Cuando quedan 17 días para que teóricamente se haga efectivo el Brexit, el 29 de marzo, la incertidumbre es la única certeza. La primera ministra británica, Theresa May, ha sufrido su segunda derrota en el Parlamento, que ha rechazado de nuevo el Acuerdo de Salida alcanzado con los Veintisiete. Han votado a favor 242 diputados y en contra 391. May ha perdido por 149 votos, pero mantiene su hoja de ruta. El miércoles se vota la salida sin acuerdo. May ha dado libertad de voto a los tories.

El resultado es devastador para May. Algo mejor que la primera vez, pero nefasto, porque deja poca esperanzas para que el Acuerdo tenga éxito. Si la derrota hubiera sido menor, May soñaba con volver a someterlo a votación.

Pero May continúa inmutable. El liberal demócrata Vincent Cable ha señado que nadie antes en la Historia ha cosechado dos derrotas seguidas sin cambiar el curso.

Tras conocer el resultado, May ha recordado la hoja de ruta marcada: el miércoles el voto sobre la salida sin acuerdo, que en teoría sería rechazada, y después el jueves otra votación sobre la ampliación del artículo 50, es decir, una prórroga. «Si salimos sin acuerdo, asumiremos esta política. Si hay prórroga, la Unión Europea quiere saber para qué queremos más tiempo «, ha dicho May.

Al líder laborista, Jeremy Corbyn, le sobró tiempo para pedir que se convoquen nuevas elecciones, y ha vuelto a aludir a su plan alternativo, también rechazado. Ni una palabra esta vez sobre el segundo referéndum.

En las inmediaciones de Westminster, a la espera del llamado meaningful vote, se han concentrado defensores y detractores del Brexit, una cuestión que lleva centrando los debates en el Reino Unido desde que los británicos votaron a favor de dejar la UE el 23 de junio de 2016 por un escaso margen (51,9% frente a 48,1%). En la primera votación sobre el Acuerdo de Salida, 432 rechazaron el texto y 202 lo hicieron a favor, una diferencia de 230 votos. La peor derrota jamás vista en Westminster.

Con una severa ronquera y agotada, May ha realizado su llamamiento final, marcado por el dramatismo: “O salimos con este Acuerdo, o bien salimos sin acuerdo o no habrá Brexit”. Ha repetido como un mantra: “Nos arriesgamos a que no haya Brexit… El peligro es que perdamos el Brexit”.

Además de todas las ventajas que supone la salida de la UE, en palabras de May, “el Acuerdo envía un mensaje al mundo sobre qué tipo de país es el Reino Unido, un país que rinde honor a su compromiso con su pueblo”.

Sobre la salvaguarda o backstop, ha destacado que ahora hay un mecanismo común de arbitraje, lo que supone, a su juicio, un avance. También ha insistido en que se puede suspender el backstop unilateralmente, si hay presunción de mala fe por parte de la UE, lo que ha destacado como un avance, logrado en Estrasburgo apenas horas antes de la votación en Westminster. Ha señalado que “la relación futura mejorará los acuerdos que se han alcanzado”.

Sobre un nuevo referéndum, May ha sido tajante. «Ya hubo un referéndum y ya tenemos un acuerdo que permite aplicarlo. La política es el arte del pragmatismo. Y hay que saber que lo bueno es enemigo de lo mejor».

Si pedimos más tiempo sin un acuerdo, quedamos expuestos a la voluntad de la UE», dice May

May ha sido muy clara sobre las consecuencias, a las que se expone el Reino Unido si el Brexit se da sin acuerdo, o bien si hay una prórroga sin un plan. «Sin acuerdo el daño económico a corto plazo será grande. Y nos arriesgamos a que Escocia busque su camino. Si pedimos más tiempo sin un acuerdo, quedamos expuestos a la voluntad de la UE, o bien a un nuevo referéndum». A su juicio, «lo que pase será responsabilidad de los miembros del Parlamento, no de la Unión Europea».

