“Yo amo Europa. No somos el partido anti europeo… Pero vamos a hacer realidad el Brexit el 31 de octubre. No buscamos ni queremos salir sin acuerdo… Vamos a cumplir con el Brexit”. El primer ministro británico, Boris Johnson, ha dado a conocer sus propuestas “para un nuevo protocolo sobre Irlanda e Irlanda del Norte”.

Ha planteado una posible alternativa a la salida sin acuerdo. Boris Johnson rechaza pedir una prórroga, pero el Parlamento británico ha aprobado que lo haga si en la cumbre del 17 y 18 de octubre no haya fumata blanca. Boris Johnson se ha planteado como objetivo primordial abolir la llamada salvaguarda (backstop) del acuerdo que alcanzó Theresa May con la UE.

La salvaguarda es el régimen de unión aduanera y alineamiento regulatorio con la UE aplicable a Irlanda del Norte, que resulta imprescindible para evitar la frontera física en Irlanda y cumplir con los Acuerdos de Viernes Santo.

Para los brexiters resulta inaceptable porque, a su juicio, obliga al Reino Unido a adoptar la unión aduanera y a Irlanda del Norte a tener un régimen comercial distinto al de Gran Bretaña. Si la salvaguarda se aplica solo para Irlanda del Norte, como defiende la UE, se evitaría la frontera entre las dos Irlandas, pero sí se necesitarían controles con el resto de Gran Bretaña, a lo que se oponen los unionistas norirlandeses, aliados de los conservadores británicos.

Las claves del plan de Boris Johnson son las siguientes:

  • Irlanda del Norte conservaría las regulaciones del mercado único europeo en bienes, incluidos los agroalimentarios. Es decir, toda Irlanda compartiría la misma regulación a la hora de comerciar con estos bienes, con lo que se elimina la necesidad de controles. Es importante porque resulta básico que haya alineamiento regulatorio en cuestiones fitosanitarias. No se alude a personas, capitales y servicios, que en el mercado único también gozan de libre circulación.
  • Esta zona regulatoria común ha de ser aprobada por la Asamblea Parlamentaria de Irlanda del Norte. Entraría en vigor al finalizar el periodo de transición, en enero de 2021, y se revisaría cada cuatro años. En caso de rechazarse, se dejaría de aplicar. Es decir, unilateralmente Irlanda del Norte puede dejar de aplicar la salvaguarda. Si la salvaguarda es temporal, deja de serlo. Es un oxímoron.
  • Cuando acabe el periodo de transición, Irlanda del Norte al igual que Gran Bretaña dejarán de pertenecer a la unión aduanera europea. Formarían una zona aduanera común. Si el Reino Unido sale de la unión aduanera, son obligatorios los controles fronterizos. Pero el plan de Johnson mantiene en teoría que no habrá frontera entre las dos Irlandas. Solo habrá controles físicos “en pequeña proporción según una evaluación de riesgos”. Es un artículo de fe, en suma.
  • El gobierno británico anuncia un plan de ayudas a Irlanda del Norte para impulsar su crecimiento económico.

“Para evitar la frontera hay que cumplir cuatro requisitos: alineamiento regulatorio en productos agrícolas, lo que es fundamental por los controles sanitarios, también en productos industriales, así como la misma regulación arancelaria y sobre el IVA. No se pueden aceptar dos (alineamiento regulatorio de bienes, incluidos los agroalimentarios, y productos manufacturados) y descartar dos (aranceles e IVA) por razones políticas”, afirma Enrique Feás, investigador senior en el Real Instituto Elcano de Madrid.

En un comunicado, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, reconoce “avances positivos” en la propuesta de Boris Johnson, “sobre todo, el alineamiento regulatorio para todos los bienes y el control de los bienes que entrene en Irlanda del Norte desde Gran Bretaña”. Es decir, es una buena señal que se acepte la frontera en el mar de Irlanda y que Irlanda de Norte se mantenga en el mercado único en lo relativo a bienes de todo tipo.

