La euforia de Boris Johnson tiene una inminente fecha de caducidad. El líder conservador ha ganado las elecciones en Reino Unido con su «get Brexit done» (hagamos realidad el Brexit), que es justo la razón por la que los nacionalistas escoceses abogan por la independencia y los católicos norirlandeses prefieren quedarse en la UE y unirse a Irlanda. Son las dos Cataluñas de Boris Johnson, quien puede pasar a la Historia como el primer ministro que culminó el Brexit y acabó con el Reino Unido. Sería la peor de sus pesadillas.

Gordon Brown, sucesor de Tony Blair como primer ministro británico, era escocés. Reivindicaba su tierra chica, aunque presumía de su orgullo británico y su conciencia europea. Una vez le preguntaron si pondría la Union Jack en su balcón y replicó que hasta ese extremo no llegaba su pasión británica.

El nexo de la Corona

Sin embargo, los escoceses consideran sagrada a la Reina y defienden su europeísmo a ultranza. En caso de ruptura, hasta los más independentistas como lo era Alex Salmond, defendían que la Reina siguiera siendo su jefa del Estado. También lo es de Canadá y de Australia. Salmond era ministro principal de Escocia cuando en 2014 se celebró el referéndum por la independencia y dimitió al vencer el no.

Kenneth McAlpine se proclamó primer rey de Escocia en 843. Durante 400 años los escoceses expandieron su territorio hasta completar el territorio de la actual Escocia. McAlpine, que pasó a la Historia como Kenneth I, pretendió conquistar las Lothians, las tierras dominadas por los anglosajones. Ya en el siglo XIII alcanzó el territorio que hoy conocemos como Escocia.

Durante siglos los reyes ingleses intentaron adherir Escocia a sus dominios. El primer rey de Escocia e Inglaterra fue Jacobo I a principios del siglo XVII. Escocia siguió siendo reino independiente hasta que se firmó el Acta de Unión en 1707.

La herida del Brexit

Quien más apostó por frenar a los independentistas en el referéndum de 2014 fue precisamente el laborista Gordon Brown, que acudió en ayuda del conservador David Cameron que había aceptado la convocatoria de la consulta. Esa victoria le hizo confiarse y pensar que también podría evitar que el Brexit se impusiera en un referéndum.

Al contrario que Brown, el líder laborista Jeremy Corbyn se inhibió sobre el Brexit y no hizo campaña a favor de la permanencia del Reino Unido en la UE, fundamentalmente porque siempre ha recelado del poder de Bruselas. Cameron le dijo entonces a Corbyn que su postura había sido impresentable. La derrota del laborismo en Escocia germina ahí.

La campaña de Brown, oriundo de Glasgow, se basó en trasladar a los escoceses que si salían del Reino Unido, dejarían de ser miembros de la Unión Europea. Así logró que venciera el no a la separación por un 55,23% frente al 44,7% de síes.

El Reino Unido sufrió una convulsión equivalente a un tsunami descomunal aquel 23 de junio de 2016 cuando ganó el en el referéndum del Brexit. En el germen de esa malograda consulta, en la que venció la opción de la salida por 51,9% frente al 48,1%, algo más de un millón de votos, está una grave amenaza para el Reino Unido: su desunión.

En Escocia y en Irlanda del Norte venció la permanencia en la Unión Europea. En Escocia el apoyo a la permanencia fue enorme; un 62% a favor. En contra votaron un 38%. Más de 600.000 votantes de diferencia. En Irlanda del Norte hubo un 55,8% de remainers y un 44,2% de brexiters.

Con estos antecedentes se entienden mejor las palabras de Nicola Sturgeon, ministra principal de Escocia, después de conocer los excelentes resultados del Partido Nacional de Escocia (SNP). De los 59 escaños en liza en las constituencies escoceses los nacionalistas han ganado 48, 13 más que en 2017. Son la tercera fuerza política en el Parlamento de Westminster.