Ha instado a los parlamentarios a que hagan política y pongan en práctica el mandato de los británicos para orquestar una salida ordenada de la UE.

“Es el momento de que nos unamos y respaldemos este acuerdo, porque fuimos elegidos para poner en práctica lo que decide el pueblo», ha sentenciado.

Al menos una decena de diputados tories que votaron en contra el 15 de enero ahora se han inclinado a favor, en general, para evitar males mayores. Entre ellos están Robert Halfon, Mark Pritchard and Robert Syms.

Antes de conocerse el resultado de la votación, el negociador de la Unión Europea, Michel Barnier, ha lanzado una llamativa advertencia: «Si no hay Acuerdo de Salida, no habrá periodo de transición. No se hagan peligrosas ilusiones».

El vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, también ha señalado que en caso de rechazo, se hace más probable el acuerdo a las bravas. «Agárrense con fuerza al volante, miren adelante y átense bien el cinturón».

Es un mensaje que no asustará a Boris Johnson, ex ministro de Exteriores, que ha asegurado que «la única vía segura para que haya Brexit es que el Reino Unido salga sin acuerdo». Pero sí puede intimidar a otros.

En su réplica, el líder laborista, Jeremy Corbyn, ha remarcado que la primera ministra ha estado dilatando intencionadamente la decisión final y que no ha cambiado nada en la sustancia del Acuerdo. «Su Acuerdo no ofrece seguridad a los británicos», ha señalado Corbyn.

Era un mal acuerdo cuando se negoció, seguía siendo malo en enero y ahora es un mal acuerdo», dice Corbyn

El líder laborista ha remarcado que no es el único acuerdo posible. Ha insistido en que la declaración del fiscal general señala: «El riesgo legal permanece inalterable». Corbyn ha sido muy duro: «Era un mal acuerdo cuando se gestó en diciembre, era un mal acuerdo cuando se votó en enero y ahora sigue siendo un mal acuerdo que perjudica a los trabajadores. Estamos en contra».

Recientemente, Corbyn ha admitido que estaría dispuesto a apoyar la celebración de un segundo referéndum, en caso de que el Acuerdo de May no saliera adelante. Su cambio de posición obedece a la presión del Grupo Independiente, una escisión de los laboristas, que ya cuentan con un 18% de apoyos en los sondeos.

In extremis May había logrado en la madrugada del martes garantías legales que se añaden al Acuerdo con el fin de garantizar a los parlamentarios que la Unión Europea no tienen interés en mantener la salvaguarda o backstop.

El objetivo de la salvaguarda es evitar una frontera dura entre Irlanda e Irlanda del Norte, y la Unión Europea subraya que hará todo lo posible por buscar fórmulas tecnológicas que eviten aplicar la salvaguarda.

El Reino Unido se mantendrá en la unión aduanera durante la transición, hasta diciembre de 2020, que será cuando ha de haberse negociado cómo es la relación futura. Si no se llega a un acuerdo, se aplicaría esa garantía para evitar la frontera dura interirlandesa, que pone en peligro los Acuerdos de Viernes Santo. El Reino Unido seguiría en la unión aduanera y seguirían en vigor algunas regulaciones del mercado interior en Irlanda del Norte.

Mientras tanto, una escisión del IRA se ha atribuido el envío de cinco paquetes bomba en lo que supone un reflejo de una pesadilla que parecía de otro tiempo.

Los euroescépticos pretendían que hubiera un límite temporal a esa salvaguarda, o bien que quedara claro que el Reino Unido puede deslindarse unilateralmente, lo que queda constancia en una declaración unilateral.

El primer ministro, Leo Varadkar, ha sido uno de los defensores del Acuerdo. Sin embargo, la líder escocesa, Nicola Sturgeon, defensora de seguir en la Unión Europea, ha vuelto a exponer sus reticencias y ha pedido a los suyos rechazarlo.