Sin embargo, también señala que hay “puntos problemáticos”. A juicio de Enrique Feás, estos escollos, insalvables si no hay movimientos sustanciales en la posición británica, serían que el Reino Unido, incluida Irlanda del Norte, defienda su salida de la unión aduanera y de la zona IVA.

No da soluciones sobre aranceles ni sobre el IVA. Viene a decir: ya lo arreglaremos… Se empeñan en salir de la unión aduanera. Es una invitación al fraude», afirma Enrique Feás

“No da soluciones. Viene a decir: ya lo arreglaremos. Obvia que Gibraltar, por ejemplo, no está en la unión aduanera, ni Canarias en la zona IVA, por ejemplo. No sería el primer caso”, añade el experto en Brexit.

“Se empeñan en salir de la unión aduanera. Es una invitación al fraude. Si tienes tu propio IVA fuera del sistema europeo, y tu propia zona arancelaria, están alentando el fraude”, explica Feás.

Puntos problemáticos

En conclusión, ha despertado esperanza el hecho de que se haya planteado que la salvaguarda se aplique en Irlanda del Norte, y no en todo el territorio del Reino Unido como propuso Theresa May. También ha sido un logro que el DUP (unionistas norirlandeses) acepten que haya controles en el mar de Irlanda. En realidad, el mar es una frontera natural que no se nota.

Sin embargo, los puntos oscuros son muy importantes. Crea gran incertidumbre que sea una Asamblea Parlamentaria la que ratifique que se mantenga o no el mercado único para bienes cada cuatro años. Y no es aceptable que se decida unilateralmente. Una salvaguarda temporal deja de ser una salvaguarda. O hay alineamiento regulatorio o no lo hay. A su vez, difícilmente la UE aceptará un sistema (desequilibrio arancelario y de IVA) que induce al fraude.

De hecho, como expone en su titular de portada de este jueves The Independent, la solución de Boris Johnson para evitar una frontera abierta son dos fronteras (¿virtuales?) entre Irlanda y el Reino Unido y entre las dos Irlandas.

Para los unionistas norirlandeses la propuesta de Boris Johnson es aceptable. Sin embargo, el resto de líderes políticos del Ulster y los empresarios consideran un «desastre» lo que ha puesto Boris Johnson sobre la mesa, según informa The Guardian.

A su juicio, será perjudicial para la economía norirlandesa y pone en peligro los Acuerdos de Viernes Santo. «Es un juego de cara a la galería», según Michelle ONeill, líder del Sinn Féin en el Ulster. Otro problema añadido es que la Asamblea Parlamentaria lleva casi mil días sin actividad.

El primer ministro irlandés, Leo Varadkar, ha declarado que el plan «no cumple con los objetivos sobre la salvaguarda», si bien se ha mostrado dispuesto a seguir hablando. Boris Johnson ha telefoneado a Varadkar en la tarde del miércoles.

Más dura ha sido la líder del Partido Nacional Escocés, Nicola Sturgeon, quien ha apuntado en su cuenta de Twitter que es «un plan destinado al fracaso». Según escribe Sturgeon, «estas propuestas nos llevan fuera de la UE, del mercado común y de la unión aduanera, contra nuestra voluntad. Es inaceptable».

Si esta es la forma en que Boris Johnson pretende que la UE ceda, es prácticamente imposible que haya acuerdo en la cumbre del 17 y 18 de octubre, a no ser que sea un punto de partida para negociar. Si son líneas rojas, habrá choque de trenes, primero con Bruselas.

Y, más importante, entre las instituciones británicas. El Parlamento ya ha aprobado que se solicite la prórroga si no hay acuerdo para salir el 31 de octubre, a lo que se niega en redondo Boris Johnson. El 14 de octubre la Reina leerá ante las Cámaras el discurso elaborado por el Gobierno para este nuevo periodo de sesiones. La prensa británica apunta a que después Boris Johnson intentará volver a cerrar temporalmente el Parlamento. Después de la cumbre europea, deberían votar sobre lo negocaido en Bruselas, si hubiera algún tipo de acuerdo.

En octubre el serial del Brexit llegará al clímax.