El futuro elegido por los escoceses es muy diferente al del Reino Unido… No queremos un gobierno de Boris Johnson, no queremos salir de la UE», dice Nicola Sturgeon

Sturgeon ha dicho: «Está fuera de toda duda que el futuro elegido por los escoceses es muy diferente al del Reino Unido». La líder nacionalista escocesa cree que queda fuera de toda duda que Escocia ha enviado un mensaje claro en estas elecciones del 12-D. «No queremos un gobierno de Boris Johnson, no queremos salir de la UE».

La líder nacionalista escocesa ha hablado en la tarde del viernes con el primer ministro británico, Boris Johnson, quien le ha expuesto su rechazo a la celebración de un segundo referéndum. Escocia realizó la consulta de 2014 previo acuerdo entre el gobierno escocés y el británico. Es la fórmula que precisa y que busca la ministra principal ahora. No se plantea saltarse la ley.

Sturgeon ha explicado que le ha dejado claro que «el mandato del pueblo dado al SNP ha de respetarse, al igual que él ha de respetar el mandato a los conservadores». El mandato de Boris Johnson es hacer realidad el Brexit, pero Sturgeon defiende que en Escocia los votantes han dicho lo contrario, y por ello señala que han de decidir su futuro en una nueva consulta.

«Las circunstancias han cambiado dramáticamente. Es legítimo que demanden otro referéndum. No sería un capricho. Los escoceses podrían optar por ir por su cuenta», afirma Enrique Peris, vicepresidente de Europa en Suma y ex corresponsal de RTVE en Londres (2000-2008).

Las circunstancias han cambiado dramáticamente. Es legítimo que demanden otro referéndum. No sería un capricho», afirma Peris

En Escocia, los conservadores han logrado seis diputados de esos 59, los liberaldemócratas, cuatro y los laboristas uno. Dramática ha sido la derrota por 149 votos de la escocesa Jo Swinson, líder del Partido Liberal Demócrata hasta este viernes. Apenas llevaba unos meses. Sturgeon lo ha celebrado eufórica.

El único diputado laborista superviviente Ian Murray, que ha logrado conservar su escaño en Edinburgh South, ha pedido a su partido un cambio de rumbo. «Si no cambiamos, moriremos», dijo Murray. Después de la mayor derrota de los laboristas desde 1935, el líder laborista, Jeremy Corbyn, ha confirmado que no se presentará a las próximas elecciones.

Sin embargo, Corbyn se mantiene al frente de momento con la intención de liderar la transición. Escocia fue un importante bastión laborista, pero ahora esta opción política es residual, debido, en parte, a la ambigüedad de Jeremy Corbyn sobre el Brexit.

De ‘Stop Brexit’ a la independencia

El lema de la campaña de Nicola Sturgeon era aún más breve que la consigna conservadora: «Stop Brexit». No ha defendido un referéndum por la independencia, sino la permanencia. De hecho, los laboristas han fracasado en Escocia por no trasladar bien su mensaje sobre el Brexit.

Pamela Nash subraya en las páginas de The Scotsman cómo el voto a los nacionalistas escoceses era para detener el Brexit y frenar a los tories. «Los candidatos puede que hayan aludido al ‘derecho a decidir de los escoceses’ peor han evitado la palabra que empieza con i (de independencia)», escribe Nash, que considera que Sturgeon se extralimita al interpretar los votos al SNP como un mandato a favor de un referéndum.

La última encuesta de YouGov, conocida a principios de diciembre, sobre la independencia de Escocia mostraba que un 47% de los encuestados estaban en contra y el 46% a favor. En esas mismas fechas ya se registraba un ascenso de 11 escaños de los nacionalistas escoceses (SNP).

Los vínculos entre Escocia y el resto del Reino Unido son milenarios. El divorcio sería una amputación cultural e histórica», señala Francis Ghilès

Francis Ghilès, investigador en el Cidob, afirma que los nacionalistas han de darse cuenta, sobre todo tras la experiencia del Brexit, que una cosa es desear algo y otra hacerlo posible y afrontar sus consecuencias. «Londres aporta mucho dinero a Escocia. Si quieren dejar el Reino Unido, no van a encontrar esos fondos en la UE. Los nacionalistas han de ser hábiles negociadores», explica.

