezar de cero que no fructificó.

Así, se acabó pactando otra convocatoria con asistencia de representantes de los partidos de ambos gobiernos, a la que acudirían PSOE, Unidas Podemos, JxC y ERC. Pero «Junts no se quiere sentar y sería bueno que esto se supiera, sobre todo en los medios independentistas catalanes» se lamentó un miembro del Grupo Parlamentario de ERC en Madrid consciente de que esta baza, arrancada a Pedro Sánchez a cambio de la abstención de sus trece diputados en la investidura que permitió su desembarco en Moncloa, ya está muerta.

Cataluña entra en un larguísimo periodo preelectoral

Llegado este punto, todos asumen que «con la más que probable inhabilitación de Torra nos podemos olvidar». Y es que a partir de ese momento se abre un larguísimo y casi agónico periodo preelectoral en Cataluña, que no culminará hasta finales de enero o principios de febrero una vez que el todavía presidente de la Generalitat se ha negado a convocar elecciones autonómicas, a pesar de las presiones de sus socios de gobierno.

Ahora queda por ver cuál es el camino que Puigdemont toma tras la más que segura confirmación, por parte del Supremo, de la inhabilitación de Torra. En el entorno del vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, creen que Torra «no hará nada extraño» por mucho que siga alimentando su martirologio. «Los ciudadanos están ya muy cansados de tanto espectáculo», aducen. Otra cosa es lo que haga Puigdemont y toda la órbita hiperventilada de Junts, en muy buena medida imprevisibles. Todo ello contando con que tras las elecciones autonómicas se abrirá un nuevo escenario político en Cataluña.

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