Cuestión política,  no legal

Fiel a su independencia, el fiscal general, Geoffrey Cox, ha emitido su dictamen sobre los avances realizados. En resumen, Cox señala que se han limitado los riesgos legales, pero “no se han eliminado”.

En su intervención en el Parlamento, Cox ha dejado claro que “el riesgo de verse atrapado por la legalidad es altamente improbable” y que ha llegado la hora de tomar una “decisión política”.

Incluso Cox ha llegado a decir que esta salvaguarda es “un poderoso argumento” del Reino Unido en las negociaciones sobre la relación futura “porque la UE no quiere que el Reino Unido permanezca tanto o más como el Reino Unido no quiere mantener ese estatus”.

A pesar de la excelente defensa de las garantías obtenidas por el fiscal general Cox, los euroescépticos más extremistas no se han quedado contentos con las explicaciones pues exigían más garantías jurídicas. Una de sus figuras destacadas del European Research Group, el núcleo duro de los brexiters, ha anticipado que votarán en contra.

Tampoco ha convencido a los unionistas de Irlanda del Norte que temen quedarse ligados a la Unión Europea, y separados del Reino Unido. La líder del DUP, Arlene Foster, ha hecho público que no apoyaría el Acuerdo porque “no hay suficientes progresos”. .

“No habrá una tercera oportunidad”, ha advertido el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Con sentido del humor, en la mañana del martes declaraba que había dormido poco por culpa de  May. Por la ronquera de May es evidente que la primera ministra tampoco ha pegado ojo.

«Lo que ha conseguido May es lo que la Unión Europea lleva meses ofreciendo: una aclaración del texto del Acuerdo de Salida pero sin reabrir ese acuerdo. En lo sustancial, lo conseguido no cambia mucho», afirma Carlos Campillos, miembro de Con Copia a Europa.

El 15 de enero el Parlamento rechazó por 230 votos el Acuerdo que según la primera ministra británica y los Veintisiete es el único posible para salir de forma ordenada de la Unión Europea. Fue la peor derrota jamás sufrida por un jefe del Gobierno en Westminster. Corbyn planteó una moción de censura, pero May aguantó el envite.

May entonces retomó el aliento y se dispuso a seguir negociando para lograr el visto bueno al Acuerdo que considera único posible. Ha apurado el tiempo al máximo para la votación, y ha dispuesto que el miércoles haya una votación sobre la posibilidad de una salida sin acuerdo y a continuación sobre una prórroga. La mayoría del Parlamento rechaza una salida sin acuerdo, que defienden un centenar de brexiters.

“Los Estados miembros, que son quienes tienen que aceptar una hipotética petición del gobierno británico para extender la aplicación del Artículo 50 y, por tanto, retrasar la salida del Reino Unido de la UE, ya han dicho que no se oponen en general a una prórroga, pero sólo si es porque hay alguna solución a la vista para que el Acuerdo de Salida se apruebe o que haya un nuevo referéndum de salida”, explica Carlos Campillos, experto en Relaciones Internacionales.

Señala que «lo más probable es que haya una prórroga, no más allá del 23 de mayo, para evitar que el Reino Unido tenga que celebrar elecciones europeas”. El nuevo Parlamento se elige entre el 23 y el 26 de mayo y está previsto que no haya diputados británicos.

Si bien aclara Campillos que “las probabilidades sobre el Brexit cambian cada día, con cada pequeña decisión de cada uno de los diferentes actores. En términos reales, estamos igual de cerca de una salida acordada como de una ruptura sin acuerdo. Y quedan sólo 17 días para despejar la incógnita”.

Sea como sea, lo único que parece probable es que la salida tendrá que ser más tarde del 29 de marzo. Si no se sabe cómo salir, se necesita tiempo. Si hay que consultar a los ciudadanos, bien en referéndum o elecciones, también. A su vez, el tiempo de May parece llegar a su fin, aunque ha probado que es una superviviente a prueba de pronósticos.