En caso de que hubiera acuerdo para que se celebrara, Ghilès considera fundamental que las condiciones para la consulta no fueran como en 2014 o el Brexit. No puede tomarse una decisión similar por mayoría simple. «Cuando son hechos tan trascendentes, el margen no puede ser tan estrecho. Al menos debería haber un 60% a favor de la decisión que se adopte. Y no pueden convocarse consultas cada cinco años», subraya el investigador.

Destaca Ghilès cómo los vínculos entre Escocia e Inglaterra «no son fáciles de destruir, se remontan mil años en la Historia». A juicio del experto, «los escoceses han tenido un papel comercial y militar fundamental en la construcción del imperio británico. También su aportación a la Ciencia ha sido extraordinaria. Un divorcio entre Escocia y el resto del Reino Unido sería una amputación cultural e histórica».

Escocia y Cataluña

Después de la sentencia del procés, la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, señaló que el sistema político español necesitaba «un cambio urgente». En un mensaje en su cuenta de Twitter, Sturgeon señaló que los políticos condenados habían sido encarcelados «por tratar de permitir que los catalanes elijan pacíficamente su propio futuro».

En Escocia vive Clara Ponsatí, quien fue consejera de Educación del gobierno catalán que encabezaba Carles Puigdemont, dejó España en 2017. Imparte clases en la universidad de St. Andrews desde marzo de 2018. En noviembre, la justicia escocesa dejó en libertad a Ponsatí, que se entregó voluntariamente a la policía después de reactivarse la euroorden por un presunto delito de sedición el 1-O, según informó Europa Press.

Su abogado Aamer Anwar, que ha argumentado que en España no hay garantías para un juicio justo, ha reclamado el testimonio del ex presidente del gobierno Mariano Rajoy y del jefe de gobierno en funciones, Pedro Sánchez.

Ponsatí figuraba en las listas al Parlamento Europeo y con la salida del Reino Unido, al aumentar el número de eurodiputados correspondientes a España, le corresponde un escaño en Estrasburgo. Es decir, su caso es como el del líder de Esquerra, Oriol Junqueras, pendiente de la decisión del Tribunal Europeo de Justicia sobre la inmunidad de los eurodiputados.

De este modo, la inminente salida del Reino Unido de la UE, que se haría efectiva el 31 de enero de 2020 tras la clara victoria de Boris Johnson, favorece el objetivo de los independentistas catalanes de internacionalizar el denominado «conflicto».

El peso de Leo Varadkar

El caso de Irlanda del Norte es igualmente espinoso para Boris Johnson. Cuando la mayoría heredada de May era exigua, dependía de los 10 votos de los unionistas norirlandeses, que rechazaban cualquier Acuerdo de Salida que impusiera condiciones distintas, aunque fueran temporales o bien como último recurso, a Irlanda del Norte.

Sin embargo, la salida de la UE de todo el Reino Unido implica que haya frontera o controles aduaneros entre las dos Irlandas, lo que contradice los Acuerdos de Viernes Santo, a los que se pudo llegar gracias en gran parte al vínculo con la Unión Europea.

Como Irlanda e Irlanda del Norte estaban en la UE la tentación de unificación de los católicos norirlandeses quedaba mitigada. Pero si el Reino Unido sale de la UE, un camino que ya parece despejado después de la holgada victoria de Boris Johnson, el Acuerdo de Salida implica controles.

El pacto también establece que si hay una mayoría favorable a la unificación con Irlanda pueda consultarse a la población si desea adherirse al país vecino, en lugar de seguir en el Reino Unido. De momento la fragmentación era casi a partes iguales.

Los resultados en Irlanda del Norte como un aviso para el navegante Johnson. Los unionistas norirlandeses han perdido dos escaños. Su número dos, el jefe del grupo parlamentario, Nigel Dodds, es uno de los derrotados. Ha perdido frente a un candidato del Sinn Fein, opción que también ha perdido votos.

Los ganadores en Irlanda del Norte han sido los nacionalistas moderados del SDLP y Alianza, no alineado. El presidente de Irlanda, Leo Varadkar, ha remarcado cómo ya no hay una mayoría nacionalista o unionista en Irlanda del Norte, lo que interpreta como «un movimiento tectónico» que debe alertar sobre la urgencia de restaurar la Asamblea, inactiva desde enero de 2017 por el bloqueo político.

El futuro para nosotros es la reconciliación, compartir el poder, la cooperación, entre el norte y el sur, entre Irlanda y Gran Bretaña. Es la filosofía del Acuerdo de Viernes Santo», dice Varadkar

«Lo que no ha cambiado es que el futuro para nosotros en Irlanda es la reconciliación, compartir el poder, la cooperación. Entre el norte y el sur, y también entre Irlanda y Gran Bretaña. Es la filosofía del Acuerdo de Viernes Santo», ha subrayado Leo Varadkar en la BBC.

Leo Varadkar ha felicitado a Boris Johnson por su victoria en una conversación telefónica. Los dos han acordado trabajar juntos para restaurar las instituciones del Acuerdo de Viernes Santo, con los que se alcanzó la paz en el Ulster el 10 de abril de 1998.

Con este Acuerdo concluyeron dos décadas de un conflicto armado sangriento y doloroso para toda Europa. Los llamados troubles se cobraron la vida de 3.500 personas y al menos 47.000 resultaron heridas. Enfrentaron a grupos paramilitares protestantes unionistas (probritánicos) y grupos católicos republicanos (como los terroristas del IRA, a favor de la reunificación de la isla de Irlanda).

La sintonía entre el primer ministro conservador británico, Boris Johnson, y el irlandés, Leo Varadkar, fue lo que dio el impulso final al Acuerdo de Salida cuando pareció estancado en la fase final.

Según Francis Ghilès, con el cambio generacional puede que se avance hacia la unificación con Irlanda. «Pero ahora hay mucha gente que no quiere, que tiene miedo, que prefiere seguir siendo parte del Reino Unido. Lo interesante es cómo el primer ministro irlandés ha establecido una relación muy inteligente con Boris Johnson. Ha entendido que gobernar es negociar. Varadkar es una suerte para Irlanda y para el Reino Unido».

El desafío: la Unión

Una vez derrotado el Partido del Brexit, desactivados los brexiters de su partido, y con un Acuerdo de Salida en vías de tramitación parlamentaria, Boris Johnson afronta un nuevo desafío: mantener unido a su país.

Ahora el desafío más grande para Johnson es Escocia… Tiene margen para ofrecerles dinero y más integración. Johnson intentará ganar tiempo», dice Feás

«Ahora el desafío más grande para Boris Johnson es Escocia. Tiene derecho a negarse a convocar un referéndum pero políticamente tiene un coste. Los nacionalistas escoceses pueden estar dispuestos a negociar con ventajas. Se ven fuertes, de modo que puede que quieran ser independientes. Pero Boris Johnson tiene margen para ofrecerles dinero, y más integración», afirma Enrique Feás, investigador del Real Instituto Elcano.

A juicio de Feás, Boris Johnson intentará ganar tiempo. «Les prometerá más dinero a cambio de posponer una posible convocatoria unos años. Boris Johnson es un gran vendedor de enciclopedias. Sabe cómo hacerlo».

Hay dos salidas para estas dos Cataluñas: la rupturista y la conciliadora. O bien asistimos al principio del fin del Reino Unido. En ese caso el Brexit habría sido letal para el Reino Unido. Saldrá de la Unión pero dejará de ser una Unión.

Pero también, si el pragmatismo se impone, es posible que Escocia e Irlanda del Norte finalmente ganen de alguna forma la partida del referéndum. Si fuerzan a que Boris Johnson trabe una relación futura con los lazos más estrechos con la UE, habrán evitado una salida sin acuerdo, y habrán condicionado a ese Reino Unido post Brexit a mantenerse lo más cerca posible de la casa europea.